¿Qué enseña la Biblia realmente acerca de la homosexualidad? Esta pregunta tiene que ver con muchísimas cosas. Tiene que ver con la manera en que Jesús veía el matrimonio, y con el propósito de Romanos 1, y con el pecado que describe Génesis 19 (lo que haya sido) y con la relevancia perdurable (o no) de las leyes que se encuentran en Levítico. Tiene que ver con el significado de algunas palabras griegas controversiales y con la importancia de la procreación. Tiene que ver con la naturaleza de la conducta entre personas del mismo sexo en el mundo antiguo y si la naturaleza de la persona y la realización personal se definen por la expresión sexual. Tiene que ver con cómo cambiamos, y qué puede cambiar y qué no. Tiene que ver con grandes temas como el amor, la santidad y la justicia. Tiene que ver con heridas, esperanzas, temores, anhelos, deberes y deseos personales. Tiene que ver con la fe, el arrepentimiento, el cielo, el infierno y muchas cosas más.

Pero antes de que nos acerquemos a los árboles, deberíamos dar un paso atrás y asegurarnos de que todos estamos mirando el mismo bosque. Como sucede frecuentemente con asuntos controversiales, jamás estaremos de acuerdo sobre los puntos menores de la trama si ni siquiera estamos contando la misma historia. La Biblia dice algo acerca de la homosexualidad. Espero que por lo menos en eso todos estemos de acuerdo. Y espero que todos podamos concordar en que la Biblia claramente no es un libro únicamente acerca de la homosexualidad.

Es decir, si creemos que el propósito más importante de este Gran Libro es darnos a conocer si la homosexualidad es buena o mala, entonces hemos distorsionado una gran narrativa divina hasta reducirla a un solo punto de nuestro interés.

Sabemos que la pregunta ¿qué enseña la Biblia realmente acerca de la homosexualidad? es muy importante. Pero la primera y más importante pregunta a responder es: “¿Qué enseña la Biblia acerca de todo?”. Esto significa que no podemos comenzar este libro con Levítico 18 o Romanos 1. Debemos comenzar donde comienza la Biblia: en el principio.

¿Qué dice la Biblia acerca de Dios?

La primera persona que encontramos en la Biblia es Dios (Gn 1:1). Y lo primero que vemos acerca de este Dios es que Él es antes de todas las cosas (Sal 90:1-2). Dios existe en Sí mismo, es independiente, sin principio ni final, sin igual. Es el Dios Creador, distinto de Su creación, un Dios santo y sin rival. Es eterno, infinito y, en esencia, diferente a cualquier cosa o cualquier ser que haya existido, exista o vaya a existir. Este es el Dios que primero encontramos en el primer verso del primer libro de la Biblia. Este Dios creó todas las cosas (Neh 9:6; Hch 14:15; 17:24). Él creó el cielo y lo que hay en él, la tierra y lo que hay en ella, y el mar y lo que hay en él (Ap 10:6). Es más, hizo al hombre y la mujer como corona de Su creación, y los hizo a Su imagen y semejanza (Gn 1:26); los creó para gobernar, para reproducirse y para tener una relación con Él (Gn 1:26-28; comparar con 3:8).

Pero el primer hombre y la primera mujer desobedecieron la orden de Dios. Ellos escucharon a la Serpiente, la cual los tentó para que dudaran de la claridad y la bondad de la palabra de Dios (Gn 3:1-5). Tomaron una mordida del fruto prohibido, y el fruto devolvió el mordisco. Cuando el pecado entró al mundo, no fue solo una caída; fue una maldición. El hombre, la mujer, la Serpiente y la tierra sintieron el aguijón de la maldición, de modo que “la manera en que no se supone que sean las cosas” se convirtió en “la manera en que las cosas son”. Como una justa retribución por el pecado, Dios sacó al hombre y la mujer del huerto y puso a un ángel para que guardara el camino al árbol de la vida (Gn 3:4).

El cielo en la tierra que habían disfrutado ya no existía, por lo menos hasta que Dios les trajera el cielo de vuelta a la tierra (Gn 3:15). La trama central de la historia de la Escritura se puso en marcha: el Dios santo está abriendo un camino para morar en medio de un pueblo malvado.

¿Un tipo de Edén en la Tierra?

No podemos contar aquí esta historia con lujo de detalles, pero solo tenemos que mirar a la Tierra Prometida o al templo para descubrir la misma narrativa en desarrollo. La Tierra Prometida era un tipo de Edén, y el Edén era una prefiguración de la Tierra Prometida. Dios describe la creación de Israel casi igual a como describe la creación de los cielos y la tierra (Jer 4:23-26; 27:5). Los límites del Edén y los límites de Canaán son similares (Gn 2:10-14; 15:18). Cuando Jacob vuelve del Oriente para entrar en Canaán, se encuentra con un ángel (Gn 32:22-32), una alusión al ángel puesto a la entrada del Edén. Josué también se encontró con un guardián celestial cuando se acercaba a la Tierra Prometida por el camino de Jericó (Jos 5:13-15).

Dios le estaba dando a Su pueblo un nuevo tipo de paraíso, un reconstituido cielo en la tierra. Pero una vez más, el pueblo de Dios fue desleal y rompió el pacto. Generaciones más tarde, después de que Adán y Eva fueron expulsados del huerto, Dios arrancó a Abraham de Babilonia y lo guio a la tierra de Canaán (Gn 11:31-12:27). Y generaciones más tarde, después de que el pueblo de Dios fue expulsado de la Tierra Prometida, Dios arrancó a Su pueblo de Babilonia y guio a los exiliados de vuelta a sus hogares (Esd 1:1). Adán tuvo el huerto y desobedeció. Israel tuvo el huerto de vuelta y desobedeció. Ambos fueron expulsados al este del Edén. En ambos casos, fue necesaria la mano soberana de Dios para traer de vuelta a Su pueblo de Babilonia a donde pertenecía. La Tierra Prometida era un lente por el cual se suponía que el pueblo de Dios tenía que mirar hacia el pasado, al Edén que fue, y mirar al futuro, al Edén que vendría nuevamente (Heb 11:8-10, 13-16).

¿Cuál era el significado del Tabernáculo y el Templo?

Asimismo, el tabernáculo y el templo pretendían reflejar el huerto del Edén y simbolizar de algún modo los cielos y la tierra. El tabernáculo era copia y sombra de lo que está en el cielo (Heb 8:5). Una vez dentro de la tienda, el pueblo de Dios era transportado a un cielo simbólico: había cortinas color azul profundo con imágenes de querubines que parecían volar por el aire (Éx 26:1-37). El Espíritu llenó a Besalel y Aholiab en la elaboración del tabernáculo tal como el Espíritu se movía sobre el caos en la formación de los cielos y de la tierra (Gn 1:2; Éx 31:2-11). Las entradas del tabernáculo y luego del templo se ubicaban al este como recordatorio del Edén. Había ángeles tallados en el propiciatorio sobre la tapa del arca del pacto puesta dentro del Lugar Santísimo, otro recordatorio de que, como en Edén, hay ángeles que guardan la presencia de Dios.

Incluso la menorah (el candelabro), con sus ramas, brotes y flores, pretendía lucir como un árbol, probablemente un recordatorio del árbol de la vida que estaba en el huerto (Éx 25:31-36). Dios puso Su tabernáculo en medio del campamento (y más tarde, Su templo en medio de la ciudad) para representar visualmente Su morada entre el pueblo. Así como Él había caminado con Adán al viento del día, así también dispuso un modo para habitar entre Su pueblo escogido.

Pero el templo fue destruido como retribución divina por los pecados del pueblo. Cada vez que Dios había dispuesto un modo de habitar en medio de Su pueblo, este había derrochado la restauración que Dios había obrado. Así que Dios envió a Su Hijo como hijo de Abraham e hijo de David (Mt 1:1-17). Su venida marcaría un nuevo génesis, un nuevo comienzo (Mt 1:1). Dios se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1:14). Jesús iba a reconstruir un nuevo templo y a reformar un nuevo Israel. Jesús sería un mejor Moisés y un segundo Adán (Ro 5:12-21; 1Co 15:20-28). Él moriría en nuestro lugar (Mr 10:45). Él bebería la copa de la ira de Dios que nosotros merecíamos beber (Mr 14:36).

Al mismo tiempo, en la muerte Él triunfaría donde todos los demás habían fracasado, de manera que en lugar de un ángel cuidando la entrada a la presencia de Dios para que no entremos, nos encontramos con un ángel en la tumba vacía que nos dice que Cristo ha salido. Todas las promesas de Dios son “sí” y “amén” en Cristo (2Co 1:20). Y si nos arrepentimos de nuestros pecados y creemos en Cristo, todas las bendiciones prometidas —perdón, limpieza, redención, vida eterna— se vuelven nuestras también (Hch 2:37-40; 16:30-31; Ef 1:3-10; 2:1-10).

Conclusión.

El huerto, la tierra y el templo no prefiguraban un día cuando la santidad ya no importaría. Antes bien, apuntaban a la realidad celestial que ha sido nuestra esperanza desde que Adán y Eva fueron expulsados del paraíso. Es por eso que la imagen del Nuevo Testamento en Apocalipsis 21 y 22 es un retrato del Edén restaurado. El árbol de la vida es la tan esperada recompensa para los que creen y perseveran. La recompensa es para los que conocen la gracia de Cristo (Ef 2:1-10), son unidos a Cristo (Ro 6:1-10) y se les ha acreditado a su cuenta la justicia de Cristo (2Co 5:21; Fil 3:7-11). El derecho a comer del árbol de la vida no lo disfrutan los que profesan una cosa y hacen otra (Ap 3:1). No será disfrutado por los que olvidan su primer amor (Ap 2:4), ni por los que niegan la fe (Ap 2:10), ni por los que se entregan a la inmoralidad sexual (Ap 2:14). Solo a los que triunfan se les concederá el derecho a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios (Ap 2:7). La visión celestial de Apocalipsis es la consumación de todo lo que el huerto, la tierra y el templo ilustraban y predecían. No hay caos, ni conflicto, ni lágrimas, ni muerte, ni lamento, ni llanto, ni dolor, ni noche, ni cosas detestables. Nada que interfiera con el Dios santo ni con Su santo pueblo. La manera en que las cosas fueron —la manera en que las cosas debían ser— finalmente se convertirá en la manera en que las cosas son eternamente.

Ahora bien, una vez que tenemos clara la Historia de la Biblia y de lo que las Escrituras primariamente tratan, podemos entonces ubicar lo que la Biblia enseña sobre la homosexualidad dentro de ellas. Y es lo que haremos en nuestro siguiente articulo.

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Por Kevin DeYoung

deyoungKevin DeYoung (1977-). Realizo estudios en BA, Hope College; MDiv, Gordon-Conwell Theological Seminary; PhD. en historia contemporánea, Leicester University. Es pastor principal de la Iglesia University Reformed (PCA), en East Lansing, Michigan, cerca al estado universitario de Michigan. El y su esposa Trisha tienen seis hijos. DeYoung es autor de numerosos libros en ingles, muchos de los cuales han sido traducidos al español. Es quizá uno de los escritores mas influyentes de la actualidad. Entre sus libros se encuentran: Why We’re Not Emergent: By Two Guys Who Should Be (2008); Just Do Something: A Liberating Approach to Finding God’s Will (2009); What Is the Mission of the Church?: Making Sense of Social Justice, Shalom, and the Great Commission (2011); The Hole in Our Holiness: Filling the Gap between Gospel Passion and the Pursuit of Godliness (2012); What Does the Bible Really Teach about Homosexuality? (2015); etc.

Tomado de: DeYoung, Kevin. “What Does the Bible Really Teaches About Homosexuality”, (Inter-Varsity Press: England, 2015); 9-14