¿Cómo puede alguien estar seguro de que es un hijo de Dios? Los versículos que estamos considerando (Rom. 8:14–17) nos dan una respuesta a esta pregunta.

  1. Todos los hijos de Dios son guiados por su Espíritu, “porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios”. (Romanos 8:14) El Espíritu Santo está guiando y enseñando a todos los hijos de Dios. Les guía a apartarse del pecado, del mundo y de la justicia propia. Les conduce a Cristo, a la Biblia, a la oración y a la santidad. Desde el principio hasta el final les está guiando. Es el Espíritu Santo quien les guía al Sinaí y les convence de su culpabilidad ante la ley de Dios, y es el mismo Espíritu Santo quien les guía al calvario y les enseña a Cristo muriendo por sus pecados. Es el Espíritu Santo quien les muestra su incapacidad y también les muestra algo de la gloria venidera.
  2. Todos los hijos de Dios tienen el sentimiento de ser adoptados como hijos por su Padre celestial. “Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor; mas habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos, Abba, Padre.” (Romanos 8:15) Por naturaleza todos son culpables y condenados, y tienen un temor de Dios que es como un tipo de esclavitud. Pero cuando llegan a ser hijos de Dios, esto cambia. En vez de temor, tienen paz con Dios y confianza hacia El como su Padre celestial. Saben que el Señor Jesucristo es su pacificador para con Dios. Saben que pueden acercarse El confiadamente y hablarle como su Padre. El espíritu de esclavitud y temor es cambiado por un espíritu de libertad y amor. Están todavía conscientes de ser pecadores, pero saben que no tienen que temer pues están revestidos con la justicia de Cristo. Admito que algunos creyentes experimentan estos sentimientos más que otros. Algunos todavía experimentan temporalmente sus viejos temores que les inquietan. Pero, pocos de los hijos de Dios nos podrían decir que sus sentimientos no sean muy distintos de los que antes tenían.
  3. Todos los hijos de Dios tienen el testimonio del Espíritu de Dios en sus conciencias. “Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:16) Los hijos de Dios tienen algo en su corazón lo cual les dice que hay una relación entre ellos y Dios. Existe mucha variación en el grado en que cada uno posee esto. Con algunos es un testimonio claro y fuerte de que pertenecen a Cristo y Cristo a ellos. Con otros es como un suspiro débil y parpadeante, el cual el diablo y la carne a menudo no les permiten oír. Algunos de los hijos de Dios disfrutan de mucha certidumbre, mientras que para otros les resulta difícil creer que tienen la fe verdadera. Pero ningún creyente verdadero, ni aún aquellos que son acosados con dudas y temores acerca de ello, estarían de acuerdo en renunciar a esta esperanza, ni cambiarla por la vida fácil de un hombre descuidado y mundano.
  4. Todos los hijos de Dios participan de los sufrimientos de Cristo. “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Romanos 8:17) Todos los hijos de Dios experimentan pruebas y tribulaciones por causa de Cristo. Experimentan pruebas provenientes del mundo, de la carne y del diablo. Frecuentemente ellos son malentendidos y maltratados por amigos y parientes. Tienen que sufrir las calumnias y las burlas. Pueden sufrir por colocar a Cristo por encima de sus intereses terrenales. También conocen las pruebas que surgen de sus propios corazones pecaminosos. Hay muchos y distintos grados de sufrimiento, algunos sufren más que otros. Algunos sufren en una forma y otros en otra. Pero no creo que ningún hijo de Dios haya llegado jamás al cielo, sin haber sufrido del todo.

Conclusion. 

El sufrimiento es una parte de la experiencia de toda la familia de Dios. “Porque el Señor al que ama castiga… Mas si estáis fuera del castigo, del cual todos han sido hechos participantes, luego sois bastardos, y no hijos.” (Hebreos 12:6–8) El sufrimiento es una parte del proceso divino de hacernos santos. Sus hijos son disciplinados para apartarlos del mundo y para hacerles participantes de la santidad. Esta es una de las marcas que identifica a los discípulos verdaderos. Cristo mismo fue crucificado y sus discípulos también tienen que llevar la cruz.

Le advierto entonces del peligro de creer que usted es un hijo de Dios si no tiene las marcas espirituales de un hijo. No es suficiente que usted haya sido bautizado y sea miembro de una Iglesia cristiana. Las marcas que identifican a los hijos son destacadas en Romanos 8; y usted no tiene motivo para suponer que es hijo de Dios a menos que posea estas evidencias.[1]

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Acerca del autor:

ryle1bJohn C. Ryle (1816-1900), teólogo y pastor anglicano, nació en una familia acomodada ingles. Fue educado en la Universidad de Oxford, donde recibió su bachiller en humanidades, y posteriormente una Maestría y Doctorado. Escribió numerosas obras en ingles, muchas de las cuales han sido traducida al español. Entre sus obras mas importantes tenemos; “Lideres Cristianos del Siglo Dieciocho”, “Pensamientos Expositivos en los Evangelios: (4 volumenes)”, “La Santidad: Su naturaleza, obstáculos, dificultades y raíces”, entre otros.

 

 

[1] J. C. Ryle, Caminando con Dios: Un tratado sobre las implicaciones prácticas del cristianismo, trans. Omar Ibáñez Negrete y Thomas R. Montgomery (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2002), 96–98.