Cristo y Evangelio

La verdad central del Evangelio: La Regeneración, por R.C. Sproul

La regeneración es el primer paso en la experiencia total de la redención a través de la cual Dios nos conduce. Cuando las personas dicen que han nacido de nuevo, a menudo piensan que su renacimiento es lo mismo que su nueva vida. Después de todo, el Nuevo Testamento dice que la persona que está en Cristo es una nueva criatura: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). El hecho de que alguien sea una nueva persona, una nueva creación, significa que tiene una vida nueva, pero su nueva vida no es lo mismo que su nuevo nacimiento. Más bien su vida nueva es el resultado de su nuevo nacimiento, del mismo modo que cada día de su vida es el resultado de su nacimiento físico. Todos nosotros tenemos un cumpleaños cada año, pero no nacemos cada año. El nacimiento ocurre una vez y señala el comienzo de nuestra existencia como persona en este mundo. Por lo tanto, hacemos una distinción entre el comienzo y la vida que fluye de ese comienzo, tanto en términos del nacimiento natural (físico) como con respecto al nacimiento sobrenatural (espiritual), que es descrito con el término regeneración.

Cuando vine a ser cristiano, me sentí estrechamente relacionado con 2 Corintios 5:17. Yo era una de esas personas que han tenido una conversión muy repentina y drástica. Durante los dos primeros meses de mi experiencia cristiana, yo estaba en una montaña rusa emocional con respecto a mi vida espiritual. Pasaba de un éxtasis espiritual a una profunda depresión espiritual. Era muy parecido a mi experiencia con el juego del golf. No sé cuántos miles de veces le he dicho a mi esposa: “Lo tengo. Descubrí el secreto. Nunca más voy a dar otro mal golpe en el golf. Nunca más voy a tener una mala ronda”. Eso dura unos dos días, y luego estoy buscando todo de nuevo, porque el éxito en el golf se va tan pronto como llega. Así fue mi experiencia cristiana los primeros dos meses. Pasaba de apogeos espirituales a una profunda sensación de ausencia de Dios, cuando volvía a caer en mis antiguos patrones de pecado.

Esta situación se mantuvo hasta que le pedí la ayuda a un pastor que me dio este sabio consejo: “Recuerda que tu nuevo nacimiento es tan solo el comienzo. El Nuevo Testamento dice que aunque quizá seas un adulto en cualquier otro aspecto (madurez, experiencia, educación), si tu experiencia cristiana es algo nuevo para ti, entonces, en términos espirituales, eres un bebé. Estás en tu infancia”.

Considera los patrones emocionales de los infantes. ¿Te has fijado lo cambiantes que son? Un bebé puede estar llorando estrepitosamente, pero si uno le dice “agú, agú” y llama su atención hacia algo, de pronto estará riendo. Pero a los diez segundos puede estar llorando de nuevo. Las emociones de un niño son así hasta que llega a un punto en que los altos y los bajos no son tan extremos. De la misma manera, en el crecimiento espiritual, solemos tener una tendencia en alza, en la que, con el tiempo, nuestros altos y bajos se vuelven menos severos. A medida que vamos madurando, nos asentamos en un patrón de espiritualidad más consistente.

Pero el nuevo nacimiento es meramente el punto de partida de este proceso que continúa hasta que seamos glorificados en el cielo. La lucha continúa desde el día del nuevo nacimiento hasta aquel día en el cielo cuando alcanzamos la plenitud de la madurez en Cristo.

Me molesta cuando escucho a predicadores bien-intencionados que, con la intención de convencer a las personas de las riquezas de la fe cristiana, dicen: “Ven a Jesús y se acabarán todos tus problemas”. Eso no es cierto. Mi vida no empezó a complicarse, sino hasta que me hice cristiano, porque solo entonces tuve que ir todos los días a la guerra entre las cosas de la carne y las cosas del Espíritu.

El conflicto es constante porque la capacidad para el mal que reside en el corazón de una persona regenerada casi no tiene límites. No debe impactarnos demasiado cuando vemos líderes cristianos caer en pecados graves. Tenemos el poder de una vida nueva, pero eso no borra automáticamente nuestras tendencias previas a la conversión (ver Gálatas 5:16–26; Romanos 6–7). La regeneración es tan solo el comienzo. Pero no es tan solo el comienzo— es elcomienzo. Es el comienzo más significativo que podrías tener.

EN OTRO TIEMPO ESTÁBAMOS MUERTOS

Quisiera llamar tu atención hacia algunos elementos muy importantes relacionados con el comienzo de la vida cristiana. Necesitamos ver de qué hemos sido regenerados. Al comienzo del segundo capítulo de su carta a los Efesios, Pablo escribe: “Y el os dio vida a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo” (v. 1–2a).

Todos tenemos valores. Todos tenemos una perspectiva, una percepción del mundo y una opinión de nosotros mismos. Todos tenemos preferencias. Tratamos de vivir según algún tipo de norma. ¿Cómo vives tu vida? ¿Cuál es tu estándar? ¿De dónde la sacaste? Lo que es más importante, ¿por quées tu estándar?

El apóstol declara algo como esto: “Antes de renacer, ustedes estaban muertos”. Desde luego que no está hablando de la muerte biológica. Este mensaje, esta carta, no se envió a una morgue. Se dirige a personas biológicamente vivas. Pablo está diciendo que los efesios y nosotros, en el pasado estábamos espiritualmente muertos. Éramos zombis espirituales, muertos caminantes. Estábamos biológicamente vivos, pero espiritualmente muertos.

¿De qué manera caminábamos? Pablo dice que caminábamos “según la corriente de este mundo”. Si uno corre una maratón con otros quinientos competidores y decide desviarse y seguir su propia ruta, no va a conseguir el premio, sin importar cuán rápido corra, porque no permaneció dentro de los límites –dentro de la trayectoria– de la carrera. Existe una ruta definida por donde se espera que corran los maratonistas. Pablo dice que antes de que fuéramos regenerados vivíamos la vida según la ruta que el mundo había establecido.

Nosotros los seres humanos tendemos a ser esclavos en nuestra adherencia al sistema de valores de nuestros pares, especialmente durante nuestra adolescencia. Los adolescentes tienden a ser muy conscientes de sus pares. Su frase repetitiva es “todos lo hacen”. Pareciera que en la noche pierden el sueño pensando si están al día con las últimas tendencias y modas. Por supuesto, al final de la adolescencia lo superamos, ¿no es cierto? Claro que no. Tendemos a permanecer conscientes de los banderines que señalan la corriente de este mundo. Dice Pablo que esa adherencia servil al curso que el mundo establece es la señal de una persona no regenerada.

No solo eso, Pablo también dice que vivimos “conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos desobediencia, entre los cuales también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (vv. 2b–3).

Esta es una de las descripciones más gráficas y detalladas que encontramos en toda la Escritura del estado moribundo, aletargado y mortal de una persona no regenerada. Tal persona está bajo la influencia del enemigo y busca la satisfacción de los deseos de la carne y los deseos del cuerpo y de la mente. No es una mera descripción del estilo de vida de criminales endurecidos o hedonistas declarados. Es la forma en que vive todo el mundo, sin excepción. El mundo entero vive normal y naturalmente según esta corriente caída.

PERO DIOS…

Toda esta descripción se enfoca en el comportamiento anterior al nuevo nacimiento. Es la palabra que viene a continuación en Efesios 2 la que nos lleva a la regeneración. Es una palabra que me fascina, porque captura y sintetiza todo el mensaje de la redención: pero. Pablo escribe: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por causa del gran amor con que nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia habéis sido salvados)” (vv. 4–5).

Pablo usa una palabra griega bastante difícil para referirse al nuevo nacimiento: suzóopoieó(dar vida junto con). Desde el punto de vista bíblico esta palabra significa hacer que eso viva. En el Credo de los Apóstoles decimos que cuando Jesús regrese va a juzgar “a los vivos y a los muertos”. Es un contraste entre los que están vivos y los que están muertos. Ese es el contraste que el apóstol ilustra aquí en Efesios. En otro tiempo estábamos espiritualmente muertos, pero Dios nos dio vida. Él hizo que viviéramos. Nos sacó del estado de muerte. El proceso por el cual lo hizo es la regeneración. Ese es el comienzo de la nueva vida.

Además, la regeneración es algo que Dios y solo Dios puede llevar a cabo. Un muerto no puede resucitarse a sí mismo. El único poder sobre la muerte en el universo es el poder de Dios. Solo Dios puede sacar algo de la nada y vida de la muerte. Un cadáver no puede hacer otra cosa que permanecer muerto. Nuestra vivificación, ese primer paso que nos trajo a una vida totalmente nueva y nos hizo nuevas criaturas, fue el resultado de un acto del Dios Todopoderoso.

Hay un par de palabras que no utilizamos en nuestro lenguaje cristiano cotidiano, pero son muy importantes para comprender la obra de Dios en la regeneración. Las palabras son monergismosinergismo. Quiero descomponer estas palabras para ayudarte a ver qué significan. El prefijo monosignifica “uno”, algo que es único. Un ergo es una unidad de trabajo. De esta raíz se deriva la palabra energía. Entonces si lo juntamos todo, monergismo significa literalmente “uno trabajando”. Una obra monergista es una en que una sola parte realiza la tarea. El prefijo sin significa “con” o “junto con”. Una obra sinergista, entonces, es una en que dos o más personas trabajan en conjunto para llevar a cabo una tarea. Un trabajo sinergista es un trabajo cooperativo.

¿De qué forma se aplica lo anterior a la teología y a nuestro análisis de la regeneración? El nuevo nacimiento espiritual es una obra monergista, no una obra sinergista. Como dije anteriormente, un muerto no puede cooperar en su resurrección. Jesús no fue a la tumba de Lázaro y dijo: “Lázaro, necesito que me ayudes a vencer las terribles consecuencias de tu reciente defunción”. Eso no es lo que le dijo a Lázaro. Lázaro estaba incapacitado y sin esperanza porque estaba muerto. Llevar a una persona de la muerte espiritual a la vida espiritual es algo que solo Dios puede hacer.

Después de que Dios nos trae a la vida, entonces debemos involucrarnos. Debemos creer, arrepentirnos, y buscar las cosas de Dios. Pero antes de que Dios nos traiga a la vida, no tenemos la capacidad de hacer esas cosas. Necesitamos que Dios tome la iniciativa para cambiar la inclinación de nuestro corazón, vivificando nuestra alma para que podamos responder aferrándonos a Cristo y corriendo hacia Él en arrepentimiento.

El punto es que la iniciativa es de Dios. La salvación es del Señor. Si has venido a ser cristiano recientemente, y estás tratando de comprender lo que te ha ocurrido, creo que es de vital importancia que entiendas este punto al comienzo de tu desarrollo cristiano, para que tengas una adecuada apreciación de la gracia de Dios establecida en el comienzo mismo de tu caminar con Él.

DIOS LOGRA LA REGENERACIÓN

Hace algún tiempo, se me pidió que hablara a una reunión de hombres en Jackson, Mississippi. Cuando se acercaba el día de mi visita, los patrocinadores me orientaron al decirme que no esperaban de mí una ponencia educativa normal, sino un mensaje evangelístico. El mensaje debía ir seguido de un llamado al compromiso. Si alguna vez hubo un orador invadido por un crudo y hondo terror, era yo cuando me hicieron esta petición. Siento una gran admiración por aquellos a quienes Dios usa como evangelistas, pero yo soy maestro, no evangelista.

Los llamé y les dije que no era el hombre que necesitaban. Les dije que Dios bendice mi enseñanza, pero que cada vez que trato de predicar de forma evangelística, la verdad es que nadie responde. Es casi como si Dios susurrara y dijera: “Oye, ese no es tu don”. Pero ellos no aceptarían un “no” por respuesta.

Así que prediqué en aquel encuentro e hice un llamado al compromiso. No hubo una respuesta de miles, pero para mi asombro, algunos hombres comprometieron su vida con Cristo por primera vez. Más tarde, me senté con los hombres que habían organizado el encuentro y les dije: “¿Se dan cuenta de lo que ocurrió aquí? Mientras estábamos ocupados en una reunión humana y mientras yo hablaba y leía la Escritura, el Creador del universo entró en la sala y en forma secreta, invisible, misteriosa y sobrenatural cambió las almas de seres humanos que estaban presentes allí”. Yo les dije: “Eso es lo que ocurrió. Y Dios lo hizo”.

Aquella noche, esos hombres que respondieron al evangelio, en la medida en que realmente poseían la fe que profesaban, fueron transformados en la profundidad de sus almas. Fueron reencaminados desde la corriente de este mundo hacia una nueva corriente, la corriente de la vida cristiana. Para los que fueron regenerados espiritualmente por el Espíritu Santo esa noche, ese encuentro fue un nuevo comienzo. Así también es para todos los que experimentan el nuevo nacimiento: es el comienzo de la vida cristiana.

Tomado de: R. C. Sproul, ¿Qué significa nacer de nuevo?, trans. Elvis Castro, vol. 6, La Serie Preguntas Cruciales (Poiema Lectura Redimida; Reformation Trust, 2017), 25-34.

Mas artículos del autor aqui.

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Acerca del autor:

r-c-sproul

Robert Charles Sproul (1939-2017). Westminster College, Pennsylvania (BA), Pittsburgh-Xenia Theological Seminary (M.Div.), Free University of Amsterdam (PhD), Whitefield Theological Seminary (PhD). Ha sido profesor de teologia en diversos seminarios en los Estados Unidos. Es un conocido teólogo y pastor americano, autor de muchos libros. Es fundador y director de “Ministerios Ligonier”, y conduce un programa de radio diario llamado ‘Renovando tu mente’. Sproul ha servido como pastor en la Iglesia de Saint Andrews en Florida (US). Actualmente trabaja con la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCA), y ha sido miembro también de la ‘Alianza de Evangélicos Confesantes’ (Alliance of Confessing Evangelicals). Es autor de mas de 100 libros, de los cuales estan disponibles en español; “Las Grandes Doctrinas de la Biblia” (1996); “Como estudiar e interpretar la Biblia”(1996); “Escogidos por Dios” (2002); “La Santidad de Dios” (1998); entre muchos otros.

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