Uno de los movimientos de pueblos más crueles en la historia de la humanidad tuvo como protagonistas principales a cristianos europeos y musulmanes árabes. La captura, traslado y comercialización de seres humanos africanos, especialmente en la cuenca del Atlántico, crearon una institución que habría de ejercer una profunda influencia en el desarrollo del cristianismo en ambas márgenes de este océano. Es importante considerar la relación del cristianismo con el Islam y en particular cómo jugó esta relación en el contexto de conquista y comercio, no sólo en Etiopía, sino a través de África y por toda Asia. Los artículos de comercio más valiosos y, en consecuencia, los bienes que produjeron la mayor competencia comercial fueron los metales preciosos (mayormente el oro) y los seres humanos (comercializados como esclavos y siervos). Los otomanos musulmanes y los imperios cristianos de Portugal y España muchas veces chocaron en razón de la competencia por estos bienes, que rendían ganancias enormes. 

¿Hubo esclavitud en países Catolicos?

En Europa occidental, la esclavitud casi había desaparecido durante los últimos siglos de la Edad Media. Pero en el siglo XV se vio reavivada con el comercio de esclavos africanos iniciado por los portugueses. El fundador del comercio europeo de esclavos africanos fue el príncipe Enrique el Navegante (1394–1460). En 1441, Antam Gonsalves, uno de los marinos del príncipe Enrique, trajo de África al primer grupo de diez o doce africanos, y de allí en adelante pocos exploradores regresaron a casa sin una carga humana. Cuando se descubrió que los africanos podían aguantar esfuerzos imposibles para los europeos en un clima caliente, se comenzó a capturar grandes números de personas para proveer a los portugueses de mano de obra barata. Doscientos africanos fueron transportados a Portugal por una flota en 1444. Pronto la caza de africanos se extendió, de modo que para fines del siglo XV su número fue bastante considerable en Portugal, especialmente en el sur, donde la población portuguesa se había reducido debido a las largas luchas contra los moros y se necesitaba mano de obra para cultivar los campos. Por un tiempo, los portugueses mantuvieron su monopolio del comercio esclavista, que no se hubiese transformado en un comercio mundial de no haber sido por el descubrimiento de América.

La Esclavitud en España.

En España, la esclavitud había continuado desde tiempos antiguos, pero muchos de los esclavos antes del siglo XV eran musulmanes capturados a lo largo del período de la Reconquista. Como regla, España fue una protagonista menor en el comercio de esclavos y su tratamiento de los mismos, al igual que en Portugal, fue menos duro que el de los británicos y franceses. Como los portugueses, los españoles manifestaron algún tipo de preocupación religiosa por los esclavos y, al menos en teoría, era posible que un esclavo comprara su libertad. Esto requería que el esclavo y su dueño arreglaran el precio y luego que el esclavo hiciera tareas extras o consiguiera de alguna manera los recursos para pagar por su libertad. Muchos de los esclavos en España eran cristianos que habían perdido su libertad por deudas impagas. La población esclava de España era muy diversa ya que los españoles hacían esclavos o los compraban alrededor del Mediterráneo y el norte de África. Hacia mediados del siglo XIV ya había en España esclavos griegos, sardos, tártaros, rusos, caucásicos, turcos, armenios, así como africanos del norte.

Tanto en Portugal como en España, la esclavitud tuvo un desarrollo similar, antes de fines del siglo XV. La fe católica romana suavizó el tratamiento de los esclavos, pero este mismo fundamento religioso hizo más fácil esclavizar a los no católicos, especialmente a los africanos musulmanes y no musulmanes. Después del terrible golpe de la Peste Negra en Europa en el siglo XIV, donde murió un 25% de la población europea, hubo una repentina necesidad de más mano de obra para el comercio y la agricultura. Esto, junto con el surgimiento de la industria de la caña de azúcar, cambió dramáticamente la estructura social de la península Ibérica y el curso de la historia religiosa de las Américas. La demanda de esclavos de parte de cristianos europeos y musulmanes otomanos se elevó notablemente a comienzos del siglo XV.

La Esclavitud transatlántica.

El mayor impacto sobre el desarrollo del cristianismo en la cuenca del Atlántico fue ejercido por el comercio esclavista de África occidental. Como se indicó, el año 1441 marca la fecha del comienzo de un nuevo tipo de comercio esclavista, ya que se inició entonces el traslado de esclavos africanos del sur del Sahara (Guinea) para su uso en las colonias españolas, al principio en las Islas Canarias. El avance de las colonias españolas y portuguesas, primero a lo largo de la costa oeste de África y por el norte africano, y luego cruzando el océano Atlántico, se ligó con el gusto de los españoles por el azúcar, la codicia europea por los metales preciosos y el permanente espíritu de cruzada. Todos estos elementos crearon las condiciones para el desarrollo volátil y violento de la esclavitud a escala global. Los primeros esclavos africanos fueron necesarios para las plantaciones de caña de azúcar de los españoles en las Canarias. En pocas décadas el pueblo guanche local (relacionado con los bereberes del norte de África) fue esclavizado por los españoles. Si bien España entró al comercio esclavista colonial en este momento, su lugar en el mismo fue siempre secundario.

El papa Alejandro VI (Papa de 1492 a 1503) se transformó en el líder religioso y político de la colonización global encarada por las coronas de España y Portugal, al dividir al mundo en dos y repartirlo entre estas dos potencias. Así, pues, a partir de 1493 el comercio esclavista estuvo bajo el control de los portugueses, que eran dueños de la mitad oriental (confirmado por el Tratado de Tordesillas de 1494). Los españoles tuvieron que comprar a los portugueses los esclavos que necesitaban para reemplazar la mano de obra indígena, exterminada en las plantaciones y minas del Nuevo Mundo. Muy pronto, el comercio esclavista se incrementó porque los africanos morían en gran número ya que no podían soportar las duras condiciones de su trabajo forzado. De este modo, a lo largo de casi cuatro siglos (1450–1850) entre diez y doce millones de africanos fueron transportados a las Américas, desde donde les resultaba imposible regresar a su tierra, por más que lograran escapar de sus amos. A estos números hay que agregar uno o dos millones que murieron en el viaje, debido a las terribles condiciones en que eran transportados, y los todavía mucho más numerosos que murieron en África antes de ser embarcados.[1]

La matanza de los pobladores sudamericanos y la importación de esclavos negros.

Así, pues, la rápida desaparición de la población indígena debido a la guerra de conquista y los trabajos forzados a que fue sometida, alentaron la importación de esclavos africanos. Aun los defensores de la libertad de los indígenas, como Bartolomé de las Casas (1474–1566), llegaron a sugerir a la corona española la necesidad de introducir esclavos africanos para suplantar la mano de obra indígena.[2] Los primeros contingentes de africanos para trabajar en las minas de La Española llegaron en 1502, y su número creció rápidamente. En 1510, el rey Fernando de España, en respuesta al pedido de más obreros, ordenó a la Casa de Contratación enviar doscientos cincuenta africanos. Muchos de ellos acompañaron a Cortéz y Balboa en sus expediciones como portadores. En 1517, Carlos V autorizó el tráfico de esclavos al conceder algunas patentes, una de las cuales concedía el derecho de suplir anualmente cuatro mil africanos a La Española, Cuba, Jamaica y Puerto Rico. Para 1560 (según Las Casas) cuarenta mil africanos ya habían sido vendidos en La Española y cien mil a las otras colonias.

¿Pero, que de la Esclavitud entre Protestantes?

Ninguno de los Reformadores Magisteriales dio importancia a la cuestión de la esclavitud. Preocupados en tratar de sobrevivir las contingencias de la oposición religiosa y política entre católicos y protestantes, definir su fe protestante frente a los católicos y otros disidentes, y organizar sus comunidades de fe emergentes, los líderes de la Reforma Protestante del siglo XVI no tuvieron tiempo ni interés en abordar esta cuestión. Para Lutero, la relación con los católicos, los turcos y los judíos era más importante que la situación de los africanos que eran sepultados en la esclavitud, especialmente por portugueses y españoles en el Nuevo Mundo. Calvino atacó fieramente a los anabautistas, pero estaba muy lejos del mundo portugués y español como para interesarse del comercio de seres humanos en el que estas potencias estaban involucradas. Los anabautistas, utilizaban todas sus energías para sobrevivir en una Europa hostil y encontrar un lugar donde vivir conforme a su fe en libertad.

El primer protestante que se involucró en el comercio esclavista fue el inglés Juan Hawkins (1532–1595). Con la aprobación de la reina Isabel I, Hawkins se dedicó a la piratería viajando a la costa de Guinea, donde atacaba a los barcos esclavistas portugueses para robarles su carga humana y venderla en las posesiones españolas del Nuevo Mundo. Su escudo de armas lucía en su cresta a un moro o negro encadenado. A pesar de una conducta deshonesta, codiciosa y traicionera, Hawkins sirvió como contraalmirante en la lucha contra la Armada Invencible en 1588, y obtuvo el título de caballero. En 1590 fue enviado a la costa de Portugal a interceptar la flota española que traía el oro de América, pero no tuvo éxito. Al informar de su fracaso a la reina, citó el texto bíblico: “Yo sembré, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento” (1 Co. 3:6). Esta exhibición de piedad hizo que la reina exclamara: “¡Dios bendito! Este tonto salió como soldado, y ha regresado como pastor.”

Las colonias Norteamericanas y la Esclavitud.

En las colonias inglesas en Norteamérica, los esclavos africanos estuvieron presentes desde la primera hora. El primer contingente fue desembarcado en Jamestown, Virginia, en 1619, y fue traído por holandeses provenientes de Guinea para las plantaciones de tabaco. Con posterioridad, todas las potencias marítimas protestantes, ansiosas de tener una parte en un negocio tan redituable, participaron en el comercio esclavista. De este modo, con anterioridad a la ruptura de las Trece Colonias en Norteamérica con la metrópolis británica, a mediados del siglo XVIII, los esclavos africanos llegaron a ser numerosos, especialmente al sur de Maryland. Estos esclavos estaban ligados mayormente a la economía de la plantación (tabaco y algodón). Así, pues, en el siglo de presencia cristiana protestante que pasó desde la llegada de los Padres Peregrinos (1620) hasta la primera parte del siglo XVIII, lejos de solucionarse, el problema de la esclavitud se fue agravando.

Kenneth S. Latourette: “Aquí había un problema adicional para el cristianismo en las Colonias [en Norteamérica]. El cristianismo se vio confrontado no sólo con la necesidad de sostener la alianza de los miles de inmigrantes blancos que habían sido removidos de las asociaciones eclesiásticas convencionales del Viejo Mundo, y con el desafío de ganar a los pieles rojas y ayudar a salvarlos de la destrucción planteada por el contacto con la cultura del hombre blanco. También tuvo que determinar su actitud hacia la esclavitud de los negros y procurar introducir a los africanos en su redil. Para 1776 apenas se había hecho un comienzo.”[3]

Conclusión.

En el Caribe, donde el número de esclavos africanos era mayor en razón de las plantaciones de caña de azúcar y otros productos, muchos cristianos protestantes se oponían a su evangelización y bautismo porque argüían que la instrucción cristiana los tornaría menos gobernables, interrumpiría la jornada de trabajo el día domingo y podría llevar a su insurrección generalizada. No obstante, la Sociedad para la Propagación del Evangelio en el Extranjero y otras entidades misioneras de la Iglesia de Inglaterra llevaron a cabo labores misioneras pioneras entre la población africana caribeña.[4]

Adaptado de: Pablo A. Deiros, ‘Los Problemas del Cristianismo’ en Historia del Cristianismo: Las Reformas de la Iglesia (1500-1750), 1a ed., vol. 3, Formación Ministerial (Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Centro, 2008), 306-311.

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Sobre el autor:

hqdefaultPablo Deiros (1945-), es un pastor y teologo Paraguayo. Se mudó con sus padres a Argentina cuando era muy niño. En este país cursó sus estudios primarios, secundarios y universitarios. Fue ordenado pastor a los 22 año y durante muchos años ha sido profesor de historia del cristianismo en el Seminario Bautista Internacional y en numerosas ocasiones ha sido profesor invitado en otros seminarios teológicos como el Southwestern Theological Seminary y Princeton Theological Seminary. Es Pastor de una Iglesia Bautista en Buenos Aires, Argentina. Fue secretario ejecutivo de la Asociación de Seminarios e Instituciones Teológicas durante siete años. Actualmente es rector del Seminario Internacional Teológico Bautista en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Ha publicado mas de 35 libros en castellano, varias traducciones al inglés, como así también artículos en diccionarios y enciclopedias y en revistas. Entre sus obras se tiene: Diccionario Hispano-Americano de la misión. (2006); Liderazgo Cristiano: Formación Ministerial (2008); Historia del Cristianismo: El Testimonio Católico Romano en América Latina (2012); Historia del Cristianismo: El cristianismo denominacional (1750 al Presente); (2012); Historia del Cristianismo: El testimonio protestante en América Latina (2012), entre muchos otros.

Notas:

[1] Basil Davidson, The African Slave Trade (Boston: Back Bay Books, 1980), 63. Ver también Pablo A. Deiros, Historia del cristianismo en América Latina (Buenos Aires: Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992), 364–367.

[2] Ver Bartolomé de las Casas, Historia de las Indias, 3:101.

[3] Latourette, A History of the Expansion of Christianity, 3:225.