En las siguientes semanas, presentaremos una serie de artículos tratando el tema del “Ecumenismo”, desde varios ángulos, sus raíces históricas, peligros, avances en la actualidad entre otros. Los mismos han sido recopilados de una serie de artículos, libros, entre otros, tanto en inglés como en español, y escritos desde un punto evangélico conservador. Quisiéramos mencionar también al momento de leer estos artículos que a menudo los autores usan el término “Ecumenismo”, en dos sentidos. Positivo (Histórico) y Negativo (Contemporáneo).

En el sentido positivo o histórico, el termino Ecumenismo se refiere a la unidad que debe haber entre los seguidores de Cristo Jesús, esa misma unidad que debe necesariamente reflejarse en una unidad y compañerismo visible. Este era, por ejemplo, el tipo de Ecumenismo que Juan Calvino menciona, en un llamado a la Unidad y cooperación con otros Reformadores. En el sentido negativo o contemporáneo, el término “Ecumenismo” hace referencia a una unidad que no toma en cuenta ninguna distinción doctrinal dentro de la misma, como por ejemplo con aquellos que no comparten algunas de las verdades fundamentales de la Fe Cristiana, como por ejemplo con la Iglesia Católica Romana. Este no era el sentido de “Ecumenismo” que proponían los Reformadores.  La Iglesia Evangélica siempre ha sostenido que es imposible una unidad eclesiástica con aquellos que comparten aspectos esenciales de la Fe Cristiana. Queda al lector discernir de acuerdo al contexto y uso del término cual es el sentido al cual los autores de los siguientes artículos están aludiendo. (Los Editores de Teología para Vivir.)

El siguiente articulo ha sido adaptado de: Millard J. Erickson, Teología Sistemática, ed. Jonatán Haley, trans. Beatriz Fernández, Segunda Edición., Colección Teológica Contemporánea (Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie, 2008), 1140–1144.

Los orígenes del ecumenismo se remontan muy atrás en el tiempo. De hecho, una historia del ecumenismo dice que podemos hablar ya de él a partir de 1517.11 Sin embargo, en cierto sentido el movimiento ecuménico moderno empezó en 1910 como un esfuerzo misionero cooperativo. Kenneth Scott Latourette dice: “El movimiento ecuménico fue en gran parte el resultado del movimiento misionero.”12 Para el contexto histórico observamos los avivamientos que sacudieron Europa y Norteamérica en los siglos dieciocho y diecinueve. Los que participaron en esos avivamientos encontraron que tenían en común una teología y una experiencia que trascendía las líneas denominacionales. Y lo que es más importante, tenían una tarea y un propósito común que los unía: la evangelización del mundo.13 Los movimientos de avivamiento dieron paso a una serie de organizaciones: Young Men’s Christian Association [Asociación de jóvenes cristianos] (1844), the Evangelical Association [la Alianza evangélica] (1846), Young Women’s Christian Association [la Asociación de mujeres cristianas jóvenes] (1855) y World Student’s Christian Association [la Asociación mundial de estudiante cristianos] (1895). Aunque estas organizaciones no eran realmente ecuménicas en sí mismas, “proporcionaron el terreno que más tarde facilitó la propagación de las ideas ecuménicas.”14

El Ecumenismo y las misiones mundiales.

Los misioneros fueron los primeros en darse cuenta que las divisiones en las iglesias constituían un obstáculo para la evangelización. Se realizaron conferencias internacionales para el progreso de las misiones, las de Londres en 1878 y 1888 y en Nueva York en 1900 fueron particularmente significativas. Esta última, de hecho, fue denominada oficialmente la Conferencia misionera ecuménica. La asistencia fue aumentando paulatinamente. El evento crucial fue la Conferencia misionera mundial de 1910 en Edimburgo, que suele considerarse el principio del movimiento ecuménico moderno. Los dos líderes principales fueron John R. Mott y Joseph H. Oldham.15 El propósito era planear los pasos siguientes para la evangelización del mundo.16

En una de las sesiones un delegado del Lejano oriente criticó el efecto negativo que tenían en su país las divisiones entre los misioneros. No se recuerda su nombre ni sus palabras exactas, pero tenemos una descripción de primera mano de la sustancia de sus observaciones:

Nos habéis enviado vuestros misioneros, que nos han dado a conocer a Jesucristo, y os estamos agradecidos por ello. Pero también nos habéis traído vuestras divisiones y distinciones: unos predicáis el metodismo, otros el luteranismo, el congregacionalismo o el episcopalianismo. Nosotros os pedimos que nos prediquéis el evangelio, y que dejéis que Jesucristo mismo alce de entre nuestros pueblos, mediante la acción del Espíritu Santo, una Iglesia formada según sus requerimientos y también según el genio de nuestra raza. Esta Iglesia será la Iglesia de Cristo en Japón, la Iglesia de Cristo en China, la Iglesia de Cristo en la India; nos liberará de todos los ismos con los que vosotros nos coloreáis la predicación del Evangelio.17

Maurice Villain cuenta que este discurso tuvo un efecto poderoso sobre muchos de los delegados. Ellos decidieron utilizar “cualquier medio posible… para eliminar este escándalo[.] Ese día había nacido el movimiento ecuménico.”18 Uno de los delegados, el obispo Charles Brent de la iglesia episcopal protestante, en octubre de 1910 propuso a su denominación la realización de una conferencia para estudiar los asuntos relativos a “la fe y el orden.” Otros grupos cristianos de todo el mundo serían invitados a participar en este esfuerzo.19 Casi simultáneamente, otras dos denominaciones americanas, los Disciples of Christ (Discípulos de Cristo) y el National Council of the Congregational Churches (Consejo nacional de las iglesias congregacionales), estaban realizando acciones similares.20 Como resultado de esto, se consiguió un amplio apoyo para la Conferencia mundial sobre fe y orden.21 Sin embargo, antes de que la conferencia se pudiera realizar estalló la primera guerra mundial.

Cuando se restableció la paz, se reiniciaron los planes para la conferencia mundial. Tuvo lugar en Lausanne, Suiza, en 1927. Dos años antes, el obispo Nathan Söderblom de Suecia había realizado en Estocolmo un Consejo cristiano universal para la vida y el trabajo. Aunque Söderblom era un pragmático que intentaba descartar las cuestiones de naturaleza doctrinal, quedó claro que tenía que haber una idea definida sobre la iglesia si se pretendía que hubiera un esfuerzo cooperador.22 En 1937, el movimiento de Fe y orden se reunió en Edimburgo y el de Vida y trabajo en Oxford. De estas dos reuniones surgió el establecimiento de un comité para unir el trabajo de ambos movimientos en lo que se denominó el Consejo mundial de iglesias. Sin embargo, una vez más la guerra interrumpió los planes. La verdadera formación del Consejo mundial no se produjo hasta 1948 en Amsterdam, en aquel momento se hicieron miembros 147 grupos denominacionales.23 Asambleas posteriores del Consejo mundial de iglesias se celebraron en Evanston, Illinois (1954), New Delhi (1961), Uppsala (1968), Nairobi (1975) y Vancouver (1983).

El Consejo Mundial de Iglesias y el Movimiento Ecuménico.

La declaración original de la base teológica del Consejo mundial fue breve y simple: “El Consejo mundial de iglesias es una hermandad de iglesias que acepta a nuestro Señor Jesucristo como Señor y Salvador.”24 Esta declaración fue criticada por no abarcar todo el espectro de creencias cristianas, y así en 1961 se adoptó una versión más amplia: “El Consejo mundial de iglesias es una hermandad de iglesias que confiesa que el Señor Jesús es Dios y Salvador según las Escrituras y por tanto pretenden juntas cumplir su llamamiento común para la gloria del único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.”25 También en 1961, el Concilio misionero internacional, otro movimiento con sus raíces en la conferencia de Edimburgo de 1910, se unió al Consejo mundial.26 Al mismo tiempo se estaba produciendo otro desarrollo significativo. El día de Navidad de 1961, el Papa Juan xxiii convocó el Concilio Vaticano ii: La nueva apertura al cristianismo de los no católicos que mostraba este concilio hizo que el diálogo entre protestantes y católicos fuera pronto una realidad.

El Consejo mundial de iglesias y su afiliado en los Estados Unidos: el Consejo nacional de iglesias de Cristo, no son los únicos movimientos intereclesiales destacables. En 1941, se organizó el Concilio americano de iglesias cristianas; su equivalente global: el Concilio internacional de iglesias cristianas, se organizó algún tiempo después. A primera vista, estos grupos parecen los homólogos conservadores de los Consejos nacionales y mundiales, que intentan conseguir los mismos objetivos pero dentro de un marco teológico conservador. Sin embargo, si se observa con más detenimiento, resulta obvio que el propósito de los Concilios americano e internacional es el de oponerse a los objetivos y las posiciones de los Consejos nacional y mundial.27 Dirigidos por Carl McIntire, las actividades del Concilio americano incluyen el influenciar en la política del gobierno de Washington que afectan a la capellanía, a las misiones en el extranjero y a los medios de comunicación.28 El Concilio americano se oponía no sólo a los que tenían una inclinación liberal, sino a aquellos evangélicos inconsistentes que, aunque completamente ortodoxos, no habían roto por completo sus ataduras con el Consejo nacional. Es más, a ningún miembro con derecho a voto del Concilio americano se le permitía mantener conexión con el Consejo nacional.29 La tendencia a la ruptura y la fragmentación continuó dentro del movimiento.30

El Concilio Americano de Iglesias Cristianas como un organismo alternativo al Consejo Mundial de Iglesias.

Un año después del origen del Concilio americano de iglesias cristianas, apareció otra asociación intereclesial. Un grupo de evangélicos había organizado en 1929 la New England Fellowship (Comunión de Nueva Inglaterra), que incluía conferencias bíblicas, campamentos y emisiones radiofónicas. Algunos líderes, que tenían una visión nacional para la hermandad, enviaron invitaciones a evangélicos de todo el país para que asistieran a una sesión en St. Louis en abril de 1942. De esta sesión surgió la National Association of Evangelicals for United Action (Asociación nacional de evangélicos para la acción unida); el nombre más tarde se abrevió a National Association of Evangelicals (Asociación nacional de evangélicos).31

Dos hechos sobre los inicios de la National Association of Evangelicals reflejan su naturaleza y sus propósitos distintivos. Primero, el nombre original apunta hacia su orientación hacia la acción práctica; a este respecto la asociación se parece a la conferencia de Edimburgo de 1910. Segundo, el principal objetivo del nuevo grupo fue la acción cooperativa constructiva, y no la de criticar al Consejo nacional o al Consejo mundial. Podríamos denominar a este un grupo de acción ecuménico evangélico:

Una cosa quedó clara. Miles habían llegado a la conclusión de que no podían seguir cooperando con el Consejo federal [nacional] de iglesias. [Pero a los evangélicos] no les interesaba preparar declaraciones y perder el tiempo con estrategias agresivas para reformar o destruir el Consejo. Creían que ya se había perdido demasiado tiempo y energía, dinero y talento en tales esfuerzos. Deseaban un programa constructivo, agresivo, dinámico y unificado de acción evangélica en los terrenos de la evangelización, las misiones, la educación cristiana y cualquier otra esfera de la fe cristiana. Querían una base doctrinal sólida para ese tipo de acción. Buscaban el liderazgo en estos campos. Creían que el tiempo había venido a demostrar la validez de su fe y la habilidad de los evangélicos para trabajar juntos y realizar juntos un gran programa constructivo.32

La National Association of Evangelicals funciona a través de varias comisiones. Su periódico, Action (anteriormente United Evangelical Action) expresa los puntos de vista de sus miembros.

Conclusion.

Cuando se discute el ecumenismo, a los evangélicos les preocupan varios temas en particular. Los evangélicos siempre han insistido en que la comunión es imposible si no se está de acuerdo en ciertas verdades básicas. Esta insistencia surge de la creencia en un Dios objetivo con el que los humanos se relacionan con fe. Nos podemos relacionar con él porque se nos ha revelado. Como esta revelación tiene al menos parcialmente forma proposicional, la fe es un asunto de confianza personal en Dios y de aceptación de las verdades que él nos ha revelado. En consecuencia, las experiencias emocionales similares y los esfuerzos comunes son fundamentos insuficientes para la unión. También debe haber acuerdo al menos en los puntos más básicos de la creencia.

Esta posición de los evangélicos se podría interpretar como una barrera lógica o natural al ecumenismo. En realidad, John Warwick Montgomery ha señalado que funciona de la manera contraria: Fomenta la actividad interdenominacional. Debido a su preocupación por la verdad, los evangélicos se han inclinado a cooperar y a sentirse uno con los que piensan igual que ellos.33 De hecho, el fundamentalismo empezó históricamente con una serie de conferencias bíblicas a las que asistía gente que se sentía unida a otra gente porque compartía un conjunto de creencias distintivas denominadas “fundamentos de la fe.” Por tanto, el hecho mismo de la diversidad doctrinal dentro de las denominaciones grandes ha sido un estímulo para el ecumenismo.

Sin embargo, los evangélicos por su preocupación por la verdad, han sido en cierto modo precavidos en cuanto al grado en que quieren verse envueltos en el ecumenismo. Siempre surgen una serie de problemas cuando los evangélicos se ponen a discutir sobre el ecumenismo.

Adaptado de: Millard J. Erickson, Teología Sistemática, ed. Jonatán Haley, trans. Beatriz Fernández, Segunda Edición., Colección Teológica Contemporánea (Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie, 2008), 1140–1144.

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Sobre el autor:

2983-45Millard J. Erickson (1932-), (BA, University of Minnesota; B.D., Northern Baptist Theological Seminary; M.A. University of Chicago; Ph.D. Northwestern University.) Es un Teologo Bautista Norteamericano, conocido por sus muchos libros escritos, así como por su teología sistemática, la misma que ha sido traducida al español. Erickson ha sido profesor en varias universidades e instituciones teológicas, como Bethel University, Baylor University, entre otras. Ha servido durante muchos años como pastor dentro de la denominación Bautista, y como tal a escrito a lo largo de los años en contra del movimiento liberal, teísmo abierto, iglesia emergente, entre otros tema de actualidad.

Entre algunos de sus libros tenemos: God the Father Almighty: a contemporary exploration of the divine attributes, Grand Rapids (1998); A Basic Guide to Eschatology: making sense of the millennium (1998), Truth or Consequences: the promise & perils of postmodernism (2001)Christian Theology (2nd ed.) (1998); Basic Guide to Eschatology (1998); Introducing Christian Doctrine (2001); Introducing Christian Doctrine (2001);  Reclaiming The Center (2004); What Does God Know And When Does He Know It: The Current Controversy Over Divine Foreknowledge (2006); Teología Sistemática (2008). Editorial Clie, 2008; entre muchos otros.

Notas:

11 A History of the Ecumenical Movement, 1517–1948, ed. Ruth Rouse y Stephen Charles Neill, 2nd ed. (Philadelphia: Westminster, 1968).

12 Kenneth Scott Latourette, “Ecumenical Bearings of the Missionary Movement and the International Missionary Council,” en Ecumenical Movement, p. 353.

13 Ibid.

14 Maurice Villain, Unity: A History and Some Reflections, trans. J.R. Foster from the 3rd rev. ed. (Baltimore: Helicon, 1961).

15 Latourette, “Ecumenical Bearings,” p. 356.

16 Ibid., pp. 357–58.

17 Villain, Unity, p. 29.

18 Ibid., p. 30.

19 Tissington Tatlow, “The World Conference on Faith and Order,” Ecumenical Movement, p. 407.

20 Ibid., pp. 407–8.

21 Ibid., pp. 408–13.

22 Villain, Unity, p. 32.

23 Norman Goodall, The Ecumenical Movement: What It Is and What It Does, 2nd ed. (New York: Oxford University Press, 1964), pp. 63–68.

24 Ibid., p. 68.

25 Ibid., p. 69.

26 Norman Goodall, Ecumenical Progress: A Decade of Change in the Ecumenical Movement, 1961–1971. (New York: Oxford University Press, 1972), p. 139.

27 Carl McIntire, Twentieth Century Reformation, 2nd rev. ed. (Collingswood, N.J.: Christian Beacon, 1945).

28 Paul Woolley, “American Council of Christian Churches,” en Twentieth Century Encyclopedia of Religious Knowledge, ed. Lefferts A. Loetscher (Grand Rapids: Baker, 1955), vol. 1, p. 30.

29 Woolley, “American Council,” p. 30.

30 Carl Henry, “The Perils of Independency,” Christianity Today, 12 de noviembre de 1956, p. 21.

31 Murch, Cooperation, pp. 48–61.

32 Ibid., p. 62.

33 John Warwick Montgomery, Ecumenicity, Evangelicals, and Rome (Grand Rapids: Zondervan, 1969), p. 18.