Tres características de una Iglesia Verdadera.

Los cristianos hablan a menudo acerca de “Las características de la iglesia.” En su primer libro publicado, “Hombres con un mensaje,” John Stott resumió la enseñanza de Cristo a las iglesias en el libro del Apocalipsis de la siguiente manera: “Estas son las características de la iglesia ideal: amor, sufrimiento, santidad, doctrina sana, autenticidad, evangelismo y humildad. Estas son las características que Cristo desea encontrar en sus iglesias mientras Él camina entre ellas.”[1]

Los cristianos han hablado por mucho tiempo de las “características de la iglesia.” En este tema, como en mucho del pensamiento de la iglesia, desde las definiciones tempranas de la iglesia y la Trinidad, hasta las reflexiones de Jonathan Edwards sobre el trabajo del Espíritu Santo, la cuestión de cómo distinguir lo verdadero de lo falso, ha llevado a una definición más clara de la verdad.

La Iglesia Católica Romana.

El tema de la iglesia no llegó a ser un centro de debate teológico formal y difundido, sino hasta la Reforma. Antes del siglo XVI, la iglesia era más asumida que discutida. Se le consideraba como un medio de gracia, una realidad que era dada como base de la teología. En la teología católico-romana, la frase “El misterio de la iglesia” es la expresión más típica para referirse al significado profundo de la realidad de la iglesia, la cual nunca puede ser totalmente explorada. Prácticamente, la iglesia de Roma ligaba su reclamo de ser la única iglesia verdadera y visible, a la sucesión de Pedro como el obispo de Roma.

La Reforma Protestante.

Con la llegada de la crítica radical de Martín Lutero y otros en el siglo XVI, la discusión de la naturaleza de la iglesia llegó a ser inevitable. Como un erudito explica, “La reforma definió al Evangelio, no la organización eclesiástica. Se descubrió que la prueba de la verdadera iglesia es el Evangelio.”[2] Calvino cuestionó las declaraciones de Roma de ser la iglesia verdadera a través de la sucesión apostólica, al decir “Especialmente en la organización de la iglesia, nada es más absurdo que afirmar la sucesión de personas y excluir la enseñanza misma.”[3] Por lo tanto, desde ese tiempo, las “Características” de la iglesia verdadera han sido un tema que es necesario discutir.

En 1530, Melanchthon redactó la Confesión de Augsburgo, la cual en el artículo 7 declara que “La iglesia es una congregación de los santos, en la que el Evangelio es adecuadamente enseñado y las ordenanzas son adecuadamente administradas. Y esa unidad verdadera de la iglesia, es suficiente para tener unidad en la creencia referente a la enseñanza del Evangelio y la administración de las ordenanzas.”[4] En sus Loci Communes (1543), Melanchton repitió la idea: “Las características que definen a la iglesia son: el Evangelio puro y el uso apropiado de las ordenanzas.”[5] Desde la Reforma, los protestantes han visto estas dos características, la predicación del Evangelio y la administración apropiada de las ordenanzas, como las que delinean la verdadera iglesia en contra de las iglesias impostoras.

En 1553, Thomas Cranmer produjo los 42 artículos de la iglesia de Inglaterra. A pesar de no ser promulgados oficialmente sino hasta finales del siglo como parte de un acuerdo elizabetano, ellos muestran el pensamiento del gran reformador inglés en lo que respecta a la iglesia. El artículo 19 dice (Como lo hacen los otros 39 artículos): “La iglesia visible de Cristo es una congregación de hombres fieles, a la cual la Palabra de Dios se predica y los sacramentos son debidamente administrados, de acuerdo a la ordenanza de Cristo en todas aquellas personas que son parte de la misma.”[6] En el libro “Institutos de la Religión Cristiana” de Juan Calvino, el tema de la distinción de la iglesia falsa de la iglesia verdadera se trató en libro IV, en el Capítulo I, Sección 9. Calvino escribió, “En cualquier lugar donde veamos la Palabra de Dios predicada y escuchada con pureza y las ordenanzas administradas de acuerdo a las indicaciones de Cristo, ahí, no debe haber duda de que una iglesia de Dios existe.”[7]

Una tercera característica de la iglesia, la disciplina justa, ha sido a menudo agregada desde entonces, a pesar de que es ampliamente reconocido que está implícita en la segunda parte, esto es, las ordenanzas.[8] La Confesión de Bélgica (1561), Artículo 29 dice: “Las características por las cuales la iglesia verdadera es conocida, son las siguientes: si la doctrina pura del Evangelio es predicada ahí, si mantiene la administración pura de las ordenanzas como fueron instituidas por Cristo; y si la disciplina de la iglesia se ejercita para castigar el pecado. En resumen, si todas las cosas son manejadas de acuerdo a la Palabra de Dios, si todas las cosas contrarias a ella son rechazadas, y si Jesucristo es reconocido como la única Cabeza de la Iglesia.”[9]

Conclusión.

Edmund Clowney ha resumido estas características a tres, “La predicación fiel de la Palabra; la observancia apropiada de las ordenanzas; y el ejercicio ferviente de la disciplina de la iglesia.”[10] Podemos ver que estas dos características, la proclamación del Evangelio y la observancia de las ordenanzas, son tanto para la creación como para la preservación de la iglesia. La iglesia es la fuente de la verdad de Dios y el vaso amoroso para contenerla y mostrarla. La iglesia es creada a través de la predicación adecuada de la Palabra y la iglesia verdadera es distinguida por la administración correcta del bautismo y la Cena del Señor. (Se asume en esta última señal que la disciplina de la iglesia se está practicando).[11]

Entonces, ¿Cómo podemos distinguir una Iglesia Verdadera de una Iglesia Falsa? Una Iglesia Verdadera es aquella donde la Palabra de Dios es Predicada fielmente, se observan las ordenanzas apropiadamente, y se ejerce la disciplina bíblica correctamente. Una Iglesia Falsa es aquella que no cumple con estas normas, es decir, La Palabra no se predica o se predica muy mal con una teología no ortodoxa, el bautismo junto con la santa cena no se practican de acuerdo a las Escrituras, y se tolera el pecado entre sus lideres. Estas van de la mano, usualmente si hay mala predicación, hay mal practica de bautismo y evangelismo, y hay una tolerancia para con el pecado de los lideres. Estas son las marcas de una Iglesia que ha dejado de ser Iglesia, y se ha convertido en un club social. [12]

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Acerca del autor:

dever-e1412519712332Mark Dever (1960-). Realizo estudios en  Duke University (BA), Gordon-Conwell Theological Seminary (MDiv.), Southern Baptist Theological Seminary (MTh), y Cambridge University (PhD). Dever, es el pastor principal de “Capitol Hill Baptist Church” in Washington, D.C. (US), y presidente del ministerio “9 Marcas”, ministerio que tiene como proposito ayudar a fundar iglesias bíblicas. Es miembro también de la “Alianza Evangélica de Iglesias Confesantes” (Alliance of Confessing Evangelical Churches). Entre sus obras principales (en ingles), se cuentan: “Nueve Marcas de una Iglesias Saludable” (2004), “El Mensaje del Nuevo Testamento: Promesas Cumplidas” (2005), “El mensaje del Antiguo Testamento: Promesas Hechas” (2006), “Doce retos que la Iglesia afronta” (2008), “Es bueno: Exposición en la Expiación Substitutoria” (2010), entre muchos otros.

[1] John Stott, Hombres con un Mensaje (Longmans: London, 1954), 163–164. Reimpreso en Estados Unidos como “Una Introducción Básica al Nuevo Testamento (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1964).

[2] Edmund Clowney, La Iglesia (Downers Grove, Ill.: InterVarsity, 1995), 101.

[3] John Calvin, Institución de la Religión Cristiana, trans. F. L. Battles (Philadelphia: Westminster, 1977), IV.ii.3, 1045.

[4] Uno debe comparar esto con varios escritos de Lutero, acerca de los aspectos tomados para constituir una verdadera iglesia. Ver, por ejemplo, su “En contra de Hanswurst”, un tratado defendiendo la Reforma de los ataques de Henry, Duque de Braunschweg/Wolfenbuttel, en el cual Lutero establece lo que Lutero considera deben ser las diez características de las iglesias que son “Iglesias antiguas fieles a la verdad” Los Trabajos de Lutero (Philadelphia: Fortress, 1966), 41:194–198.

[5] Philip Melanchthon, Loci Communes, trans. J. A. O. Preus (St. Louis: Concordia, 1992), 137.

[6] Documentos de la Reforma Inglesa, ed. Gerald Bray (Cambridge, England: James Clarke, 1994), 296.

[7] Cf. Calvin, Institutos, IV.i.xii, 1025–1026.

[8] Para un ejemplo de un tratamiento moderno popular, ver D. Martyn Lloyd-Jones, La Iglesia y las Cosas Pasadas (Wheaton, Ill.: Crossway, 1998), 13–18.

[9] Ver A. C. Cochrane, ed., Confesiones Reformadas del Siglo Diecisés (Philadelphia: Westminster, 1966). También, El Confesor Escocés (1560), Article 18: “La verdadera predicación de la Palabra de Dios… la administración correcta de los sacramentos de Cristo Jesús… Administración de la disciplina eclesiástica” Ver James Bulloch, trans., La Confesión Scout de 1560 (Edinburgh: St. Andrews College Press, 1993).

[10] Clowney, Church, 101. En páginas 99–115, Clowney tiene un buen sumario de las señales de la iglesia consideradas bíblicamente, históricamente y en preguntas actuales para distinguir la iglesia de la “parachurch”

[11] Adaptado de: Mark Dever, Una Iglesia Saludable: Nueve Características, trans. Miguel González, Primera Edición. (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2008), 13–16.

[12] Párrafo añadido por los editores de teología para Vivir.