Para ver la primera parte de este articulo, aquí. 

William Estep ha agrupado convenientemente los problemas relacionado con el Ecumenismo en categorías. Aunque escribió desde la perspectiva de los bautistas y el ecumenismo, nosotros, con algunas adaptaciones, utilizaremos aquí su esquema.34

A. El problema teológico

Las reservas teológicas sobre el movimiento ecuménico son las más comunes, porque el desacuerdo sobre los asuntos teológicos fue lo que separó a las denominaciones en primer lugar. Los evangélicos no tomarán en consideración la unión con ningún grupo que no suscriba ciertas doctrinas básicas: la autoridad suprema de la Biblia como fuente de fe y práctica cristiana; la deidad de Jesucristo, incluyendo sus milagros, su muerte expiatoria y la resurrección corporal; la salvación como obra sobrenatural de regeneración y justificación por la gracia por medio de la fe; la segunda venida de Cristo. A los evangélicos les parece que con respecto a la base teológica para la comunión, el movimiento ecuménico a menudo ha aceptado el denominador común más bajo. Como resultado, el evangélico sospecha que algunos miembros de la hermandad podrían no ser auténticos cristianos. También está la cuestión de los estándares doctrinales (por ejemplo, las confesiones o los credos), si hay que seguir alguno, y cuál es su estatus y autoridad.35

B. El problema eclesiológico

En cierto sentido, este tema es meramente una subdivisión del tema teológico. Los evangélicos no considerarán la unión con grupos que no compartan su doctrina de la iglesia (Como Iglesia Universal). Y no obstante, en cierto modo aquí se están planteando unas cuestiones de carácter más amplio. Los evangélicos insisten en que haya un acuerdo básico en lo que hace de una iglesia una iglesia. De hecho, ¿la iglesia hace cristianos a los cristianos, o los cristianos hacen iglesia a la iglesia? Aquí en cierto sentido tenemos la cuestión de la auténtica naturaleza del cristianismo. También está el asunto del significado del términoiglesia. ¿Se aplica principalmente a la congregación local de creyentes, a una denominación, o a una federación de denominaciones? Debe haber también un consenso en la estructura del gobierno de la iglesia y en la forma y función del ministerio. Una fusión entre episcopalianos convencidos y congregacionalistas doctrinarios no es probable que se produzca sin fuertes tensiones en lo que se refiere a la organización y administración del gobierno de la iglesia, la importancia y los criterios de la ordenación y temas adyacentes. Se debe prestar también atención a temas como el propósito y la estrategia de la iglesia, si es apropiado y en qué grado que la iglesia se implique social y políticamente y la relación entre el estado y la iglesia.

Las áreas que acabamos de mencionar y las cuestiones relacionadas que tienen que ver con los sacramentos han ocasionado en el movimiento ecuménico del siglo xx las tensiones y dificultades más fuertes, tal como ocurrió en el siglo xvi, cuando Martín Lutero y Ulrico Zwinglio fueron incapaces de unir sus dos alas de la Reforma, y las negociaciones se rompieron por la cuestión de la de la presencia de Cristo en la cena del Señor. La razón está muy clara. Con respecto a otras áreas de la creencia, es posible permitir que los individuos tengan sus propios puntos de vista privados. Pero la iglesia y los sacramentos son componentes externos y observables del cristianismo. Por tanto, es necesario conseguir un mayor grado de acuerdo respecto a ellos.

C. El problema metodológico

Como la razón principal para fundar el movimiento ecuménico era superar las dificultades de un testimonio dividido, es realmente importante la pregunta pragmática planteada por los evangélicos: ¿Realmente cuánta eficacia tiene el movimiento ecuménico en la evangelización del mundo? Harold Lindsell ha señalado que la United Church of Canada (Iglesia unida de Canadá) se caracterizó por una membresía decreciente y una reducción de misioneros al tiempo que otras denominaciones mostraban crecimiento y progreso en estas áreas.36

Dado el origen del movimiento ecuménico, su fracaso en el área de las misiones es particularmente significativo. Los evangélicos han criticado con frecuencia el Consejo mundial de iglesias por este tema. W. A. Visser’t Hooft, el primer secretario general del Consejo mundial, intentó responder a las críticas:

Quizá la cuestión más relevante planteada por los evangélicos conservadores ha sido la de si el movimiento ecuménico ha concentrado sus energías demasiado en los problemas sociales e internacionales y ha descuidado la tarea principal de la evangelización. La cuestión es de lo más relevante ya que una comparación entre las iglesias del Consejo mundial y los cuerpos evangélicos muestra que estos últimos están empleando una proporción mucho mayor de sus recursos de hombres y de dinero en la evangelización y en las misiones en el extranjero. Pero surge la gran pregunta: ¿Qué es la evangelización? ¿La iglesia es sólo evangelista si predica el evangelio a los individuos? ¿O también es evangelista si extiende la luz del evangelio sobre los grandes problemas que tiene la humanidad en nuestro tiempo? El debate continúa y ambas partes del diálogo tienen que aprender una de la otra.37

D. El problema teleológico

El problema final que plantean los evangélicos cuando evalúan el ecumenismo es lo que Estep denomina el problema teleológico.38¿Cuál es el fin último del movimiento ecuménico? ¿Es la fusión orgánica de todas las denominaciones en una superiglesia? Los líderes del Consejo mundial han declarado de forma repetida y enfática que ese no es su objetivo; las denominaciones individuales persistirán y mantendrán su integridad. No obstante, Estep ha recogido una lista impresionante de declaraciones de otros líderes del movimiento ecuménico sobre que se debe buscar y conseguir la unión orgánica de las iglesias. E. Roberts-Thomson distingue entre la función específica del Consejo mundial y el fin último del movimiento ecuménico. El Consejo mismo tiene prohibido por su propia constitución ser más que un consejo. Sin embargo, se espera que las conciencias de los miembros del Consejo mundial se sensibilicen tanto con el pecado de la separación que busquen una fusión que vaya más allá de las actividades del Consejo.39

Si se produce una fusión completa, podrían suceder algunos resultados desafortunados. La membresía de las iglesias podría carecer de sentido. Robert Handy ha observado que “el deseo de una unión organizativa total inevitablemente plantea nuevamente la cuestión de quién es un hereje. En el esfuerzo de dejar de lado los aspectos más duros de la cuestión, mientras que se presiona para realizar una unión organizativa total, los criterios para ser miembro se rebajan y la naturaleza de la iglesia puede, efectivamente, estar bajo mínimos.”40Un problema adicional de una superiglesia de este tipo es que sería considerada, por así decirlo, el guardián exclusivo de la cristiandad. A los creyentes se les daría a entender que no se puede ser cristiano si no se pertenece a la iglesia visible. Pero ¿qué pasa con los disidentes o con los inconformistas? ¿Dónde podrían ir esas personas? Una estructura monolítica impide un sistema de comprobaciones y equilibrios que es tan necesario en la iglesia como en la política secular.

Puntos de Conclusión.

A la vista de la oración de Cristo por la unidad de sus seguidores, ¿cuál debería ser nuestra postura? Concluiremos el capítulo sobre la unidad de la iglesia con varios criterios.

  1. Tenemos que darnos cuenta de que la iglesia de Jesucristo es una única iglesia. Todos los que estamos relacionados con el único Salvador y Señor somos sin duda parte del mismo cuerpo espiritual (1 Co. 12:13).
  2. La unidad espiritual de los creyentes debería mostrarse o expresarse con la buena voluntad, la comunión y el amor de unos a otros. Deberíamos emplear cualquier medio legítimo para confirmar que somos uno con los cristianos que están orgánicamente separados de nosotros.
  3. Los cristianos de todos los tipos deberían trabajar juntos siempre que fuera posible. Si no se compromete ningún punto esencial de la doctrina o de la práctica, deberían unir sus fuerzas. En otras palabras, es importante que haya ocasiones en las que los cristianos dejen a un lado sus diferencias. La cooperación entre cristianos da un testimonio común al mundo y es una gestión fiel de los recursos que se nos han confiado.
  4. Es importante delinear con cuidado la base doctrinal y los objetivos de la comunión. El objetivo original de la Conferencia misionera mundial de 1910 en Edimburgo ha sido, como el propio Visser’t Hooft ha admitido, reemplazada por otras preocupaciones. No obstante, la ejecución de la comisión de Cristo sigue siendo la tarea principal de la iglesia. En consecuencia, es difícil justificar que se comprometa tiempo, personal y finanzas en actividades que contribuyan, al menos indirectamente, a la evangelización. En otras palabras, un regreso a los objetivos originales del movimiento ecuménico no debería ser nuestro objetivo, porque no todo el que dice “Señor, Señor” es realmente uno de los suyos.
  5. Debemos estar alertas en contra de cualquier unión que debilite la vitalidad espiritual de la iglesia. Las iglesias conservadoras son las que están creciendo; las evangélicas tienen el impulso. Las alianzas que debiliten su vitalidad deben ser evaluadas con detenimiento y probablemente evitadas.
  6. Los cristianos no deberían estar dispuestos a abandonar su denominación madre con demasiada rapidez. Siempre que haya posibilidad de redimir la denominación, el testimonio conservador no se debería abandonar. Además, si los conservadores se van de los círculos ecuménicos, su posición no estará representada en ellos.
  7. Es importante que los cristianos se aseguren de que las divisiones y la separación se deba a convicciones y principios genuinos y no a conflictos personales o a ambiciones individuales. Es un descrédito para la causa de Cristo que cristianos con las mismas creencias y objetivos se separen.
  8. Cuando los cristianos no estén de acuerdo, ya sea como individuos, como iglesias o como denominaciones, es esencial que ese desacuerdo se haga con espíritu de amor, buscando corregir a los demás y persuadirles de la verdad, y no refutándoles y exponiéndoles al ridículo. La verdad siempre tiene que ir ligada al amor.

En la última parte del siglo xx, el movimiento ecuménico organizado perdió mucho de su impulso. En parte fue resultado de un descenso en la lealtad de las denominaciones. Las expresiones prácticas de la unidad cristiana han aparecido más en organizaciones o causas que han unido a cristianos, sin identidades denominacionales. Ejemplos de esto son las cruzadas de Billy Graham y el movimiento de los Cumplidores de promesas en los Estados Unidos (Promise Keepers).

Adaptado de: Millard J. Erickson, Teología Sistemática, ed. Jonatán Haley, trans. Beatriz Fernández, Segunda Edición., Colección Teológica Contemporánea (Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie, 2008), 1144–1148.

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Sobre el autor:

2983-45Millard J. Erickson (1932-), (BA, University of Minnesota; B.D., Northern Baptist Theological Seminary; M.A. University of Chicago; Ph.D. Northwestern University.) Es un Teologo Bautista Norteamericano, conocido por sus muchos libros escritos, así como por su teología sistemática, la misma que ha sido traducida al español. Erickson ha sido profesor en varias universidades e instituciones teológicas, como Bethel University, Baylor University, entre otras. Ha servido durante muchos años como pastor dentro de la denominación Bautista, y como tal a escrito a lo largo de los años en contra del movimiento liberal, teísmo abierto, iglesia emergente, entre otros tema de actualidad.

Entre algunos de sus libros tenemos: God the Father Almighty: a contemporary exploration of the divine attributes, Grand Rapids (1998); A Basic Guide to Eschatology: making sense of the millennium (1998)Truth or Consequences: the promise & perils of postmodernism (2001)Christian Theology (2nd ed.) (1998); Basic Guide to Eschatology (1998); Introducing Christian Doctrine (2001); Introducing Christian Doctrine (2001);  Reclaiming The Center (2004); What Does God Know And When Does He Know It: The Current Controversy Over Divine Foreknowledge (2006); Teología Sistemática (2008). Editorial Clie, 2008; entre muchos otros.

Notas:

34William R. Estep, Baptists and Christian Unity(Nashville: Broadman, 1966), p. 170.

35Montgomery, Ecumenicity, p. 17, n. 6; Estep, Baptists, p. 170.

36Harold Lindsell, “What are the Results? Ecumenical Merger and Mission,” Christianity Today, 30 de marzo de 1962, p.5.

37W. A. Visser’t Hooft, “The General Ecumenical Development Since 1948,” en The Ecumenical Advance: A History of The Ecumenical Movement, vol. 2, 1948–1968, ed. Harold E. Fey (Philadelphia: Westminster, 1970), p. 19.

38Estep, Baptists, p. 185.

39E. Roberts-Thomson, With Hands Outstretched(London: Marshall, Morgan & Scott, 1962), p. 39.

40Robert Handy, “The Ecumenical Task Today,” Foundations4, no. 22 (abril 1961), 105–6.