Debemos integrar la Apologética en la enseñanza y el ministerio de las iglesias, ya que la mayoría de las iglesias no lo ha hecho aún. ¿Cómo conseguirlo?

Presentaremos algunas sugerencias que se pueden llevar a cabo en cualquier iglesia:

  1. En primer lugar, no se puede llegar a tener una buena Apologética si antes no se tiene una buena base.

Y esta base no consiste en las especulaciones humanas, sino en la revelación divina. Por definición, no podemos saber nada de Dios a menos que Él quiera revelarse a nosotros. Pero sí se ha revelado, en las Escrituras y, concretamente, en el personaje principal de estas Escrituras, Jesucristo. Toda enseñanza cristiana debe tenerle a él y a su obra como centro. Así, es obvio que toda iglesia que quiera ofrecer una Apologética creíble debe tener una perspectiva completamente bíblica. Los que enseñan deben hacerlo basándose en la Biblia y entendiendo la totalidad de su mensaje, es decir, conectando unos pasajes con otros, conectando. Este es el fundamento que hay que asentar para empezar a adentrarnos en la Apologética.

Así que ya podemos pasar a las clases de formación. Todas las iglesias deberían tener unos estudios o cursos de formación sobre el contenido de nuestra fe. Y deberían ser claros, dinámicos y participativos. A veces va muy bien escoger temas en los que la fe cristiana va en contra de lo que dice nuestra cultura y sociedad, para analizar por qué los cristianos nos decantamos por una postura concreta. Un método sería centrarse en algunas herejías en auge y estudiar por qué debemos rechazarlas. El método contrario consistiría en coger algunas creencias cristianas básicas y estudiar cómo demostrar que son importantes. La educación cristiana no debería acabarse en la adolescencia, como ocurre en muchas iglesias. Las iglesias deben ser intencionales y contar con un programa de enseñanza claro y atractivo. Y debe contagiarse a la congregación la visión de lo importante y relevante que es.

  1. La lectura es otro modo de aprender.

Si las iglesias eligieran cada año un libro que tratara temas sobre cómo relacionar algunas cuestiones de la fe cristiana al debate que tiene lugar en nuestra sociedad contemporánea, estarían proveyendo a las iglesias de una herramienta muy importante. Se podría hacer de la siguiente manera: los miembros de la congregación leerían el libro y habría unas reuniones periódicas para comentar un par de capítulos en cada reunión. Con esto se conseguiría que la congregación desarrollara una habilidad crítica de la sociedad en la que vivimos. También daría a la gente confianza para expresarse, saber escuchar, y saber responder en función de lo que escuchan.

Estamos asistiendo al final de la era de la imprenta. Ahora lo que impera es un tipo de comunicación más visual. Es más que obvio decir que la televisión y la pantalla son los principales medios de comunicación, y muchos instructores de iglesia siguen enseñando como si éstas no existieran. Un buen ejercicio consistiría en llevar a un grupo a ver una buena película para luego analizar qué ideas quiere transmitir esa película, y hablar de dichas ideas a la luz de la fe cristiana. Este ejercicio no sólo serviría para agudizar el sentido crítico, sino para convertir la doctrina en algo vivo, en algo relevante para el vivir diario. Además, para los miembros de la iglesia será más fácil compartir su fe usando una película conocida o programa de televisión que todo el mundo ve.

  1. Otro método para enseñar Apologética es evangelizar por las casas y llevar a alguien más joven o inexperto.

Así, el joven o la joven podrá darse cuenta de cuáles son las objeciones y las excusas más comunes que la gente usa cuando se les habla de la fe cristiana. A su vez, esto le animaría a estudiar qué respuestas convincentes ofrece el cristianismo. También aprendería cómo dialogar con una persona que tiene puntos de vista diferentes a los nuestros.

Creo que una de las mejores maneras de formar a una iglesia en Apologética es la enseñanza personal, es decir, pasar tiempo con los miembros de la iglesia haciendo Apologética. Eso es lo que Jesús hizo con sus doce discípulos. En primer lugar, los llevaba siempre consigo, fuera donde fuera, y así le veían actuar. Además, Jesús dejaba que le ayudaran, como por ejemplo con la distribución de la comida en la alimentación de los cinco mil. Luego les encomendaba misiones concretas, como cuando envió a los doce, o a los setenta. Los enviaba, pero previamente les había equipado con lo necesario. Y luego tenían que volver a Él para informarle. Finalmente, les encomienda una misión para toda la vida, y les manda que hagan discípulos. Así que este método relacional es uno de los mejores. Es una pena que la mayoría de iglesias lo hayan abandonado y sustituido por los libros y los seminarios.

  1. El único requisito para poner en práctica estos métodos es la motivación.

Con una buena motivación, casi cualquier iglesia les podría sacar partido. He creído que sería útil ver cómo están cubriendo el área de Apologética algunas iglesias que, en la actualidad, están experimentando un rápido crecimiento. Me estoy refiriendo a las Community Churches (Iglesias de Comunidad) de Norteamérica y a las New Churches (Iglesias Nuevas) de Gran Bretaña. ¿Cómo enseñan Apologética?

La mayoría de ellas tienen un curso intensivo de seis semanas, que normalmente está relacionado con el proyecto de abrir una nueva iglesia en una zona vecina. La primera semana se tocan temas como «la relación personal con Dios», «la alabanza», «cómo trabajar de forma interdependiente en un grupo pequeño», y «el ministerio recíproco/ mutuo». Se tratan los problemas que pueda haber y se intentan resolver. La enseñanza sobre la naturaleza del evangelio ocupa una parte importante, y también sobre cómo iniciar una conversación en situaciones diferentes y cómo enfrentarse a las objeciones más comunes que la gente nos hace. También enseñan algo sobre habilidades de dirección, sobre cómo explicar la experiencia espiritual personal de una forma atractiva y sencilla, haciendo gran énfasis en no utilizar lenguaje religioso.

Son cursos muy participativos y prácticos. Y para hacer participar a la gente hacen ejercicios como continuar una frase de este estilo –«Deberías ser cristiano porque…»– como si estuvieras hablando con un no creyente; o imaginarte que alguien se te acerca y te dice: «Me he dado cuenta de que eres diferente, y creo que eso se debe a que eres cristiano. ¿Por qué?». ¡Esta persona está claramente dispuesta a escuchar lo que tengas que decirle!

Pero, ¿podrías llevar a alguien así a Cristo? Los jóvenes que asisten a estos cursos intensivos aprenden a hacerlo, cosa que muchos que llevan años asistiendo a la iglesia no sabrían hacer. El secreto está en aprender a hacerlo haciéndolo. Así es como los grandes artistas y artesanos de la Edad Media enseñaban a sus aprendices. De hecho, los pastores o clérigos también aprendían a través de este método. Y así es cómo los judíos enseñaban: el rabí reunía a un grupo y hablaba con ellos, y les enseñaba todo lo que sabía.

Conclusión: ¿Por qué llevar la apologética a las calles?

Porque hay mucha gente que no entrará en el edificio de la iglesia. No sabrían qué hacer. No se encontrarían a gusto. Eso es lo que la mayoría de nuestros amigos no creyentes piensan cuando les invitamos a venir a la iglesia. Creen que la iglesia es para los miembros de la iglesia, para los que les gusta ese tipo de cosas. Si queremos que cambien de forma de pensar tenemos que salir de nuestros «castillos eclesiales» y mostrarnos tal y como somos y lo que creemos al aire libre, donde nos puedan ver.

Salir fuera de las puertas de la iglesia tiene ventajas enormes. Muestra a la vecindad que los cristianos estamos vivos, y que sabemos disfrutar de las cosas y pasarlo bien. También demuestra que no nos avergüenza hablar de Jesucristo, y que tenemos ganas de hablar de él sin tapujos. Así es como deben conocernos. Y además también mostramos que creemos en el ministerio activo, el compañerismo, y en razonar (y no «lavar el cerebro») con aquellos con lo que queremos compartir nuestra fe. Muchos, al ver esto, querrán saber más.

Adaptado de: Michael Green, «Apologética en la vida de la iglesia», en ¿Cómo llegar a ellos?: Defendamos y comuniquemos la fe cristiana a los no creyentes, ed. Nelson Araujo Ozuna et al., trans. Dorcas González Bataller (Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie, 2003), 182–188.

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Sobre el autor. 

michael208101010Michael Green (1930-), es un pastor, teologo y apologista cristiano británico, autor de mas de 50 libros. Realizo estudios en Oxford University (BA; BDiv; MA); Archbishop of Canterbury (DMin); University of Toronto (PhD). Fue ordenado al ministerio en 1957, y desde entonces ha estado involucrado en ministerio pastoral en Inglaterra y Canada. Fue nombrado canon maestro de  honor en la Catedral de Coventry, y ha ocupado las cátedras de teologia en London College of Divinity (1960-1969), Decano de St. Aldate’s Church (University of Oxford, 1975-1986), para luego servir como profesor de Evangelismo y Apologetica en Regent College, Vancouver Canada, (1987-1992). A pesar de haberse retirado oficialmente de la vida academica, en la actualidad sirve como Asociado Principal de Evangelismo y Apologetica en la escuela Wycliffe Hall de la Universidad de Oxford desde 1997. Vive en Abingdon, Oxford, Inglaterra, junto con su esposa Rosemary, con quien tiene cuatro hijos adults: Jonathan, Tim, Sarah y Jenny. Green es conocido mundialmente por sus obras de apologética y avance en el campo de investigación de la misma. Green ha buscado durante toda su vida equipar a la Iglesia para la defensa y proclamación del Evangelio. Es autor de mas de 50 libros especializados sobre el tema, así como comentarios, libros de teología, etc., incluso se ha escrito una biografía sobre su persona, debido a la gran influencia que ha tenido en su campo. Entre sus libros (en ingles) se  cuentan: ‘Llamado a Servir’ (Called to Serve, 1965); ‘Evangelismo en la Iglesia Primitiva’(Evangelism in the Early Church, 1970); ‘Comentario a Segunda de Pedro y las Epístola de Judas’, (Second Epistle of Peter and the General Epistle of Jude, 1987); ‘El Bautismo’, (Baptism, 1987); ‘No todas las religiones llevan a Dios?’ (But don’t all religions lead to God?, 2002); entre muchos otros.