Cuando era un niño mi madre me solía llamar desde la ventana para que viniera a cenar. Por lo general iba la primera vez que me llamaba, pero no siempre. Si me demoraba, me volvía a llamar una segunda vez, por lo general con un tono de voz más elevado. Su primer llamado no siempre era efectivo; no lograba el efecto buscado. Su segundo llamado solía ser efectivo; corría hacia adentro de la casa.

Hay un llamado de Dios que es en un sentido efectivo. Cuando Dios ordenó la creación del mundo, el universo no titubeó antes de cumplir con dicha orden. El efecto deseado por Dios en la creación se hizo realidad. De mismo modo, cuando Dios llamó a Lázaro de su tumba, Lázaro respondió viniendo a la vida. Hay también un llamado eficaz de Dios en la vida del creyente. Es un llamado que produce el efecto buscado. Teólogos han enseñado que el llamado eficaz está relacionado con el poder de Dios para regenerar al pecador de su muerte espiritual. También suele ser conocido como la “gracia eficaz o irresistible”.

2 Timoteo 1.9–10 El nos ha salvado y nos ha llamado con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según Su propósito y según la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad, y que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien puso fin a la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por medio del evangelio.

¿Qué es la gracia eficaz?

El llamado eficaz se refiere a un llamado de Dios que por su poder y autoridad soberana produce el efecto, o el resultado, buscado u ordenado. Cuando Pablo nos enseña que aquellos a quienes predestina, los llamó, y aquellos a quienes llamó, justificó, se está refiriendo al llamado eficaz de Dios.

Romanos 8.28–30 Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito. Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos. A los que predestinó, a ésos también llamó. A los que llamó, a ésos también justificó. A los que justificó, a ésos también glorificó.

El llamado eficaz de Dios es un llamado interior. Es el trabajo secreto de avivamiento o regeneración logrado en las almas de los que Dios llama por la obra sobrenatural inmediata del Espíritu Santo. Efectúa u obra el cambio interior en la predisposición, la inclinación, y el deseo del alma. Ninguna persona siente la inclinación de venir a Dios antes de recibir el llamado de Dios eficaz e interior. Y todos los que son eficazmente llamados tienen una predisposición hacia Dios y le responden en fe. Vemos, entonces, que la fe en sí misma es un regalo de Dios, habiendo sido entregada en el llamado eficaz del Espíritu Santo.

¿Si Dios llama, entonces por qué predicar?

La predicación del evangelio representa el llamado externo de Dios. Este llamado es audible tanto para todos. Los seres humanos tienen la capacidad de resistir y de rechazar este llamado externo. No responderán en la fe al llamado externo hasta que este llamado externo venga acompañado del llamado interno u obra eficaz del Espíritu Santo. El llamado es eficaz en el sentido de que Dios en su soberanía producirá el efecto deseado. Esta obra soberana de la gracia es resistible en el sentido de que podemos resistirla por causa de nuestra naturaleza caída, y de hecho la resistimos: pero es irresistible en el sentido de que la gracia de Dios prevalece sobre nuestra resistencia natural. El llamado eficaz se refiere al poder creativo de Dios por medio del cual somos traídos a la vida espiritual. El apóstol Pablo escribe:

Efesios 2.1–3 Y El les dio vida a ustedes, que estaban muertos en (a causa de) sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo según la corriente (la época) de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente (de los pensamientos), y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Nosotros que en otro tiempo fuimos hijos de ira, y estábamos espiritualmente muertos nos hemos convertidos en “los llamados” por virtud del poder y la eficacia del llamado interior de Dios. En su gracia, el Espíritu Santo nos ha dado la vista para ver lo que no queríamos ver y el oído para escuchar lo que no queríamos escuchar.

¿Qué es entonces el Nuevo Nacimiento?

Cuando Jimmy Carter fue elegido presidente de los Estados Unidos de América se definió como “un cristiano nacido de nuevo”. Luego Charles Colson, el hombre que hacía el trabajo sucio para la Casa Blanca de Nixon, escribió un libro que se convirtió en un éxito de librería y que se llamó Born Again (“Nacido de nuevo”).[1] En dicho libro, narra su propia experiencia de conversión al cristianismo. Desde que estas dos personalidades popularizaran la expresión nacido de nuevo, esta se ha convertido en moneda corriente en el lenguaje moderno.

Describir a alguien como un cristiano nacido de nuevo es, técnicamente, una redundancia. No existe tal cosa como un cristiano no-nacido-de-nuevo. Un cristiano no regenerado (que no ha nacido de nuevo) es una contradicción de términos. Del mismo modo, un no-cristiano nacido-de-nuevo también es una contradicción. Si alguien es cristiano es porque ha nacido de nuevo.

Fue Jesús el primero en declarar que era una necesidad absoluta el nacer de nuevo espiritualmente para entrar en el reino de Dios. Le dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Esta oración condicional en la enseñanza de Jesús nos está señalando la condición universalmente necesaria para ver y entrar en el reino de Dios. El nuevo nacimiento constituye, por lo tanto, una parte esencial del cristianismo; sin él, la entrada en el reino de Dios es imposible.

Efesios 1.4–5 Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad.

¿Cómo se relaciona la regeneración con el Nuevo nacimiento?

La regeneración es el término teológico utilizado para describir el nuevo nacimiento. Se refiere a una nueva generación, una nueva génesis, un nuevo comienzo. Es más que “dar vuelta la hoja”; señala el comienzo de una nueva vida en una persona radicalmente renovada. Pedro nos expresa con respecto a los creyentes que “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

La regeneración es la obra del Espíritu Santo sobre aquellas personas que están espiritualmente muertas (véase Efesios 2:1–10). El Espíritu vuelve a crear al corazón humano, resucitándolo de la muerte espiritual a la vida espiritual. Las personas regeneradas son nuevas creaciones. Donde antes no existía ningún tipo de predisposición, ninguna inclinación o deseo para las cosas de Dios, ahora hay una predisposición y una atracción hacia Dios. En la regeneración, Dios siembra en el corazón humano el deseo hacia Él, deseo que de otro modo no estaría presente.

La regeneración no debe ser confundida con la plena experiencia de la conversión. De la misma manera que el nacimiento es nuestro principio, nuestra primera entrada a la vida fuera del vientre de nuestra madre, así también nuestro nuevo nacimiento espiritual es el punto de partida de nuestra vida espiritual. Tiene lugar por la iniciativa divina de Dios y es un acto soberano, inmediato, e instantáneo. El tomar conciencia de nuestra conversión puede ser un proceso gradual; sin embargo, el nuevo nacimiento es instantáneo. Nadie puede ser parcialmente renacido, como ninguna mujer puede estar parcialmente embarazada.

Ezequiel 36.26–27 “Además, les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. “Pondré dentro de ustedes Mi espíritu y haré que anden en Mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente Mis ordenanzas.

Conclusión.

Los Teólogos enseñan que la regeneración no es el fruto ni el resultado de la fe, sino que la regeneración precede a la fe como la condición necesaria para la fe. Tampoco de ningún modo nos predisponemos hacia la regeneración o cooperamos como colaboradores con el Espíritu Santo para que acontezca. No decidimos ni elegimos ser regenerados, de la misma manera que un niño no elige ser concebido. Dios elige regenerarnos antes de que nosotros confiemos en Él. Para ser más precisos, después de que hemos sido regenerados por la gracia soberana de Dios, entonces sí elegimos a Cristo, actuamos y cooperamos con Él, y creemos en Él. Dios no tiene fe por nosotros. Es nuestra propia fe en Cristo la que nos justifica. Decidimos seguir a Cristo, después de que Dios actúa en nosotros. Lo que Dios hace es despertarnos para la vida espiritual, rescatándonos de la oscuridad, el sometimiento y la muerte espiritual. Dios hace que la fe sea posible y actual, despierta la fe dentro nuestro.

Para Recordar: 

  1. Los llamados humanos pueden ser eficaces o ineficaces.
  2. Dios tiene el poder de llamar eficazmente para que los mundos existan, los muertos resuciten, y las personas pasen de la muerte espiritual a la vida espiritual.
  3. Las personas pueden escuchar el llamado externo de Dios en el evangelio y rechazarlo. Pero el llamado interno de Dios es siempre efectivo. Siempre produce el resultado deseado.
  4. Todos los que son verdaderamente cristianos han nacido de nuevo.
  5. Todos los que verdaderamente han nacido de nuevo son cristianos.
  6. El nuevo nacimiento es la condición previa necesaria para entrar en el reino de Dios.
  7. La regeneración es la obra soberana de gracia del Espíritu Santo.
  8. La posición de los teólogos de la Reforma es que la regeneración precede a la fe. Es la iniciativa divina de Dios en la salvación.

Tomado de: R.C. Sproul, Las grandes doctrinas de la Biblia(Miami, FL: Editorial Unilit, 1996), 193-197.

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Acerca del autor:

r-c-sproulRobert Charles Sproul (1939-). Westminster College, Pennsylvania (BA), Pittsburgh-Xenia Theological Seminary (M.Div.), Free University of Amsterdam (PhD), Whitefield Theological Seminary (PhD). Ha sido profesor de teologia en diversos seminarios en los Estados Unidos. Es un conocido teólogo y pastor americano, autor de muchos libros. Es fundador y director de “Ministerios Ligonier”, y conduce un programa de radio diario llamado ‘Renovando tu mente’. Sproul ha servido como pastor en la Iglesia de Saint Andrews en Florida (US). Actualmente trabaja con la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCA), y ha sido miembro también de la ‘Alianza de Evangélicos Confesantes’ (Alliance of Confessing Evangelicals). Es autor de mas de 100 libros, de los cuales estan disponibles en español; “Las Grandes Doctrinas de la Biblia” (1996); “Como estudiar e interpretar la Biblia”(1996); “Escogidos por Dios” (2002); “La Santidad de Dios” (1998); entre muchos otros.

Notas: 

[1] Charles Colson, Born Again (Old Tappan, N.J.: Revell, 1977).