Aspectos positivos de la democracia

Debemos señalar aquí cuáles son los aspectos de la democracia que se han de valorar desde un punto de vista cristiano.

Por una parte podemos mencionar la división del poder entre varias ramas de gobierno y entre un número amplio de personas. Si tomamos en serio la caída del hombre, entonces hay cierta ventaja en no concentrar todo el poder en manos de uno solo o de unos pocos. El equilibrio de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) así como el número de personas que representan a la ciudadanía deben ser alguna garantía contra el abuso y la arbitrariedad en el ejercicio del poder político.

Por otra parte, en el mejor de los casos, la democracia pretende dar expresión a la ley como máxima autoridad en el estado. En el Antiguo Testamento, tanto el rey (Dt. 17:19, 20; 1 R. 2:3) como el israelita común estaban bajo la ley. En nuestro caso actual la ley de que hablamos es una ley humana y falible, pero se procura mantener el principio de que nadie queda exento del régimen de la ley.

Deuteronomio 17:19–20 “La tendrá consigo [La Ley] y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor su Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos y no se desvíe del mandamiento ni a la derecha ni a la izquierda, a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel.

Podemos anotar aquí también que la democracia moderna amplía las formas en que el ciudadano puede participar en la política. Fácilmente reducimos la política a la política electoral y la ocupación de curules y puestos en la vida pública. Se descarta la importancia de otras formas de hacer política, como pueden ser, por ejemplo, los medios de comunicación.

Una de las cosas que más falta le hace al pueblo evangélico en Colombia es un órgano –periódico, revista o lo que sea– que permita una reflexión sobre la vida pública, los acontecimientos políticos, actualidades, etc., y que pueda servir de foro abierto para ir fraguando una perspectiva responsable frente al quehacer político.

En cierto sentido esto debería constituir el paso previo a la participación en la política electoral. Es allí, en el periódico cristiano donde se elaboraría un programa político y proyectos concretos que luego se pueden promover desde el puesto que se llegue a ocupar. Necesitamos centros de investigación y reflexión, foros de debate y diálogo, espacios para articular un aporte serio a la vida nacional. Eso también es hacer política.

Aspectos negativos de la Democracia: La tendencia totalitaria de la democracia moderna

Antes de entrar en el tema de la participación del cristiano en la política (electoral), queremos terminar estas observaciones sobre la democracia con una advertencia en cuanto a la tendencia totalitaria de la democracia moderna. El estado moderno es como un pulpo cuyos tentáculos invaden todo aspecto de la vida del ciudadano. Y lo hace con la justificación de que está buscando el bien del ciudadano. Hablamos ahora de los derechos humanos que forman la base de nuestra democracia y su estructura legal. Resulta que es el estado el que tiene que garantizar el cumplimiento de estos derechos. Así el estado interviene cada día más en la vida del ciudadano con leyes, decretos, licencias, impuestos, etc. para cumplir con su deber. Este estado moderno cuasi-totalitario –que no deja escapar casi nada de su control –ejerce todo su poder para bien del ciudadano, en pro del bien común.

Unos ejemplos de la realidad colombiana nos ubican:

  • El ciudadano tiene derecho a la salud. Entonces el estado promulga la ley 100 para que todo el mundo se afilie a una Entidad Promotora de Salud –y pague por el servicio.
  • Todos tienen derecho a la educación. El estado obliga a todos los menores a recibirla; fija el contenido del currículum; obliga a las entidades privadas a tratar de suplir el gran faltante de colegios; y luego cobra por el servicio.

Todo derecho produce leyes. Toda ley impone obligaciones, limitaciones, impedimentos y complicaciones. Y todo es para el bien del ciudadano, para defender sus derechos.

Lo peor de esta situación es que la hemos aceptado, sin cuestionar, como un bien y como algo inevitable.8 Pocos cristianos hoy en día se cuestionan si es justo encomendar la educación de sus hijos (tarea que Dios ha encomendado a los padres, según la Biblia) a instituciones que funcionan de acuerdo a normas establecidas por el gobierno. Y esto no es sino un pequeño ejemplo de las muchas formas en que el estado invade la vida de los ciudadanos. Cualquier político cristiano debe cuestionar la validez de esta presunción del estado.

La dificultad para el cristiano estriba en que Romanos 13 se ha interpretado a menudo como un mandato para el hombre someterse a las autoridades en todo lo que mandan. Las autoridades han sido establecidas por Dios para vigilar sobre la justicia en la sociedad, tienen derecho a llevar la espada, es decir a usar la fuerza coercitiva, y a cobrar impuestos. Además, las autoridades son «soberanas» en el sentido de que no le corresponde al ciudadano particular levantarse en oposición a las autoridades. Ellas tienen que responder ante Dios por su cumplimiento o incumplimiento con la tarea que Dios les encomendó.

Romanos 13:1–2 Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos.

Es bueno reconocer que Romanos 13 habla concretamente de la administración de la justicia, y que hay otras áreas de la vida donde el hombre es directamente responsable a Dios, y no al estado. Por ejemplo, la forma de llevar el matrimonio, la crianza y educación de los hijos, etc. es un área en que la persona es responsable directamente delante de Dios, y no delante del estado. La forma como el pastor cumple con sus deberes en el ministerio es un área en la cual es responsable delante de Dios y delante de su congregación, pero no delante del gobierno. Y así hay un número importante de áreas –la educación, la ciencia, el arte, el trabajo, etc.–, en las cuales el ser humano responde a Dios.

Conclusión.

El estado, en su función de guardián de la justicia, puede intervenir en tales áreas si se trata de injusticia manifiesta o de perjuicio para otras personas u otras áreas de la vida, pero la Biblia no le concede ningún derecho para orientar o controlar tales áreas de la vida.9

Adaptado de: Theo G. Donner, Fe y posmodernidad: Una cosmovisión cristiana para un mundo fragmentado (TERRASSA (Barcelona) España: Editorial CLIE, 2004), 127-129.

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Sobre el autor:

theo-donnerEl Dr. Theo Donner nació en Amsterdam en 1955, aunque se crió y estudio en Luxemburgo. Se convirtió al cristianismo a los 17 años de edad y dos años más tarde, en 1974, se fue a Edimburgo, Escocia, para estudiar teología en el New College. En 1978 se graduó en Divinidades y en 1983 obtuvo su doctorado en la Universidad de Cambridge, Inglaterra. Ese mismo año marchó a Colombia como profesor de Teología Histórica en la Facultad del Seminario Bíblico de Medellín, cargo que sigue ejerciendo actualmente. Entre 1999 y 2001 fue rector en dicha universidad. Casado desde 1975 con Sonja Forsyth, han sido bendecidos con cinco hijos. Theo es autor de varios libros en español, entre los cuales se incluyen: “Fe y posmodernidad: Una cosmovisión cristiana para un mundo fragmentado”; “La Soberanía de Dios y la Responsabilidad del Hombre”, entre otros.

Notas:

8 Ver C. S. Lewis, «Willing slaves to the Welfare State», Undeceptions (London: Geoffrey Bles, 1971), pp. 159ss.

9 Lo que acabamos de afirmar se ha descrito con el término «soberanía de esferas». Ver H. H. Meeter, La Iglesia y el Estado (Grand Rapids: The Evangelical Literature League, sin fecha), pp. 173ss. y A. Kuyper, Lectures on Calvinism (1931, Grand Rapids: Eerdmans, 1976), pp. 90ss. El concepto del estado en el modelo de la «soberanía de esferas» está en contraste directo con el concepto aristotélico que mira el estado como la suma de las esferas sociales. Este último es el concepto que predomina en Colombia. Sobre esta temática, ver Apéndice.