Hoy en día no encontramos mucha Apologética en la predicación. Los predicadores, tanto los conservadores como los liberales, parecen no ver la importancia que la Apologética tiene. Es una herramienta clave para reforzar la fe de los miembros de la congregación y capacitarles para que se sientan seguros a la hora de evangelizar a sus amigos y vecinos y sean capaces de responder a las objeciones que éstos les puedan hacer.

¿Por qué la predicación contemporánea ha descuidado la Apologética?

Una razón, como ya hemos dicho, es la falta de convicción entre los pastores de que se trata de un área importante del ministerio. Pero existen otras razones. Una de ellas es que se celebran demasiados cultos unidos –al que asiste toda la familia, incluso los niños– y cultos de Santa Cena. En los cultos, como la predicación está pensada para toda la familia, se suele presentar un contenido muy básico. En los cultos de Santa Cena, el énfasis suele estar en la devoción, antes que en la edificación. Además, en las iglesias episcopales y católico-romanas, se tiene la obligación de predicar sobre la epístola o evangelio del día, lo que hace imposible recibir una enseñanza regular sobre las verdades de la fe que suscitan debate a la hora de evangelizar.

Otra razón es la pérdida del sermón como medio de comunicación. En cualquier otra situación, ya nadie escucha a otra persona durante más de quince minutos. Así, la gente no tiene el poder de concentración para poder hacerlo. Además, muchos pastores no dedican mucho tiempo a preparar sus predicaciones porque están preocupados con reuniones de comité, trabajo pastoral y social, o sus estudios. Aunque es verdad que hay excepciones, está claro que es una tendencia muy extendida. No vivimos en una era de grandes predicadores.

Muchos predicadores raramente se enfrentan con los temas delicados. Y si lo hacen, muchos no saben comunicar de manera que vaya a impactar tanto a los oyentes que vayan a recordar la predicación por mucho tiempo. Me gustaría ser como un pastor de una iglesia de clase popular Un día dio un resumen excelente sobre la obra Analogy of Religion del Obispo Butler, y lo hizo de tal manera que ninguno de los oyentes olvidaría la ilustración –¡y lo hizo sin ni siquiera mencionar al Obispo Butler ni el libro! Esto es un arte que Jesús sabía utilizar a la perfección. Aun así, también habló en parábolas, y nadie podía escapar a la fuerza de estas narraciones.

¿Cómo implantar la apologética en nuestra comunicación del evangelio?

Si éstas son algunas de las causas de la falta de predicación Apologética, ¿cómo se puede poner remedio a esta situación? He aquí algunas sugerencias.

  1. La forma más obvia es implantar este tipo de predicación en la iglesia misma.

Las predicaciones deben centrarse en una enseñanza bíblica bien trabajada y bien argumentada. No podemos predicar de cualquier manera, ya que nuestro objetivo es construir una iglesia de cristianos maduros. Y las Escrituras, cuando son presentadas de una manera atractiva y comprensible, ofrecen a las almas de la congregación un alimento tan especial, que la congregación no va a querer cambiarlo por nada del mundo. Los predicadores deben dedicar mucho tiempo para preparar sus sermones. Tendrían que tener contacto asiduo no sólo con el círculo de creyentes, sino también fuera del círculo de la iglesia para ver cuáles son las inquietudes de la sociedad, y así relacionar las buenas nuevas con esas inquietudes. Un buen predicador sabe convertir lo profundo en relevante. Por desgracia, hay muchos predicadores que abusan del púlpito y no consiguen nada.

  1. Conocer la realidad.

Los predicadores deben conocer los eventos, libros, periódicos, series, o programas de televisión que siguen sus congregaciones, y deben usarlos como canales a través de los cuales la verdad de Dios puede entrar a sus mentes y corazones. Habrá momentos en los que la congregación necesitará conocer cómo Dios actúa en medio del sufrimiento, o cómo nos acepta Dios a pesar de nuestras imperfecciones, cómo podemos estar seguros de que existe, o sobre por qué estamos seguros de que hay vida después de la muerte. Este tipo de temas es de vital importancia. Nos afectan a todos por igual. El predicador normalmente sólo puede llegar a su congregación, pero es la congregación la que tiene contacto con muchas otras personas. Cada lunes los miembros de la iglesia se reparten por todo el vecindario para ir a sus puestos de trabajo. Sería maravilloso si fueran seguros de lo que creen y de por qué son cristianos. Y esto debería poder conseguirlo cualquier predicador, tan sólo si se preocupara de aplicar el evangelio a las inquietudes de la gente que le rodea. Una buena idea sería organizar cursos periódicamente sobre cómo preparar sermones, y anunciarlos de manera atractiva y relevante. Y ahí se podría hacer un gran énfasis en la Apologética.

  1. “Predicando” fuera de un edificio eclesiástico.

Aunque en este contexto sería mejor olvidarnos de la palabra predicación o sermón, ya que podría hacer que la gente perdiera todo el interés. A mucha gente al oír estas palabras, les viene a la mente la iglesia aburrida y formal – creen que una predicación es una de las peores actividades, más insípidas e irrelevantes que hay sobre la faz de la tierra. Lo que ahora quiero proponer es la presentación de la fe cristiana de una forma llamativa y en un lugar neutral. Puede tratarse de un debate en una sala municipal, o una conferencia en la universidad. O de una reunión espontánea después de un funeral, o en un núcleo o célula que se reúne en casa de alguien. O de un acto organizado con cristianos que están en contacto con gente que tiene mucho interés y está a punto de dar el paso. Se puede invitar a un conferenciante que vaya a tratar un aspecto muy relevante de la fe cristiana. Yo recuerdo títulos como Choose Freedom [ ¡Elige la libertad!]; Is Life Worth More Than the Funeral Expenses? [¿La vida vale más que los gastos funerarios?]; Why Bother with Jesus?[¿Por qué perder el tiempo con Jesús?]; Can Values Stand When Faith Has Crumbled? [¿Pueden los valores subsistir sin la fe?]. Todos atrajeron a muchas personas. Una iglesia que se dedique a hacer este tipo de evangelización verá cómo mucha gente interesada se acercará a la iglesia para descubrir qué es lo que la hace estar viva. Y si existe un buen programa de seguimiento en el que participen varios miembros de la iglesia que están dispuestos a ir quedando con esta gente donde sea, en cafeterías, restaurantes, etc. para hablar del evangelio, las buenas nuevas pronto alcanzarán al vecindario. Y cada vez más la iglesia contará con un grupo constante de visitas interesadas que, por medio del amor, la oración y la constancia de los creyentes, pueden llegar a ser discípulos de Cristo.

  1. Predicación al aire libre.

Muchos pensarán que ya no es eficaz. Pero yo no creo que sea así. No me estoy refiriendo a aquellas predicaciones al aire libre pasadas de moda en las que un hombre con semblante encolerizado gritaba a los cuatro vientos que la gente se tenía que arrepentir y volverse a Dios. Hay otras formas de predicar el evangelio al aire libre. Por ejemplo, usar cuestionarios y parar a la gente en un centro comercial. También, celebrar un culto de Bautismos o de Santa Cena al aire libre; a raíz de esto pueden surgir conversaciones interesantes con la gente que se pare a ver lo que está pasando. Pero las actividades más conocidas son ir a una zona bien transitada y llamar la atención a través de la música, el mimo, el baile, una actuación cómica, etc. Y entre algunas de estas actividades alguien explica brevemente y con un lenguaje comprensible y relevante el amor de Dios y la necesidad que tenemos de responder a ese amor. Si intentáis este tipo de evangelización, os daréis cuenta de la importancia de la Apologética. Nos bombardearán con preguntas escépticas, de dudas, objeciones, críticas, insultos y, otras veces, con admiración y preguntas que nacerán de un interés sincero y profundo.

Conclusión.

De esta manera podremos aprender cuáles son las inquietudes de las personas, detectar cuáles son los temas realmente importantes. Aprenderemos cómo utilizar la Apologética de una manera relevante. Y, poco a poco, tendremos más habilidad a la hora de hablar con la gente sobre ciertos temas y, en consecuencia, lograremos un mayor impacto.

Tomado de: Michael Green, «Apologética en la vida de la iglesia», en ¿Cómo llegar a ellos?: Defendamos y comuniquemos la fe cristiana a los no creyentes, ed. Nelson Araujo Ozuna et al., trans. Dorcas González Bataller (Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie, 2003), 188–191.

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Sobre el autor. 

michael208101010Michael Green (1930-), es un pastor, teologo y apologista cristiano británico, autor de mas de 50 libros. Realizo estudios en Oxford University (BA; BDiv; MA); Archbishop of Canterbury (DMin); University of Toronto (PhD). Fue ordenado al ministerio en 1957, y desde entonces ha estado involucrado en ministerio pastoral en Inglaterra y Canada. Fue nombrado canon maestro de  honor en la Catedral de Coventry, y ha ocupado las cátedras de teologia en London College of Divinity (1960-1969), Decano de St. Aldate’s Church (University of Oxford, 1975-1986), para luego servir como profesor de Evangelismo y Apologetica en Regent College, Vancouver Canada, (1987-1992). A pesar de haberse retirado oficialmente de la vida academica, en la actualidad sirve como Asociado Principal de Evangelismo y Apologetica en la escuela Wycliffe Hall de la Universidad de Oxford desde 1997. Vive en Abingdon, Oxford, Inglaterra, junto con su esposa Rosemary, con quien tiene cuatro hijos adults: Jonathan, Tim, Sarah y Jenny. Green es conocido mundialmente por sus obras de apologética y avance en el campo de investigación de la misma. Green ha buscado durante toda su vida equipar a la Iglesia para la defensa y proclamación del Evangelio. Es autor de mas de 50 libros especializados sobre el tema, así como comentarios, libros de teología, etc., incluso se ha escrito una biografía sobre su persona, debido a la gran influencia que ha tenido en su campo. Entre sus libros (en ingles) se  cuentan: ‘Llamado a Servir’ (Called to Serve, 1965); ‘Evangelismo en la Iglesia Primitiva’ (Evangelism in the Early Church, 1970); ‘Comentario a Segunda de Pedro y las Epístola de Judas’, (Second Epistle of Peter and the General Epistle of Jude, 1987); ‘El Bautismo’, (Baptism, 1987); ‘No todas las religiones llevan a Dios?’ (But don’t all religions lead to God?, 2002); entre muchos otros.