Lucas 17.20–21 Habiendo preguntado los Fariseos a Jesús cuándo vendría el reino de Dios, El les respondió: “El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: ‘¡Miren, aquí está!’ o: ‘¡Allí está!’ Porque, el reino de Dios está entre ustedes.”

El tema del reino de Dios recorre ambos Testamentos, sirviendo de punto focal a los propósitos de Dios para la historia del mundo. En los tiempos del Antiguo Testamento, Dios declaró que ejercería su realeza (su soberanía, Daniel 4:34–35) estableciendo su reino (su dominio o gobierno sobre la vida y las circunstancias de la gente) bajo el rey escogido por Él (el Mesías davídico, Isaías 9:6–7) en una edad dorada de bendición.

Daniel 4.34–35 “Pero al fin de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre. Porque Su dominio es un dominio eterno, Y Su reino permanece de generación en generación. “Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, Mas El actúa conforme a Su voluntad en el ejército del cielo Y entre los habitantes de la tierra. Nadie puede detener Su mano, Ni decirle: ‘¿Qué has hecho?’

El Reino llego con la venida del Mesias.

Este reino vino con Jesús el Mesías como una realidad mundial en las relaciones, que existe dondequiera que se reconoce el señorío de Jesús en arrepentimiento, fe y nueva obediencia. Jesús, el gobernante designado ungido y lleno del Espíritu (Lucas 3:21–22; 4:1, 14, 18–21, 32–36, 41), murió, resucitó, ascendió y ahora se halla entronizado en los cielos como gobernante de todas las cosas (Mateo 28:18; Colosenses 1:13), Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 17:14; 19:16). La era dorada de bendición es una era de beneficio espiritual presente (salvación del pecado y comunión con Dios) que nos lleva a un estado futuro de gozo puro en un universo reconstruido. El reino es presente en sus comienzos, aunque sea futuro en su plenitud; en un sentido ya está aquí, pero en su sentido más pleno, aún ha de venir (Lucas 11:20; 16:16; 17:21; 22:16, 18, 29–30).

Lucas 22.28–30 “Ustedes son los que han permanecido junto a Mí en Mis pruebas; y así como Mi Padre Me ha otorgado un reino, Yo les otorgo que coman y beban a Mi mesa en Mi reino; y se sentarán en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

El reino no vino sólo como misericordia, sino también como juicio, tal como Juan el Bautista, su precursor, había dicho que vendría (Mateo 3:1–12). Quienes recibieron con obediencia la Palabra de Jesús y pusieron en sus manos su destino, hallaron misericordia, mientras que los líderes judíos, que no quisieron hacer esto, fueron juzgados. Hablando de una manera estricta, los líderes judíos se juzgaron ellos mismos, puesto que prefirieron vivir en la oscuridad, al apartarse del Salvador (Juan 3:17–20).

¿Cómo se relaciona la Iglesia con el Reino?

La tarea de la Iglesia consiste en hacer visible el reino invisible por medio de un estilo de vida cristiano que sea fiel y dé testimonio. El Evangelio de Cristo sigue siendo el Evangelio del reino (Mateo 4:23; 24:14; Hechos 20:25; 28:23, 31), las buenas nuevas de justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo obtenidos al entrar en una relación de discipulado con el Señor viviente (Romanos 14:17). La Iglesia debe hacer que este mensaje sea digno de crédito, manifestando la realidad del estilo de vida según el reino.

Romanos 14.17 Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.

La venida del reino significaba una nueva etapa en el programa histórico-redentor de Dios. El Mesías llegó, redimió y se retiró a su trono con la promesa de que vendría de nuevo. Todo lo que era típico, temporal e imperfecto en lo dispuesto por Dios para que Israel tuviera comunión con Él se convirtió en algo del pasado. 

Conclusión.

El Israel de Dios, la simiente de Abraham, fue definido de nuevo como la compañía de los que han creído en Jesús (Gálatas 3:16, 26–29). El Espíritu fue derramado y un nuevo estilo de vida, la vida en Cristo y con Cristo, se convirtió en una realidad de este mundo. De esta forma nació el nuevo internacionalismo de la comunión y el evangelismo mundiales de la Iglesia (Efesios 2:11–18; 3:6, 14–15; Apocalipsis 5:9–10; 7:9; Mateo 28:19–20; Colosenses 1:28–29). Aunque fueron grandes cambios, ninguno de ellos significó que surgiera un nuevo conjunto de normas morales, como se da por supuesto a veces. La ley moral para los cristianos, la ley del reino presente de Dios, es la ley que aparece en los Diez mandamientos y en los profetas, aplicada ahora a la nueva situación. Jesús no abolió esa ley, sino que se limitó a llevar a la perfección su cumplimiento (Mateo 5:17–48).

Por J.I. Packer.

Tomado de: J. I. Packer, Teologı́a Concisa: Una Guı́a a Las Creencias Del Cristianismo Histórico (Miami, FL: Editorial Unilit, 1998), 201-203.

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Acerca del autor:

pic_full_packer_jiJames Innell Packer, J.I. Packer(1926-), es un teologo ingles, perteneciente a la Iglesia Anglicana. Ha servido como profesor de Teologia en ‘Regent College’ en Canada. Es considerado como uno de los Teologos de mayor influencia en el siglo XX, y quizá de todos los tiempos. Realizo estudios en la Universidad de Oxford (MA, PhD). Fue profesor de Griego en el Seminario anglicano ‘Oak Hill’ en Londres, antes de ser profesor en ‘Regents’. Ha escrito decenas de libros entre los cuales se cuenta: “Una búsqueda de la piedad: La vision puritana de la vida cristiana”, “Conociendo a Dios”, “La vida en el Espíritu”, “Afirmado el credo de los Apóstoles”, entre muchos otros.