Cristo y Evangelio

Un muerto no se puede dar vida: La Regeneración, por R.C. Sproul

Una vez vi en televisión a un artista realizando una demostración de pintura. Iba explicando las técnicas que usaba mientras pintaba. Comenzó dibujando algunas nubes esponjadas. Luego uso de un pincel distinto para mostrar cómo sombrear las nubes y añadir ondas. Él observó que hay una diferencia entre una pintura de nubes inmóviles y de otras llevadas por el viento. Las que están inmóviles se ven casi paralizadas, congeladas en la tela, por así decirlo. Las nubes reales, explicó el pintor, no solo son húmedas, sino que son llevadas por el viento. Entonces tomó un tercer pincel y movió la mano de determinada forma para añadir marcas (líneas prácticamente) encima de la nube. Las líneas no eran simétricas, pero claramente trazaban los contornos de las nubes. Al terminar parecía que las nubes se movían y giraban. Yo casi sentía el viento en el cuadro, aun cuando no podía verlo.

Después de enseñar a Nicodemo acerca de la absoluta necesidad del nuevo nacimiento, Jesús pasó a hacer una analogía entre el viento y la obra interior, secreta y misteriosa, del renacimiento espiritual. En este capítulo, nos enfocaremos en este aspecto de la regeneración.

“EL ESPÍRITU SANTO LO HIZO TODO”

Hace algunos años, tuve la oportunidad de hablar en privado durante una hora con un caballero a quien había conocido muy de pasada en una ocasión anterior. Se trataba del evangelista Billy Graham. Tuve la oportunidad de cenar con él en Asheville, Carolina del Norte. Durante aquella ocasión discutimos varios asuntos, pero en medio de la conversación, después de que ambos habíamos compartido nuestra experiencia de conversión, Billy me contó lo que le había ocurrido cuando siendo joven fue influenciado por la predicación de Mordecai Ham, un orador que realizaba una serie de servicios en Charlotte, Carolina del Norte. Billy había mencionado este episodio de su vida muchas veces en sermones y libros, pero oírlo de sus propios labios y después de tantos años fue para mí una experiencia aleccionadora.

Lo que daba a notar mientras contaba su historia era que lo emocionaba tanto como si hubiera ocurrido ese mismo día. Todavía estaba lleno de una pasión que se había encendido años atrás en aquel momento cuando conoció a Cristo. Él describió por todo lo que tuvo que pasar mientras era atraído a los servicios del Sr. Ham y escuchaba noche tras noche, hasta que finalmente fue atraído irresistiblemente a Cristo. Al final, Billy me miró y me dijo: “El Espíritu Santo lo hizo todo”. Él estaba hablando de nacer del Espíritu.

Mi esposa cuenta algo similar respecto a su conversión. Vesta y yo salimos durante unos cinco años y planeábamos casarnos. De pronto, en mi primer año en la universidad, yo fui convertido, y me dijeron, muy al comienzo de mi peregrinaje en la fe, que no estaba permitido casarme con una mujer que no fuera creyente. Pero Vesta era la mujer con quien quería casarme y con quien ya estaba comprometido. Esto se transformó en un terrible conflicto para mí en ese momento de mi vida.

Por su parte, Vesta luchaba con el extraño comportamiento que había adquirido su novio. Yo no poseía ninguna persuasión religiosa seria anterior, pero ahora el cristianismo había puesto mi vida de vuelta y media. Ella no sabía si estaba perdiendo la razón.

Vesta hizo planes para visitarme algunos meses después de mi conversión,. El día que debía llegar falté a clases, me quedé en mi habitación y cerré la puerta con llave. Me tiré en el piso junto a mi cama y oré como nunca antes había orado. Dije: “Dios, no sé lo que son los decretos eternos, pero si tienes uno que no concuerde con mi preferencia en este caso, por favor cámbialo”. Luché con Dios durante horas en ese momento. Finalmente, hice el compromiso de que si Vesta no se hacía cristiana aquel fin de semana, iba a romper con ella. Corrí ese riesgo.

En cuanto Vesta llegó nos fuimos a un encuentro de la organización cristiana en la que yo participaba. No le conté a Vesta lo que había orado y lo que había decidido. No le dije: “Mira, si no vienes a Cristo este fin de semana, quiero que me devuelvas el anillo”. No dije nada al respecto. Así que ella vino a nuestro encuentro, y sin que yo tenga nada que ver, tuvo un encuentro con Cristo en esa reunión. Al salir de la reunión ella estaba muy emocionada. Estaba como Arquímedes cuando saltó de la bañera gritando: “¡Eureka, lo encontré!” Ella conocía lo que todo cristiano conoce— el gozo de la redención.

Pero al acostarse, durante toda la noche estuvo despertándose y pellizcándose, diciendo: “¿Sigue ahí? ¿Todavía lo tengo?” Luego revisaba sus sentimientos internos y decía: “Sí, ahí está”. Entonces se daba vuelta y volvía a dormirse.

Al otro día, cuando nos encontramos, ella me habló de su experiencia la noche anterior. Luego me hizo un comentario que nunca olvidaré: “Ahora sé quién es el Espíritu Santo”. Yo había estado tratando de explicarle lo que me había ocurrido, pero era como tratar de explicarle el arcoíris a un ciego. Solo cuando Vesta creyó y confió en Cristo pudo llegar a una comprensión personal de la identidad y el carácter de Dios el Espíritu Santo. Anteriormente ella había oído del Espíritu. Ella había crecido asistiendo regularmente a la iglesia. Había escuchado la bendición pronunciada en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu. Pero para ella todo había sido ceremonial; no había contenido o aplicación personal en su trasfondo religioso. Pero cuando fue convertida, llegó a conocer al Espíritu.

La dificultad que experimenté al explicar a Vesta mi conversión no es inusual. Una de las cosas más difíciles del mundo es expresar lo que significa tener una experiencia espiritual que nos cambia la vida. Esto es porque el nuevo nacimiento es un misterio. Y si es un misterio para quienes lo hemos experimentado, es un misterio insondable al nivel más profundo para quienes no lo han experimentado, incluso para teólogos dotados como Nicodemo.

LA REGENERACIÓN ES MISTERIOSA

La confusión de Nicodemo era evidente en su conversación con Jesús. Después de que Jesús le dijo: “En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3), Nicodemo miró a Jesús y le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?” (v. 4). En otras palabras, lo que le dijo fue: “Jesús, ¿de qué estás hablando?” Yo creo que ese es uno de los comentarios más torpes que le hayan hecho a Jesús. Es obvio que Nicodemo no entendió lo que Jesús quiso decir.

Jesús hablaba de la regeneración. Nótese el prefijo “re” que significa “nuevamente”. La palabra “generar” significa literalmente “devenir” o “suceder”. Por lo tanto, Jesús estaba diciendo que algo debe “suceder nuevamente”. No obstante, Jesús no estaba pensando en un nuevo nacimiento físico, sino en un renacimiento espiritual. El nuevo nacimiento es un nacimiento real, pero un nacimiento de otro tipo.

En respuesta a la pregunta de Nicodemo, Jesús comenzó a explicar ese misterio. Él dijo: “Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (v. 6). Jesús estaba planteando algo obvio, un punto elemental, pero los oídos de Nicodemo necesitaban que se lo repitiera. Después de todo, donde la mayoría de los teólogos profesionales se extravía no es en algún punto técnico de la teología, sino en uno fundamental, un punto básico, un punto que ellos debieran dominar. De hecho, más adelante en su conversación, Jesús reprendió suavemente a Nicodemo, diciéndole: Tú eres maestro de Israel, ¿y no lo sabes?” (v. 10). Es como si Jesús le dijera: “¿No te da vergüenza? Tú deberías saberlo. No son invenciones mías. Estas cosas son el abecé de la religión bíblica”.

El nuevo nacimiento es necesario porque lo que nace de la carne es carne, y no se puede sacar espíritu de la carne. Si uno quiere cultivar un encino, tiene que sembrar una bellota, no una frutilla. La carne solo produce carne. Pero lo que nace del Espíritu es espíritu. Así que Jesús le hablaba a Nicodemo sobre el renacimiento espiritual, no la mera repetición de un proceso biológico. Esto es algo mucho más misterioso.

Habiendo establecido que hablaba de cosas espirituales, Jesús añadió: “No te asombres de que te haya dicho: ‘Os es necesario nacer de nuevo’ ” (v. 7). Si Jesús de Nazaret emitió alguna vez una orden que la gente ha ignorado, es ésta. La gente aún queda atónita, se inquieta y se pone nerviosa cuando alguien sugiere que es necesario volver a nacer. Pero Jesús dijo: “No se asombren, no se maravillen por eso”.

Luego Jesús comenzó a responder la pregunta de Nicodemo acerca del “cómo”. Pero al abordar este misterio, Jesús en realidad lo profundizó. Él dijo: “El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (v. 8). Aquí hay un maravilloso juego de palabras. El término griego pneumapuede traducirse como “espíritu”, “aliento”, o “viento”. Por lo tanto, cuando Jesús dijo: “Tienes que nacer del Espíritu, y es como el viento”, estaba diciendo que el pneumaes como el pneuma. El mismo tipo de juego de palabras aparece en el relato de Juan con algo que ocurrió en el Aposento Alto, cuando Jesús sopló sobre sus discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22). La palabra traducida como “sopló” y “Espíritu” es pneuma. Jesús “pneumatizó” (sopló sobre) sus discípulos y luego dijo: “Reciban el PneumaSanto”.

Jesús en realidad dijo: “Nicodemo, ¿quieres saber cómo se lleva a cabo la regeneración? El Pneuma, el Espíritu, sopla donde quiere. Es como el viento que sopla a donde le plazca. Tú no puedes verlo, pero puedes ver sus efectos. Así es el Pneuma”. En otras palabras, la obra de regeneración del Espíritu Santo es misteriosa.

LA REGENERACIÓN ES INVISIBLE

En un nivel muy básico, la obra del Espíritu es misteriosa porque hay una gran cuota de misterio en relación al propio Espíritu Santo. Una de las más grandes obras que se haya escrito en la historia de la iglesia sobre la persona y obra del Espíritu Santo es la de Abraham Kuyper, un teólogo que también fue primer ministro de Holanda. En la introducción a su libro clásico The Work of the Holy Spirit (la Obra del Espíritu Santo), Kuyper escribe:

Cristo puede ser visto y oído; hubo una vez en que las manos de los hombres aun podían sujetar la Palabra de Vida. Pero el Espíritu Santo es totalmente distinto. Nada de él aparece en forma visible; él nunca sale del vacío inalcanzable. Flotante, indefinido, incomprensible, él permanece como un misterio. ¡Es como el viento! Oímos su sonido, pero no podemos decir de dónde viene ni a dónde va. El ojo no puede verlo, el oído no puede oírlo, menos aun puede tomarlo la mano. Existen, en efecto, señales simbólicas y manifestaciones: una paloma, lenguas de fuego, el sonido de un viento impetuoso y potente, un soplo de los santos labios de Jesús, una imposición de manos, un hablar en lenguas extrañas. Pero nada de esto permanece; nada queda, ni siquiera el rastro de una pisada.1

En resumen, el Espíritu es misterioso porque es invisible, y su obra de regeneración es misteriosa por el mismo motivo. Nadie puede ver lo que Dios está haciendo en el alma de otra persona. Es por eso que la Escritura nos advierte que aun cuando el ser humano mira la apariencia externa, Dios mira el corazón (1 Samuel 16:7). La regeneración es una realidad espiritual que se efectúa en el interior de la persona, transformándola, aunque es invisible, tal como el viento.

Si bien la regeneración es invisible, debemos tener presente que Jesús dijo que podríamos ver sus efectos, tal como vemos, oímos y sentimos los efectos del viento. ¿Dónde buscamos las manifestaciones tangibles del nuevo nacimiento? Lo vemos en los frutos de una vida cambiada.

Todos luchamos mientras evaluamos nuestra vida cristiana. Podemos ver cambios para bien en nuestra vida, pero también vemos las cosas que no quisiéramos ver; las cosas que no queremos que nadie vea. entonces, mientras analizamos el estado de nuestra alma, no necesitamos preguntar dónde estábamos cuando nacimos de nuevo, ni siquiera cómo sucedió. Más bien debemos preguntarnos si hay alguna evidencia de un cambio en la orientación interior de nuestra inclinación, nuestra actitud hacia las cosas de Dios.

Las personas no regeneradas son, en el mejor de los casos, indiferentes a las cosas de Dios. Muy a menudo son abiertamente hostiles para con Él. Ah, sí, podría parecer que algunos están buscando a Dios, pero Romanos 3:11 nos dice que ese no es el caso. La persona no regenerada jamás busca a Dios; es un fugitivo de Dios. Jesús vino a buscar y salvar al perdido (Lucas 19:10). Él es el Buscador; nosotros somos los que huimos. Los no regenerados están buscando felicidad, paz mental, alivio de la culpa, una vida con sentido, y un sinnúmero de otras cosas que sabemos que solo Dios puede darles. Pero no están buscando a Dios. Están buscando los beneficios de Dios. El pecado del hombre natural es precisamente eso: quiere los beneficios de Dios, pero sin Dios.

Pero cuando el Espíritu Santo hace su misteriosa obra de regeneración, lo primero que cambia en una persona es la inclinación de su alma. Ahora le importan las cosas de Dios y desea buscar a Dios. Ahora hay un afecto hacia el Señor que antes no existía. Está lejos de ser perfecto, pero es real. Su origen y su poder siguen siendo un misterio. Pero la realidad es que el corazón de la persona late por Dios, algo que nunca había sucedido antes. Este es el efecto innegable del soplo del Pneumaen el alma.

Tomado de: R. C. Sproul, ¿Qué significa nacer de nuevo?, trans. Elvis Castro, vol. 6, La Serie Preguntas Cruciales (Poiema Lectura Redimida; Reformation Trust, 2017), 13-23.

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Acerca del autor:

r-c-sproul

Robert Charles Sproul (1939-2017). Westminster College, Pennsylvania (BA), Pittsburgh-Xenia Theological Seminary (M.Div.), Free University of Amsterdam (PhD), Whitefield Theological Seminary (PhD). Ha sido profesor de teologia en diversos seminarios en los Estados Unidos. Es un conocido teólogo y pastor americano, autor de muchos libros. Es fundador y director de “Ministerios Ligonier”, y conduce un programa de radio diario llamado ‘Renovando tu mente’. Sproul ha servido como pastor en la Iglesia de Saint Andrews en Florida (US). Actualmente trabaja con la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCA), y ha sido miembro también de la ‘Alianza de Evangélicos Confesantes’ (Alliance of Confessing Evangelicals). Es autor de mas de 100 libros, de los cuales estan disponibles en español; “Las Grandes Doctrinas de la Biblia” (1996); “Como estudiar e interpretar la Biblia”(1996); “Escogidos por Dios” (2002); “La Santidad de Dios” (1998); entre muchos otros.



1Abraham Kuyper, The Work of the Holy Spirit[La obra del Espíritu Santo] (Londres: Funk & Wagnalls, 1900), 6.

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