Una táctica del diablo es la de decirle al creyente que puede acercarse al pecado sin caer en él. Le insistirá al creyente que puede acercarse a gente con vidas pecaminosas o que puede estar en lugares donde se cometen actos de pecado, sin que le suceda nada. Le dirá que puede estar conviviendo con los borrachos sin emborracharse, que puede tener compañía con la gente inmoral sin participar de sus inmoralidades. Dirá que puede acercarse a la puerta de la prostituta siempre y cuando no suba a su cama, que puede mirar la belleza de Jezabel, pero no cometer pecado con ella, que puede poner sus manos en el lingote de oro de Acán siempre y cuando no lo robe. En otras palabras, que uno puede acercarse al pecado sin ser afectado por ello. No obstante, con frecuencia sucede que el acercarse al pecado conduce de inmediato a pecar.

La Biblia advierte a los creyentes respecto a los lugares y las personas que les animan a pecar (1 Tes. 5:22; Prov. 4:14–15). Hay que evitar todo aquello que no es bueno, saludable y santo. No hagas nada que parezca malo o que tenga apariencia de pecado. Si uno no quiere ser quemado, deberá apartarse del fuego y si uno no quiere pecar, deberá alejarse de cualquier cosa que le conduciría a pecar; si no lo hace, no podrá tener victoria sobre el pecado. La Biblia nos habla de que aquellos que fueron victoriosos sobre el pecado se alejaron de todo lo que les podía conducir a pecar. El diablo considera como media victoria, y como casi una conquista, el hecho de que uno no se aparte de aquello que le puede conducir a pecar. Si usted quiere gozar de las bendiciones de Dios, usted tiene que alejarse de todo aquello que le conduce a pecar.

El hecho de evitar la apariencia del pecado es una evidencia de la gracia de Dios que le eleva a uno por encima de los hombres que pertenecen al mundo. De esta manera Abraham vivió una vida piadosa en medio de un pueblo inmundo. Daniel permaneció fiel en un país donde se adoraba a dioses falsos. Timoteo vivió una vida controlada por el Espíritu de Dios en medio de un pueblo pagano en Éfeso. Los creyentes no deben escuchar al diablo cuando éste les dice que pueden acercarse al pecado sin pecar. La enseñanza de la Biblia es clara: apártese de cualquier cosa que le conduzca a pecar.

Otra artimaña usada por Satanás para conducir a los creyentes al pecado es decirles que los no arrepentidos gozan de una vida placentera y sin problemas. “Mira esas gentes como siguen pecando y están felices, llenas de buenas cosas y no tienen preocupaciones, únete a ellos y te vas a divertir.” Dios es bondadoso y bendice en esta vida incluso a los mismos que están destinados a la condenación. La manera en que Dios trata con una persona en esta vida no siempre indica lo que Dios piensa acerca de esa persona. En la misma manera Dios a veces envía cosas difíciles a las personas que son objeto de su amor. El sol brilla sobre los espinos y sobre los árboles frutales. Tanto los buenos como los malos gozan de buena salud, reciben riqueza y abundancia; asimismo, sufren indistintamente pérdidas y enfermedades.

  1. El primer remedio contra esta táctica es acordarnos de que Dios está en contra de los que usan sus bendiciones como un pretexto para pecar. El enojo de Dios es muy fuerte contra los que abusan de su bondad de esta manera. Los creyentes nunca deben pensar que la ternura de Dios les da libertad para pecar; por el contrario, su benignidad debería conducirles al arrepentimiento.
  2. Segundo, no hay miseria más grande en esta vida que la ausencia de la corrección y la disciplina de Dios. Si Dios nunca les ha enviado problemas, si sus vidas siempre han sido fáciles, entonces están en el peor estado posible. Cuando Dios no se preocupa por corregir y probar a una persona, esa persona está perdida. Los incrédulos pueden sentirse felices porque Dios no les corrige; pero su sentimiento de seguridad es falso. La prosperidad ha sido una piedra en la cual han tropezado millones; tropezaron, cayeron y fracturaron la cerviz de su alma para siempre.
  3. Tercero, es cierto que los pecadores gozan de buenas cosas en esta vida, pero sus “bendiciones” son nada comparado con lo que no tienen. Los pecadores pueden gozar de dinero, poder, amigos, salud, felicidad; pero no conocen a Dios, ni a Cristo, ni al Espíritu de Dios. No tienen la paz con Dios, ni el perdón de sus pecados. No son hijos de Dios y no son libres del poder dominante del pecado. No son objeto de la gracia de Dios y tampoco tienen la esperanza de ir nunca al cielo. ¿De qué sirven todas las bendiciones temporales de esta vida si uno no tiene el amor de Dios, el perdón de sus pecados, la presencia de Cristo y la esperanza de gloria?
  4. Cuarto, las cosas buenas de esta vida no son siempre lo que aparentan ser. Las cosas “buenas” siempre están mezcladas con cosas malas. El poder y el dinero traen temores, preocupaciones y no tan solo la felicidad. El Salmo 92:7 dice que los impíos brotan como la hierba, que florecen los que hacen la iniquidad, pero que serán destruidos eternamente. Frecuentemente Dios castigará con juicios espirituales a las mismas personas que sufren menos castigo en esta vida. Por juicios espirituales quiero decir que no están dispuestos a arrepentirse, que no se preocupan por sus almas, que sus conciencias están cauterizadas, sus corazones endurecidos, están ciegos en cuanto a la verdad acerca de Dios. Juicios semejantes a estos son peores que todos los sufrimientos y tristezas de esta vida terrenal.
  5. Quinto, algún día los hombres darán cuenta de todas las bendiciones que recibieron durante su vida terrenal. Porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará.” (Luc. 12:48) ¿Qué dirán estas personas por tantas bendiciones que Dios les había otorgado? Dios es paciente ahora, pero su paciencia y su bondad deberían guiarnos al arrepentimiento, de otro modo, su bondad se convierte en un motivo de mayor juicio.[1]

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Acerca del autor,

watson1Tomás Brooks (1608-1680), fue de los mas conocidos puritanos ingleses. Educado en Cambridge bajo la tutela de otros conocidos teólogos puritanos como Thomas Hooker, John Cotton y Thomas Shepard. En su época fue mas conocido como predicador que como teólogo, tanto así que fue llamado a predicar al Parlamento ingles en 1648. C.H. Spurgeon escribió de el, “Brooks puede remover estrellas con ambas manos, a través de una vista de halcón en fe e imaginación”. Entre sus obras mas conocidos tenemos; “Remedios Preciosos contra las Artimañas del Diablo”, “La llave secreta al cielo”. ‘El cielo en la tierra: Un tratado sobre la seguridad cristiana”, entre otros. Su tratado “Remedios Preciosos” es uno de los mejores libros jamas escritos sobre la naturaleza del pecado, la tentación y el arrepentimiento.

[1] Tomás Brooks, Remedios preciosos: contra las artimañas del diablo, trans. Omar Ibáñez Negrete y Thomas R. Montgomery (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2001), 20–22.