Cristo y Evangelio

6 elementos esenciales de la Salvación, por R.C. Sproul

Cuando yo era un niño y jugaba en el patio, mi madre me llamaba para que entrara diciendo: “R. C., ven a comer”. Ella lo decía un par de veces, pero luego, si yo me tardaba demasiado y ponía a prueba su paciencia, decía: “Jovencito, entra a la casa inmediatamente”, enfatizando cada sílaba de esa palabra. Cuando lo oía, ya sabía que tenía que entrar a casa sin demora.

En teología, decimos que la regeneración es inmediata. Con ello estamos comunicando que la regeneración es instantánea; que ocurre en un instante. Pero en este caso, el significado de la palabra inmediataexcede lo temporal. Decir que la regeneración es inmediata significa también que ocurre sin medios, sin la intervención de algún medio.

LA REGENERACIÓN ES INSTANTÁNEA

Anteriormente recalqué que mi experiencia de conversión fue repentina. Sin embargo, otros tienen experiencias de conversión muy graduales, extendidas; puede que ni siquiera sepan en qué año se hicieron cristianos. Ellos dicen: “No sé cuándo sucedió. Fue algo gradual que ocurrió en el transcurso de varios años”. ¿Cómo puedo afirmar entonces que la regeneración es instantánea? La clave está en la forma en que uso la expresión experiencia de conversión. Me estoy refiriendo a aquello de lo cual estamos conscientes. Puedo decir que mi percepción del hecho de volverme cristiano fue repentina, abrupta e instantánea. En tanto que otra persona puede decir: “Yo solo tuve una percepción gradual”. Entonces podemos distinguir entre nuestra percepción personal de lo que Dios está haciendo en nuestro interior, y la acción propiamente tal.

En la década de 1980, hubo una película llamada Cocodrilo Dundeeque seguía las aventuras de un hombre del interior de Australia que visitó la ciudad de Nueva York. Al llegar a Nueva York, lo encontró una periodista que le preguntó: “¿Qué edad tiene usted?” Él respondió: “No lo sé”. Ella le dijo: “¿No sabe? ¿Cómo es que no sabe?” Él contestó: “Bueno, yo le pregunté al jefe de la tribu que me conoció cuando yo nací. El jefe me dijo: ‘En el verano’ ”. Así que Cocodrilo Dundeeno sabía cuándo había nacido exactamente. ¿Pero significaba eso que no tenía una fecha de cumpleaños? No, por supuesto que no. Hubo un momento cuando él no había nacido y hubo un momento cuando nació, y el cambio de un estado al otro sucedió instantáneamente (o casi). Solo que él no sabía cuándo había sucedido. Del mismo modo, hay mucha gente que no sabe cuándo nació de nuevo.

Entonces, una persona puede que no tenga conocimiento de cuándo o cómo llegó a ser nacido de nuevo. Pero no es importante saber cuándo o cómo uno llegó a ser cristiano. Lo único que importa es si uno hanacido de nuevo. Esta es una genuina situación de “o lo uno o lo otro”. O estás espiritualmente muerto, o bien estás vivo para las cosas de Dios. O has sido regenerado o no lo has sido. No existe un estado intermedio. Es como el embarazo: nadie está casi embarazada. de la misma manera, nadie está casi regenerado. O lo estás o no lo estás.

LA REGENERACIÓN OCURRE SIN UN MEDIO

Así que la regeneración es instantánea. Pero cuando digo que la regeneración es inmediata, estoy diciendo algo más. Estoy diciendo que cuando Dios te entrega vida espiritual, no utiliza ningún medio para hacerlo aparte de sí mismo. Cuando un doctor trata la enfermedad de una persona dándole una prescripción, la medicina es el medio que utiliza para producir la recuperación. Pero la cura para la muerte espiritual, la regeneración, no se administra en dosis. El Gran Médico cura de inmediato.

El Evangelio de Marcos incluye un impactante relato de una curación que realizó Jesús. No es un ejemplo de sanidad inmediata, sino de una sanidad que utilizó un medio. Leemos: “Llegaron a Betsaida, y le trajeron un ciego y le rogaron que lo tocara” (8:22). Era evidente que este ciego tenía amigos que se preocupaban por él, y como habían oído acerca de los milagros de Jesús, resolvieron llevar a su amigo a Jesús. Ellos querían ver al ciego beneficiarse del poder sobrenatural de Jesús.

Jesús hizo algo extraño: “Tomando de la mano al ciego, lo sacó fuera de la aldea” (v. 23a). Imagina la escena. Generalmente alguien venía a Jesús y decía algo como esto: “Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí”, y cuando Jesús lo oía, respondía: “Lo haré; vete en paz”. En otras palabras, Jesús simplemente sanaba a la persona en el acto. Pero en este caso, Jesús alejó al hombre de la muchedumbre para que su curación no fuese un espectáculo público. Además, Jesús le tomó la manopara sacarlo. La gracia jamás fue más amorosa que esto— el Dios encarnado tomando a un ciego de la mano y llevándolo a un lugar privado para sanarlo. Qué gran preocupación tuvo Jesús por la dignidad de este hombre. Me pregunto cuántas veces lo habrían guiado sus amigos. Había tenido que confiar en otros para que lo guiaran. Piensa cuán indefenso se encontraba en esas situaciones. Pero ahora era conducido por Jesucristo. Jamás en su vida había tenido un guía más confiable.

Luego Marcos añade: “y después de escupir en sus ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó: ¿ves algo?” (v. 23b). Recién hice hincapié en que Jesús hizo lo posible por proteger la dignidad de este ciego. Sin embargo, en cuanto lo tuvo lejos de la multitud expectante, le escupió los ojos. En nuestra cultura, eso sería un gesto de insulto con la intención de humillar. Pero obviamente esa no era la intención de Jesús. Cuando Jesús escupió en los ojos del ciego y puso sus manos sobre él, se estaba comunicando con el hombre a través del tacto.

Esta historia es similar a un relato en Juan 9, que también dice que Jesús sanó a un ciego utilizando saliva. En esa ocasión, sin embargo, no escupió en los ojos del hombre; en lugar de ello, mezcló saliva con tierra e hizo barro, luego puso algo de ese barro en los ojos del hombre para curarlo.

¿Qué estaba sucediendo en estos casos? ¿Estaba Jesús usando remedios caseros para curar la ceguera que le había enseñado su madre en Nazaret? No, no había un poder terapéutico especial en la saliva o el barro. No tengo idea de por qué Jesús usó estos métodos, pero dadas las innumerables curaciones que Jesús realizó sin tales medios, yo sé que él no necesitaba saliva ni barro para devolver la vista a esos hombres. El poder para conceder la vista no estaba en los medios, si bien Jesús utilizó medios en ambos casos. La eficacia estaba en el poder de Dios que residía detrás de los medios.

Lo que sucedió fue extraño. Jesús escupió en los ojos del ciego, le puso las manos encima y le preguntó: “¿Puedes ver algo”? El hombre le respondió: “veo a los hombres, pero los veo como árboles que caminan” (Marcos 8:24).

Este es un avance notorio: el hombre no podía ver nada que camine antes de su encuentro con Cristo. Este hombre había estado completamente ciego. Ahora al menos veía formas vagas y borrosas en movimiento. ¿No debería el hombre haberse contentado con eso?

Yo nunca he visto hombres que parecen árboles, pero he visto árboles que parecen hombres. Había un enorme encino detrás del almacén Wiegel’s cuando yo era niño, y cada noche, después de que oscurecía, a la luz de la luna, yo tenía que tomar el camino entre los árboles detrás del almacén para llegar a mi casa en la calle McClellan. Cada noche yo levantaba la vista y veía la silueta de ese inmenso árbol, que parecía que tenía cien brazos amenazadores que intentaban agarrarme. Yo solía pasar corriendo junto a ese árbol porque se veía como un hombre— un hombre particularmente grotesco y amenazante. Pero nunca he visto un hombre que parezca un árbol.

UN SEGUNDO TOQUE

¿Qué pasó después? “entonces Jesús puso otra vez las manos sobre sus ojos, y él miró fijamente y fue restaurado; y lo veía todo con claridad” (v. 25). Con este segundo toque de Jesús, la visión de este hombre quedó completamente restaurada.

El punto de esta historia no es enseñarnos acerca de la regeneración. La idea es simplemente dejarnos el registro de un hecho histórico que mostró el poder de Cristo al sanar a un hombre que padecía de ceguera. Pero creo que aquí hay algunos principios que podemos tomar. Creo que hay una analogía legítima para la vida cristiana que se puede tomar de este relato.

En primer lugar, la regeneración no es gradual. No se necesitan dos toques de Jesús para cambiar el corazón de un ser humano de piedra a carne. No se necesitan dos toques del dedo de Dios para dar vida de la muerte. Basta con uno.

¿Pero has notado que cuando nacemos de nuevo, cuando somos despertados espiritualmente, no somos curados de forma instantánea de todo pecado? Una vez más, el nuevo nacimiento es el comienzo, pero todavía llevamos este cuerpo de muerte que lucha y patea contra la vida que el Espíritu de Dios ha creado en nuestro interior. Espiritualmente, cuando nacemos de nuevo, lo que más podemos esperar al comienzo es ver hombres como árboles caminando.

En la época en que se puso de moda el eslogan “La encontré”, yo reaccionaba con un algo enojado cada vez que lo veía. Yo entendía lo que esa frase quería decir: la gente estaba diciendo que había encontrado la perla de gran precio, la mercancía más preciada en el universo. Sin embargo, cuando el Nuevo Testamento habla de buscar a Dios y el reino de Dios, se está refiriendo a los cristianos. La búsqueda de Dios, el anhelarlo, comienza en el nuevo nacimiento. Cuando un explorador encuentra una pepita de oro, ¿acaso deja de buscar? No, comienza a buscar con más energía que nunca, y busca en la misma área donde encontró la primera porque supone que donde hay una pepita debe haber más. De esa misma forma, cuando experimentamos la vida nueva, queremos más vida nueva. Queremos crecer. Queremos alcanzar la plenitud de la madurez.

El hombre ciego debe haber estado fascinado al ver hombres que parecían árboles caminando. Pero me lo imagino, diciendo con labios temblorosos: “Jesús, ya que estás aquí, ¿podrías tocarme otra vez? Porque me gustaría verlo todo”. Así que Jesús lo tocó nuevamente y todo se enfocó. Ahora podía ver hombres como hombres caminando y árboles como árboles meciéndose con la brisa. Ahora podía distinguir entre un hombre y un árbol, porque veía claramente.

EL CRECIMIENTO EN LA GRACIA ES MEDIADO

El Nuevo Testamento a menudo utiliza la ceguera como una metáfora para la muerte espiritual. Por analogía, la regeneración es algo así como recibir la vista. Estamos envueltos en tinieblas, pero la luz irrumpe en nuestras vidas y de pronto vemos la dulzura de las cosas de Dios y nos deleitamos en las cosas que están ocultas para aquellos que no reconocen su belleza. ¿Tienes amigos que simplemente no comprenden por qué estás tan fascinado con tu fe? Es que ellos no pueden verlo. No pueden comprenderlo. Ellos no perciben de lo qué estás hablando.

Pero aun nosotros no lo vemos perfectamente. Necesitamos que nuestra visión aumente. Cuando nacemos de nuevo, sin medios, solo por el poder soberano de Dios, eso es tan solo el comienzo. Luego comenzamos la vida de crecimiento espiritual.

Para ver con mayor claridad, ¿qué debemos hacer? No puedo llamar a Jesús para que venga y toque mis ojos una vez más — o más exactamente, mi corazón o mi alma. Sí, Él está presente por medio de su Espíritu, pero el crecimiento por el cual alcanzamos la madurez ocurre a través de medios que debemos usar. Es decir, el crecimiento espiritual no es inmediato, sino que es mediado. El crecimiento espiritual requiere del uso de lo que llamamos medios de gracia: la Biblia, la oración, la comunión y la participación en la iglesia.

¿Quieres crecer? ¿Quieres que tu visión sea más aguda? Entonces debes ser diligente y disciplinado en el estudio de la Escritura. Al estudiar el contenido de este libro, se aclararán tu visión y tu comprensión. Si vas a crecer en cercanía con Dios, tienes que comunicarte con Él, y eso requiere pasar tiempo en oración. Si quieres crecer en santificación, necesitas pasar tiempo con cristianos más maduros que tú y beneficiarte de la comunión de su compañía. Si quieres crecer en madurez como cristiano, tienes que involucrarte en tu iglesia. La membresía en la iglesia no es una opción para el cristiano. Cristo estableció su iglesia y ordena a su pueblo que sea parte de ella, porque la participación en la iglesia (asistencia, membresía, servicio, adoración) es un medio de gracia. Es un medio por el cual tu vida nueva se nutre para que puedas crecer.

NOSOTROS TRABAJAMOS Y DIOS TRABAJA

En suma, si quieres superar la confusión que todavía forma parte de tu joven vida cristiana, debes trabajar en ello. Hemos visto que la regeneración es monergista, una obra que es solamente de Dios. Pero el crecimiento en la vida cristiana es sinergista: trabajamos para ese fin junto con Dios. ¿Qué dice el Nuevo Testamento? “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12b). Este es un llamado a trabajar.

El paquete de la salvación consta de varias partes. Comienza con la regeneración (que es instantánea), pero hay una obra adicional que debe llevarse a cabo, y esa obra debe realizarse poniendo todo el empeño que nos sea posible. No podemos sencillamente irnos a dormir diciendo: “Dios, de forma soberana, me derribó del caballo en el camino a Damasco. Lo que Él lo comenzó, que Él lo termine. Voy a dejar que lo haga todo”. No; se nos llama a ocuparnos en nuestra salvación con temor, no en el sentido de intimidación, sino en el sentido de una cuidadosa diligencia.

A medida que trabajamos, sabemos lo siguiente: “porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito” (Filipenses 2:13). Debemos trabajar tal como Dios trabaja. De este modo, aquello que Dios comenzó en ti será completado. Jesucristo, quien te tomó de la mano, te guió, escupió en tus ojos, y te dio la vista para que vieras cosas que antes te estaban ocultas, te tocará una y otra vez para que tu comprensión de las cosas de Dios se vuelva más clara y más aguda. Pero tú debes trabajar junto con Él. Tu madurez cristiana alcanzará un nivel que está en directa proporción con tu disposición a trabajar en esta gran vocación.

Tomado de: R. C. Sproul, ¿Qué significa nacer de nuevo?, trans. Elvis Castro, vol. 6, La Serie Preguntas Cruciales (Poiema Lectura Redimida; Reformation Trust, 2017), 43-54.

Mas artículos del autor aqui.

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Acerca del autor:

r-c-sproul

Robert Charles Sproul (1939-2017). Westminster College, Pennsylvania (BA), Pittsburgh-Xenia Theological Seminary (M.Div.), Free University of Amsterdam (PhD), Whitefield Theological Seminary (PhD). Ha sido profesor de teologia en diversos seminarios en los Estados Unidos. Es un conocido teólogo y pastor americano, autor de muchos libros. Es fundador y director de “Ministerios Ligonier”, y conduce un programa de radio diario llamado ‘Renovando tu mente’. Sproul ha servido como pastor en la Iglesia de Saint Andrews en Florida (US). Actualmente trabaja con la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCA), y ha sido miembro también de la ‘Alianza de Evangélicos Confesantes’ (Alliance of Confessing Evangelicals). Es autor de mas de 100 libros, de los cuales estan disponibles en español; “Las Grandes Doctrinas de la Biblia” (1996); “Como estudiar e interpretar la Biblia”(1996); “Escogidos por Dios” (2002); “La Santidad de Dios” (1998); entre muchos otros.

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