En las siguientes semanas, escribiremos un articulo cada semana sobre los orígenes del cristianismo evangélico en Sudamérica. Por razones de tiempo y espacio, nos centraremos solamente en países sudamericanos de habla hispana y desde el siglo XIX en adelante, que es cuando como países sudamericanos logramos nuestra independencia. Debido al espacio limitado no hablaremos sobre países de Centroamérica, ni tampoco Brasil. Examinaremos la historia del cristianismo sudamericano a través de dos ángulos: Denominaciones y Países (ordenados de manera alfabética). El material ha sido adaptado por el editor Daniel Caballero. Ha sido difícilmente hallar material impreso de algunos países. El cuerpo del mismo es una adaptación del libro:

Deiros, Pablo A. La Conquista (1880-1916), en Historia del Cristianismo: El testimonio protestante en América Latina. 1a ed. Vol. 6. Formación Ministerial. Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Centro, (2012); 121-172.

Historia de los Presbiterianos en Sudamerica

Los presbiterianos tienen el honor de haber figurado entre los primeros en abrir muchos campos misioneros en el continente.

Argentina. El primer esfuerzo misionero en Argentina fue emprendido por la Junta de Misiones Foráneas de la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos, que había sido fundada en 1837. Sin embargo, el trabajo ya había comenzado en 1826 con el arribo de Teófilo Parvin y Juan C. Brigham, quienes llegaron al país para estudiar las posibilidades misioneras. Parvin había sido ordenado por el presbiterio de Filadelfia en enero de 1826, y poco después navegó con su esposa a Buenos Aires. Estos misioneros aprovecharon especialmente las oportunidades abiertas en el campo de la educación. Parvin se ganaba la vida dando clases de inglés y griego en la universidad nacional; fundó una escuela para varones y, más tarde, en cooperación con la señorita Sara McMullin, una escuela para niñas. En un informe al presbiterio de Filadelfia, señalaba que además de la obra educacional, él conducía cultos regulares de predicación los días domingos, había comenzado una sociedad bíblica y misionera, y establecido una escuela dominical con 107 alumnos.

Teófilo Parvin: “En conclusión, estoy feliz de poder decir que, en mis labores académicas y clericales, he sido favorecido en las últimas seis semanas con los servicios valiosos del Rev. Guillermo Torrey. Como resultado de su arribo y el establecimiento del Rev. Brown, de Escocia, en una villa de inmigrantes escoceses a unas doce millas de la ciudad, probablemente encontraremos más fácil, tan pronto como podamos recibir las dimisiones de los presbiterios a los que pertenecemos, de formar un presbiterio en Buenos Aires. Por lo tanto, tengo que solicitar mi dimisión de su reverendo cuerpo, con miras a conectarme con un presbiterio que se organice aquí. La gran dificultad de mantener cualquier intercambio sirve como mi apología por no haber enviado por algunos meses una comunicación de una naturaleza similar a la presente.”[1]

Lamentablemente, el presbiterio propuesto no llegó a constituirse por razones de salud y muerte de los misioneros. Pero la obra iniciada por ellos en inglés fue continuada más tarde por los metodistas. Las labores de Parvin fueron continuadas por Guillermo Torrey (m. 1858), especialmente a partir de 1832. En ese año, celebró el matrimonio del comerciante inglés Samuel F. Lafone y la joven criolla María Quevedo. Como resultado, todos terminaron en la cárcel, aunque pronto quedaron en libertad. El hecho tuvo repercusiones en Estados Unidos y Torrey fue arrestado nuevamente como un delincuente común, según se decía, por instigación de un sacerdote irlandés. Torrey esperaba llevar a Corrientes y Santa Fe un cargamento de Biblias, que fue retenido en Montevideo. No obstante, Torrey visitó estas ciudades, siendo reemplazado por Guillermo Junor, un joven metodista, al frente de la congregación. En 1836, Torrey fue invitado como capellán de un buque de guerra norteamericano y dejó su ministerio en Buenos Aires.

Arnoldo Canclini: “De este modo terminó el esfuerzo misionero presbiteriano en Buenos Aires, que no se volvería a repetir en el siglo, salvo algo muy fugaz en 1854. Torrey había trabajado en medio de muchas dificultades durante ocho años, cinco de los cuales estuvo solo como ministro.… Su forma de escribir y los hechos que le tocaron revelan a un hombre de carácter y valor, sincero hasta el extremo y apasionado en la búsqueda de resultados que no pudo ver.”[2]

En 1829, los colonos presbiterianos escoceses organizaron su iglesia en Buenos Aires, bajo el pastorado de Guillermo Brown, quien se destacó también en la tarea educativa.[3] En 1848, Brown dejó su tarea pastoral y educativa para regresar a Escocia. Su lugar fue ocupado por James Smith, quien tuvo un ministerio muy fructífero a pesar de su mala salud. Tuvo la visión de que la tarea de la iglesia reclamaba un nuevo enfoque, ya que muchos colonos se volvían al campo. Smith creó el concepto de un “plan de extensión de la iglesia,” que resultó en la creación de tres nuevas congregaciones.[4]

Colombia. Los presbiterianos fueron también pioneros en Colombia, donde comenzaron a trabajar en 1856. El arraigo de la libertad religiosa en la Constitución Nacional, bajo la influencia de gobiernos liberales, hizo posible la apertura al trabajo misionero presbiteriano. El pionero fue Enrique Barrington Pratt (1832–1912), quien fue enviado por la Junta de Misiones Foráneas de la Iglesia Presbiteriana. Contaba sólo con 24 años cuando llegó a Bogotá (junio de 1856). Venía impulsado por el avivamiento religioso anterior a la Guerra de la Secesión en los Estados Unidos, y como respuesta a una carta enviada por un oficial de la Legión Británica, en la cual pedía encarecidamente se enviaran misioneros evangélicos al país.[5]

Pratt trabajó en Colombia desde 1856 hasta 1859, cuando volvió a los Estados Unidos para servir como capellán en el ejército Confederado durante la Guerra Civil. En 1869 regresó a Colombia y se quedó hasta 1878. Allí estableció iglesias en Bogotá y Bucaramanga. Su labor más importante fue la traducción de la Biblia al castellano, que se conoce como la Versión Moderna (terminada en 1893 después de siete años de trabajo), para la Sociedad Bíblica Americana. Había planeado escribir en español un comentario de cada libro de la Biblia, pero su muerte interrumpió el proyecto, del que logró completar sólo tres volúmenes.

La primera Iglesia Presbiteriana se organizó en Bogotá en 1861 durante la ausencia de Pratt, pero sus miembros eran todos extranjeros. Los dos primeros miembros colombianos fueron recibidos en 1865. A partir de entonces, la Iglesia Presbiteriana ha continuado trabajando en Colombia. En 1877 se fundó el Colegio Americano de Bogotá, y poco después se fundaron otras instituciones semejantes en otras regiones del país. La preocupación por la educación fue uno de los énfasis de la obra presbiteriana. A comienzos del siglo XX, el peso del protestantismo en Colombia seguía siendo mínimo. En el Congreso de Panamá de 1916 se hablaba de unos pocos centenares de miembros. Con la excepción de los presbiterianos, las demás denominaciones históricas no pudieron arraigar en este país durante este período.[6]

Chile. Los presbiterianos fueron la primera iglesia protestante del país, ya que desde 1873 heredaron las congregaciones de la Unión Evangélica Foránea. David Trumbull y otros misioneros (Alejandro M. Merwin, Silvano Sayre, N. P. Gilbert y José Manuel Ibáñez Guzmán y sus esposas) pasaron a depender de la Junta de Misiones Foráneas. El trabajo continuó por quince años en Valparaíso y Santiago. De esta manera, a partir de 1887, las iglesias fundadas por David Trumbull se constituyeron en un presbiterio. El primer obrero nacional presbiteriano fue José Manuel Ibáñez, quien fue ordenado en 1871 (probablemente él fue el primer sudamericano en ser ordenado al ministerio). Desgraciadamente, falleció en 1875, a los 34 años.[7]

En 1888 se abrió una obra en Taltal y diez años más tarde otra en Concepción. El testimonio presbiteriano se caracterizó por su énfasis sobre la evangelización y la obra educacional y literaria. En Santiago, el misionero Samuel J. Christen fundó el Instituto Internacional (1886), que bajo la dirección de Webster E. Browning cambio de nombre en 1898 y pasó a llamarse Instituto Inglés. Junto con los metodistas, los presbiterianos fundaron el Seminario Bíblico Unido, en Santiago. Desde 1884 se publicó El Heraldo Evangélico, que más tarde se unió al periódico El Cristiano publicado por los metodistas, con el nombre de El Heraldo Cristiano.[8]

Venezuela. El primer misionero protestante en este país fue un agente de la Sociedad Bíblica Americana, que arribó en 1888. Manuel Ferrando era un ex fraile capuchino, y realizó estudios bíblicos en su casa. Durante algún tiempo se reunió una congregación, que estuvo ligada a la Junta Metodista del Sur. En 1897 llegaron a Caracas Teodoro S. Pond y su esposa, que representaban a los presbiterianos del norte y lograron en poco tiempo reunir a varios grupos de creyentes. Hacia 1900 se organizó una iglesia, que confrontó problemas para encontrar un lugar de reunión debido a la hostilidad pública y clerical. Finalmente, en 1912 se compró una propiedad y se levantó un templo. De esta manera, la obra metodista pasó a manos de los presbiterianos, que desde entonces desarrollaron de manera continua la labor de su denominación.[9] Como en otros países del continente, los presbiterianos se destacaron por su tarea educacional. En 1900, la esposa de Pond comenzó una escuela primaria, que terminó siendo el Colegio Americano (para niñas).[10]

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Sobre el autor:

hqdefaultPablo Deiros (1945-), es un pastor y teologo Paraguayo. Se mudó con sus padres a Argentina cuando era muy niño. En este país cursó sus estudios primarios, secundarios y universitarios. Fue ordenado pastor a los 22 año y durante muchos años ha sido profesor de historia del cristianismo en el Seminario Bautista Internacional y en numerosas ocasiones ha sido profesor invitado en otros seminarios teológicos como el Southwestern Theological Seminary y Princeton Theological Seminary. Es Pastor de una Iglesia Bautista en Buenos Aires, Argentina. Fue secretario ejecutivo de la Asociación de Seminarios e Instituciones Teológicas durante siete años. Actualmente es rector del Seminario Internacional Teológico Bautista en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Ha publicado mas de 35 libros en castellano, varias traducciones al inglés, como así también artículos en diccionarios y enciclopedias y en revistas. Entre sus obras se tiene: Diccionario Hispano-Americano de la misión. (2006); Liderazgo Cristiano: Formación Ministerial (2008); Historia del Cristianismo: El Testimonio Católico Romano en América Latina (2012); Historia del Cristianismo: El cristianismo denominacional (1750 al Presente); (2012); Historia del Cristianismo: El testimonio protestante en América Latina (2012), entre muchos otros.

Notas:

[1] Citado en Brown, One Hundred Years, 789.

[2] Canclini, 400 años de protestantismo argentino, 110.

[3] Monti, Presencia del protestantismo, 55–67.

[4] Canclini, 400 años de protestantismo argentino, 104–107.

[5] Sobre Pratt, ver Ordoñez, Historia del cristianismo evangélico en Colombia, 28–36.

[6] Ibid., 37–49.

[7] Ibid., 50. Ver Kessler, A Study of Protestant Missions in Peru and Chile, 46, 47.

[8] Brown, One Hundred Years, 805, 806.

[9] Goslin, Los evangélicos en la América Latina, 81.

[10] Brown, One Hundred Years, 829, 830.