A menudo al enseñar una clase de historia, ya sea en un seminario o iglesia local, casi siempre hay alguien que pregunta: “Pero, ¿Cuál es la utilidad de estudiar la historia de la Iglesia si sabemos que nuestra Iglesia viene directamente de los apóstoles?” En la mente de muchos creyentes es como si se encontraran en el primer siglo, y su Iglesia o denominación en particular, sea la primera en formarse. Sin embargo, hay una noción oculta también detrás de esta afirmación: Si mi Iglesia o denominación en particular es la única verdadera y apostólica, eso quiere decir que ninguna otra lo es. Por lo cual todas las demás son en el mejor de los casos Iglesias Impuras y en el peor de los casos Iglesias falsas y heréticas.

¿Dónde yace el problema?

El problema con tal afirmación ‘Mi Iglesia o denominación en particular desciende los apóstoles’ no es solamente que no está basada en una correcta comprensión de la historia, sino también es peligrosa. La primera indicación de que una Iglesia van en camino en convertirse en una secta es clamar tener una pureza, ya sea en su pedigrí histórico o en su teología, que todas las demás no tienen. Esta fue justamente lo afirmado por la Iglesia Católica Romana en el siglo XV, y lo que en parte causo la respuesta de los Reformadores hacia la misma: El Cristianismo verdadero es más grande que la Iglesia Católica Romana y la autoridad final se encuentra en la Escritura solamente y no en una interpretación en particular de la misma, ya sea Papal, Pentecostal o Bautista.

A todos mis hermanos protestantes, lamento decepcionarnos. No existe una denominación en particular que venga directamente de los apóstoles. Sino que más bien donde hay el cumplimiento de ciertas características,[1] es que se manifiesta visiblemente en una congregación local aquella congregación Universal llamada Iglesia del Señor. Aunque ha habido intentos a lo largo de la historia de diferentes denominaciones de reclamar un pedigrí directo de los apóstoles, ya sea Bautista con el libro ‘El Rastro de la Sangre’,[2] o Pentecostal, etc. tales afirmaciones carecen completamente de evidencia histórica sólida, y son en el mejor de los casos intentos fallidos de recrear la historia de la Iglesia de acuerdo a una denominación protestante en particular, y en el peor de los casos un artimaña para justificar prácticas y enseñanzas que contradicen directamente la enseñanza de las Escrituras.[3] Es que el punto no es justificar una creencia en la historia, casi todo se puede justificar históricamente. Por ejemplo, no hay doctrina que sea más cardinal, central, vital y esencial para el Cristianismo que la de la Trinidad. Es lo que está en la esencia misma del Cristianismo. Sin embargo, desde el inicio de la Iglesia ha habido personas que han negado la divinidad del Hijo, juntamente con la doctrina de la Trinidad. El hecho de que alguien pueda justificar una creencia de manera histórica no lo convierte en correcto o cristiano.

Quisiera dar dos razones en este artículo y una tercera en uno próximo, por las cuales es importante que como Iglesia Evangélica Protestante Latinoamericana estudiemos nuestra historia:

Para tener un horizonte histórico.

“Somos como enanos sentados en los hombros de gigantes. Gracias a ellos, vemos más lejos que ellos. Ocupándonos en la lectura de los tratados escritos por los antiguos, tomamos sus pensamientos más selectos, enterrados por el tiempo y la desidia, y los traemos de regreso, por decirlo así, de la muerte a la vida”. Peter de Blois (m. 1212)

La historia provee no solamente un horizonte para ver el pasado, sino también para ver el futuro. El filósofo Hans-Georg Gadamer argumenta que una persona sin un horizonte va a tender a sobre-evaluar de manera positiva su propio presente. Mientras que tener un horizonte histórico nos capacita para poder tener una mejor claridad sobre lo que está cerca o lejos, así como lo que es grande o pequeño.[4]

El pasado es como visitar un país extranjero, con un idioma y cultura diferentes. Aunque al inicio nos parecerá desorientador, mientras más tiempo se pase en ese país, no solamente llegaremos a comprenderlo mejor, sino que también llegaremos a un mejor entendimiento de nuestro país y cultura de origen. Es imposible tener un entendimiento adecuado del presente sin tener un horizonte histórico a través del cual observarlo.[5] Tal es la importancia de un correcto entendimiento del pasado que es virtualmente imposible tener un entendimiento adecuado del presente sin el mismo. Pero no solamente esto, sino que también es imposible poder trazar un rumbo certero hacia el futuro a menos que el mismo este fuertemente engranado en el pasado.

Debemos también ser conscientes que lo que yace en la raíz misma de las diferencias principales en la Teología Sistemática de las varias ramas del Cristianismo es una diferente interpretación de la Historia. Es una desgracia realmente penosa, caminar en una librería evangélica y encontrar las obras traducidas completas de Paul Tillich, un liberal que no creía en la supernaturalidad de las Escrituras, o las de Joel Osteen, un predicador de un evangelio falso de prosperidad, y no encontrar ni una de las obras completas de Jonathan Edwards. Esta es la tragedia. No estoy diciendo que estudiar a Tillich o algún otro filosofo no sea importante, pero su importancia es mínima en comparación al estudio de nuestra propia tradición Cristiana Evangélica Protestante. A menos que como Iglesia podamos recuperar nuestro legado histórico, entonces nuestro futuro como Iglesia es sombrío.

Es tal la importancia de recordar continuamente nuestra historia, no solo de manera personal sino también colectiva, que en casi cada página de las Escrituras se menciona este concepto. Guardando las distancias del caso, Pablo exhorta a los Cristianos del Nuevo Pacto a aprender las lecciones del Pueblo de Israel en la Historia de la Redención:

“Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos.” 1 Corintios 10.11

El Teólogo Pentecostal Gordon Fee menciona sobre este verso:

“En esta oración uno capta un sentido de la opinión de Pablo, de que ni los acontecimientos históricos ni el relato consignado en la Escritura son simplemente historia ni textos bíblicos aislados; más bien, detrás de todas esas cosas se hallan los propósitos eternos del Dios viviente.”[6]

Para un correcto desarrollo de nuestra Identidad Evangélica Protestante Latinoamérica.

El Protestantismo Evangélico Latinoamericano tradicionalmente se ha definido y ha hallado su identidad por negación. Es decir que se ha visto a sí mismo como “en oposición a” o “contrario a” etc.[7] Basta con ver algunas confesiones de Iglesias locales como ejemplo de lo que me refiero: “Me defino como No Católico, No Carismático (O Bautista o Pentecostal o cualquier otro), No Continuista, etc.” Hemos heredado en muchos casos peleas y controversias heredadas de las misiones que fundaron nuestras iglesias. Como Pablo Deiros menciona:

“Generalmente, estos elementos divisivos no han respondido a necesidades auténticas del pueblo evangélico en el continente, sino más bien a compromisos divisivos importados del extranjero.” [8]

De la misma manera que un ser humano adquiere su identidad por una conversación y en relación con sus padres, una comunidad adquiere su identidad en relación con la historia que le ha precedido. Nuestra identidad como personas está directamente ligada a nuestro entendimiento de nuestro pasado.[9] Memoria e identidad son inseparables, una sola unidad indivisible. Hacia donde voy está directamente ligado con de dónde vengo. Esto se puede ver, por ejemplo, en una persona que sufre Alzheimer. No es solamente una pérdida de datos y fechas, sino que más bien es una perdida completa de su identidad como persona, de lo que es. La pérdida de su pasado no solamente represente una capacidad para poder comprender el presente, sino que le corta de cualquier posibilidad de proyección hacia el futuro. En este sentido el historiador Carter Lindberg señala:

“La pérdida de la memoria no es solamente la ausencia de ‘fechas y datos’; sino que más bien es la perdida de la identidad, familia, amigos, y verdaderamente de todo aquello que le da el significado a la vida”.[10]

A nivel Iglesia, ocurre algo muy similar. Si la perdida de la memoria es la perdida de la identidad personal, entonces la perdida de la historia de una Iglesia es la pérdida de su identidad como tal. Sí, es cierto, que de manera individual nuestra identidad esta en Cristo, pero de manera colectiva se encuentra en su cuerpo, es decir la Iglesia, la misma que visiblemente se ha manifestado desde el día de Su ascensión a los cielos y por más de 2000 años. Una vez más Lindberg señala;

“Si no conocemos nuestra historia personal y comunal, entonces somos como niños, fácilmente manipulados por aquellos que usan el pasado para sus propios propósitos personales”.[11]

Este ha sido exactamente el caso de la Iglesia Latinoamericana. La Iglesia Latinoamérica no ha sido solamente teológicamente huérfana, sino también históricamente. De la misma manera que un huérfano busca por padres adoptivos, la Iglesia ha buscado en corrientes del mundo, marketing, teología modernista, entre otros, aquello que no ha hallado en su propia tradición evangélica protestante.

Conclusión.

El Reformador, mano derecha de Lutero, Philip Melancthon menciono,

“La existencia humana sin un conocimiento de la historia no es otra cosa que una perpetua niñez, esto es, una permanente oscuridad y tinieblas.”[12]

El peligro de una falta de identidad histórica como Iglesia solo traerá un caos cismático multiplicando de manera desenfrenada las iglesias y denominaciones dentro del Protestantismo haciendo prácticamente imposible el trabajo en unidad. Hará que cada vez más un mal concepto de “Interpretación Privada” junto con la idea de interpretación bíblica de “Solamente yo, mi Biblia y El Espíritu que me guía”, produzca un sin número de herejías y anomalías que cada vez son más comunes en el Evangelicanismo Latinoamericano. El punto es que mientras más alejados estemos de nuestras raíces históricas mayor será el riesgo de herejía. Cada vez más la ‘Sola Scriptura’ de la Reforma, la autoridad suprema de las Escrituras (Interpretadas no de manera privada sino a la luz de la Iglesia Global), será reemplazada por la autoridad interpretativa cuasi papal de apóstoles evangélicos.

Sin embargo, nuestros padres no son misioneros americanos, de tal manera que como hijos pequeños debamos imitar todo lo que hagan. Tampoco teólogos-filósofos liberales que negaban la supernaturalidad de las Escrituras, la resurrección de Cristo, etc. No, tampoco nuestros padres no son figuras políticas o revolucionarias que tan común han sido en Latinoamérica en especial en relación a la Teología de la Liberación, que hasta han tenido el desparpajo de clamar a Lutero como suyo propio. ¡No! Sino que más bien nuestra identidad evangélica protestante se halla directamente ligada, anclada en la Reforma y Post-Reforma, y a través de ellos en conexión con la Iglesia por los siglos como un todo. Tal cual hermanos en una gran familia, aunque con características diferentes, pero con mucho en común; Luteranos, Presbiterianos, Bautistas, Anglicanos y Pentecostales (y todas las mezclas entre ellos!), debemos regresar los Lutero’s, Calvino’s, Bunyan’s, Owen’s, y Wesley’s[13]. Solo entonces podremos hablar de ‘Sola Scriptura’ de la manera como ellos lo hicieron.

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por, Daniel Caballero.

Acerca del autor:
Daniel CaballeroDaniel Caballero nació en Lima, Perú. BSc. Universidad Nacional Agraria La Molina. BA, Seminario Teológico Bautista (Lima); Postgrado en Teología, The London Theological Seminary (Londres), ThM-Teologia Histórica., Westminster Theological Seminary (PA-USA). Esta por iniciar estudios doctorales en Inglaterra sobre Historia de la Reforma (siglo XVI) y Post-Reforma (siglo XVII). Especialización en John Owen y Puritanismo ingles. Daniel ha escrito numerosos artículos sobre puritanismo, teología bíblica y cultura. Su campo de especialización es en estudios de la Reforma y Post-Reforma (Puritanismo). Ha vivido por casi cinco años en Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de profundizar estudios Teológicos. Es misionero enviado de Inglaterra para el servicio en desarrollo de educación teológica en Perú. Actualmente vive en Lima, Peru. Tiene experiencia desde muy joven en educación teológica.

Notas:

[1] La Administración adecuada de los Sacramentos (Ordenanzas), la Predicación de la Palabra de Dios y la Disciplina Bíblica.

[2] J.M. Carroll, ‘El rastro de la sangre’.

[3] Por ejemplo, sectas como ‘Los Testigos de Jehová’, pueden clamar historicidad de algunas de sus enseñanzas en la Iglesia temprana en el Arrianismo, o lo extremos más díscolos del Cristianismo en relación a la autoridad en la práctica de la profecía por sobre la Escritura en personajes como Montano y el Montanismo.

[4] Hans-Georg Gadamer, Truth and Method (New York: Continuum, 1975), 269, 272.

[5] Fernand Braudel, “History and the Social Sciences”, in Peter Burke, ed., Economy and Society in Early Modern Europe. (New York: Harper & Row, 1972), 11-42.

[6] Gordon D. Fee, Primera Epístola a los Corintios (Grand Rapids, MI: Nueva Creacion, 1994), 520.

[7] Samuel Escobar, “El reino de Dios, la escatología y la ética social y política en América Latina,” in René Padilla (ed.), El Reino de Dios y América Latina. (Casa Bautista de Publicaciones, 1975), 131–134.

[8] Pablo A. Deiros, Historia del Cristianismo: El testimonio protestante en América Latina, 1a ed., vol. 6, Formación Ministerial (Buenos Aires, Argentina: Ediciones del Centro, 2012), 268.

[9] Gordon Leff. History and Social Theory. (New York: Doubleday Anchor, 1971), 115.

[10] Carter Lindberg, The European Reformations, 2nd ed. (Malden, MA: Wiley-Blackwell, 2010), 2.

[11] Ibid, 3.

[12] Ibid, xiv.

[13] Los nombres son representativos de un grupo de teólogos dentro de Tradición Evangélica Protestante como un todo, Lutero por el Luteranismo, Calvino como un proto-Presbiterniano, John Bunyan como Bautista, John Owen en relación al anglicanismo y John Wesley como un proto-Pentecostal. Obviamente hay muchísimos más.