En la iglesia moderna hay mucha confusión con respecto al significado bíblico de la carne y el espíritu. Por un lado, la iglesia todavía está luchando contra la idea griega de que todo lo que sea físico debe ser malo en cierto grado. Algunos, por lo tanto, suponen que la vida cristiana es algo que debe ser completamente espiritual y que no puede tener nada que ver con nuestra existencia corporal. Algunos llevan este requisito al extremo de considerar necesariamente malas todas las funciones corporales, como comer, beber y la satisfacción sexual. Otros, creyendo que el cuerpo carece de importancia, se engañan creyendo que no importa como sea utilizado el cuerpo siempre y cuando su alma esté saludable. Ambas perspectivas reflejan una grave distorsión de la enseñanza bíblica sobre el cuerpo y el espíritu, según la cual ambos son importantes y deben ser alimentados y cuidados.

Efesios 2.1–3 Y El les dio vida a ustedes, que estaban muertos en (a causa de) sus delitos y pecados, en los cuales anduvieron en otro tiempo según la corriente (la época) de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia. Entre ellos también todos nosotros en otro tiempo vivíamos en las pasiones de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente (de los pensamientos), y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

¿Cristianos Carnales?

Surge un segundo problema cuando se hace una diferencia demasiado marcada entre los cristianos “carnales” y los cristianos “espirituales”. En este caso debemos considerar tres tipos de personas: (1) los que no son cristianos y son carnales, (2) los cristianos carnales, y (3) los cristianos llenos del Espíritu. Si pensamos en un cristiano carnal como en una persona totalmente vacía del Espíritu Santo, entregada a un estilo de vida completamente carnal, no estamos hablando de un cristiano carnal, estamos hablando de alguien que ni siquiera es cristiano. Una persona puede profesar ser cristiano y seguir siendo completamente carnal, haciendo de su profesión una mentira. Un cristiano completamente carnal es una contradicción. Un cristiano carnal simplemente no es cristiano.

Todos los cristianos han sido llenos por el Espíritu. La “plenitud” del Espíritu puede ser de menor a mayor grado; porque los cristianos varían entre sí, se han entregado al Espíritu en distinto grado. Pero el Espíritu habita dentro de todos los cristianos. La influencia del mismo en la vida del creyente se da en diferentes grados de acuerdo a la madurez del mismo.

La lucha entre la carne y el espíritu.

El apóstol Pablo habla sobre una lucha o conflicto que el creyente experimenta entre la carne y el espíritu. Al hacerlo, Pablo no está enseñando un dualismo o una falta de armonía entre el cuerpo y el alma. El conflicto descrito por Pablo no puede ser reducido a una lucha entre los deseos o apetitos físicos y las virtudes espirituales. El conflicto es más profundo que eso.

Juan 3.6 “Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.

La palabra carne (sarx) es a veces utilizada en el Nuevo Testamento como un sinónimo virtual de cuerpo (soma). Sin embargo, cuando esta palabra es usada en claro contraste con espíritu (pneuma), suele referirse a algo diferente del cuerpo físico. La carne en dicho caso suele referirse a la naturaleza corrupta de los seres humanos caídos. Cuando el Espíritu Santo nos regenera y nos convertimos en nuevas criaturas en Cristo, el poder de nuestra naturaleza caída (la carne) es conquistado pero no destruido. Como la santificación consiste en un proceso que dura toda la vida, los cristianos están inmersos en una lucha diaria con su vieja naturaleza mientras buscan crecer en el Espíritu y en la gracia. La vieja persona muere día a día mientras que la nueva persona en Cristo se fortalece por el Espíritu Santo que mora en ella. El Espíritu, que nos ha dado su palabra y nos ha sellado, será quien finalmente prevalezca en esta lucha. Mientras tanto, sin embargo, la lucha puede ser muy intensa. Los cristianos deben seguir luchando contra el pecado y la tentación. La conversión nos libera del control total de la carne, pero no nos perfecciona.

1 Pedro 2.11 Amados, les ruego como a extranjeros y peregrinos, que se abstengan de las pasiones carnales que combaten contra el alma.

Esta lucha entre la vieja persona (la carne) y el Espíritu continúa hasta nuestra muerte. Después de la muerte hemos de ser glorificados: la carne será completamente aniquilada, y la nueva persona será completamente purificada.

Resumen

  1. La Biblia rechaza la noción griega que considera al cuerpo intrínsecamente malo.
  2. Los cristianos no deben ni despreciar ni exaltar al cuerpo. El cuerpo y el alma tienen necesidad de santificación.
  3. Ningún cristiano puede ser completamente carnal ni completamente libre de carnalidad.
  4. El Espíritu Santo habita en todos los cristianos.
  5. La lucha entre la carne y el espíritu no es un conflicto entre el cuerpo y el alma sino un conflicto entre nuestra naturaleza de pecado caída (la vieja persona) y nuestra naturaleza regenerada (la nueva persona).
  6. La lucha entre la carne y el Espíritu continúa durante toda la vida del cristiano hasta su glorificación.

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 Acerca del autor:

r-c-sproulRobert Charles Sproul (1939-). Westminster College, Pennsylvania (BA), Pittsburgh-Xenia Theological Seminary (M.Div.), Free University of Amsterdam (PhD), Whitefield Theological Seminary (PhD). Ha sido profesor de teologia en diversos seminarios en los Estados Unidos. Es un conocido teólogo y pastor americano, autor de muchos libros. Es fundador y director de “Ministerios Ligonier”, y conduce un programa de radio diario llamado ‘Renovando tu mente’. Sproul ha servido como pastor en la Iglesia de Saint Andrews en Florida (US). Actualmente trabaja con la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCA), y ha sido miembro también de la ‘Alianza de Evangélicos Confesantes’ (Alliance of Confessing Evangelicals). Es autor de mas de 100 libros, de los cuales estan disponibles en español; “Las Grandes Doctrinas de la Biblia” (1996); “Como estudiar e interpretar la Biblia”(1996); “Escogidos por Dios” (2002); “La Santidad de Dios” (1998); entre muchos otros.

[1] R.C. Sproul, Las grandes doctrinas de la Biblia (Miami, FL: Editorial Unilit, 1996), 149-151