Dios y el Espíritu Santo

Una explicación del conocimiento medio: Molinismo

POR CHARLES RENNIE

El conocimiento medio, también conocido como molinismo, deriva su nombre de un jesuita del siglo XVI llamado Luis de Molina (1535-1600). Hay evidencia de que en una década después de la muerte de Molina, su visión del conocimiento medio tuvo una profunda influencia en la teología de James Arminius, aunque existe cierto desacuerdo entre los estudiosos en cuanto a la extensión de esa influencia. 

Entre los defensores contemporáneos más académicos e influyentes del molinismo se encuentran Alvin Plantinga y William Lane Craig (quien ha propuesto que el molinismo es la clave para un acercamiento calvinista-arminiano).  Pero el interés en la doctrina también parece estar creciendo en el mundo más popular y accesible de los blogs, videos y podcasts de Internet. Si aún no lo ha encontrado, es muy probable que usted o uno de los miembros de su iglesia lo haga. 

En esta serie de dos partes, la fidelidad bíblica del Molinismo será examinada desde una perspectiva autoconsciente y confesionalmente reformada. Sin embargo, antes de que se pueda evaluar su fidelidad bíblica, que será el foco del próximo post, debemos tratar de entender el molinismo en sus propios términos. Por lo tanto, debe ser preguntado: ¿Qué es el molinismo y a qué se refiere el “conocimiento medio”? En nuestro siguiente articulo haremos una evaluación del Molinismo.

Explicación de Conocimiento Medio

La principal preocupación de sus defensores es reconciliar la certeza del decreto de Dios y la contingencia o libertad de las acciones del hombre, es decir, la agencia divina y la agencia humana. El problema, como ellos lo ven, es éste: porque la presciencia y la voluntad de Dios son inmutables e infalibles, todo lo que Él conoce de antemano debe necesariamente suceder. Pero, si todas las cosas ocurren necesariamente, la libertad genuina, o la contingencia de los agentes libres, parece ser imposible. Por ejemplo, debido a que Dios infaliblemente sabía de antemano que yo estaría escribiendo este análisis del molinismo, parecería que no es genuinamente posible que yo no escriba esto en este momento. ¿Cómo podemos afirmar la certeza de la presciencia y del decreto de Dios sin reducir la libertad del hombre a alguna forma de determinismo o necesidad, es decir, fatalismo? El molinista sostiene que esta es la consecuencia lógica de la posición reformada y propone como solución la doctrina del conocimiento medio.

Sin embargo, no podemos aceptar el problema tal y como lo ven ellos, ni las presuposiciones que se esconden detrás de él. Pero dejando eso de lado por el momento, para entender la solución molinista necesitamos tener en cuenta dos cosas con respecto al conocimiento de Dios. 

Dios, el creador, no depende de la creación para su conocimiento

Primero, debemos mantener que el fundamento de todo el conocimiento de Dios es Su propia esencia y no depende de otra cosa que de Él mismo. “Yo soy quien soy” (Éxodo 3:14). En otras palabras, Dios es lo que es, y posee todo lo que Él es de Sí mismo. Dios…. es solo en y para sí mismo todo suficiente, no necesitando de ninguna criatura que haya creado….”. A su vista todas las cosas son abiertas y manifiestas, su conocimiento es infinito, infalible e independiente sobre la criatura, de modo que nada es para él contingente o incierto” (2LCF 2.2; WCF 2.2); “Todas sus obras son conocidas por Dios desde la eternidad” (Hechos 15:18). 

Tanto los medievales como los reformados siempre han confesado que Dios sabe por Su propia esencia, es decir, que necesariamente sabe todas las cosas conociéndose perfectamente a Sí mismo y de todas las maneras en que Su propia perfección y bondad pueden ser imitadas y reflejadas en la criatura de maneras finitas y limitadas. De esta manera, el conocimiento de Dios se fundamenta en su propia esencia tan imitable como el prototipo y ejemplo de toda realidad, ya sea real o meramente posible[1], una presuposición bíblica importante, a la que volveremos en un momento, que socava la posición molinista.

Distinciones teológicas en el conocimiento de Dios

La segunda cosa que debemos tener en mente son las varias distinciones lógicas y bíblicas que se han hecho habitualmente con respecto al conocimiento de Dios. El consenso medieval y reformado ha sido el de distinguir dos momentos lógicos (no temporales) en el conocimiento divino relativo al decreto divino: el conocimiento natural o simple de Dios y el conocimiento libre o visionario de Dios. Otra manera de decir esto es que Dios sabe todo lo que puede hacer y todo lo que Él, en virtud de Su decreto, hará. 

A. El conocimiento natural de Dios, de todo lo que podría hacer (De Potentia Absoluta)

El primer momento–el conocimiento natural de Dios–es lógicamente anterior al decreto divino, es decir, no presupone el decreto, sino que comprende Su conocimiento absoluto de todas las cosas y mundos posibles en los que Su esencia puede ser imitada en las cosas creadas. Como tal, Su conocimiento natural es Su conocimiento de Su propio poder absoluto (de potentia absoluta), es decir, todo lo que el poder de Dios puede hacer.

B. El conocimiento anterior de Dios, de todo lo que hará (De Potentia Ordinata)

El segundo momento -el llamado conocimiento de la visión de Dios- se refiere a Su conocimiento anterior, no de lo que Él es capaz de hacer, sino más estrechamente de las cosas que Él ha querido/decretado libremente hacer. Como tal, el conocimiento visionario de Dios presupone, o lógicamente sigue, el decreto de Dios y descansa no sólo en el poder absoluto de Dios, sino más particularmente en el poder ordenado de Dios (de potentia ordinata). 

El primero, el conocimiento natural de Dios, siendo lógicamente anterior a Su decreto, se refiere a todo lo que Dios puede hacer, incluyendo muchas posibilidades que Dios podría haber hecho pero que ha decidido no hacer. Este último, presuponiendo Su decreto, se refiere al conocimiento previo de Dios de todo lo que Él ha escogido libremente para actualizar o llevar a cabo. 

Las cosas son conocidas como posibles en virtud de Su poder y conocidas como futuras en virtud de Su voluntad. Y sin embargo, “aunque Dios sabe todo lo que puede o puede suceder en todas las supuestas condiciones, no ha decretado nada porque lo previó como futuro, o como lo que sucedería en tales condiciones” (2LCF 3.2; WCF 3.2; cf. Rom. 9:11-18). 

Una vez más, como lo ve el Molinista, el problema con el cálculo tradicional es que, si el conocimiento previo de Dios de las cosas futuras (personas, eventos, acciones, etc.) descansa sobre la voluntad inmutable de Dios, entonces esas cosas deben suceder necesariamente. Y si se cumplen necesariamente, entonces la contingencia y la libertad del albedrío humano serían destruidas. Su solución propuesta al problema es la llamada doctrina del conocimiento intermedio. Para afirmar la libertad del hombre y la soberanía divina, insertan un tercer momento lógico entre el conocimiento natural de Dios y el conocimiento visionario, de ahí el nombre de conocimiento medio. 

Conocimiento contrafactual de Dios: Afirmado por todos

Como el conocimiento natural de Dios, el conocimiento medio, según un autor, 

“es el conocimiento prevolicional de Dios de todos los verdaderos contrafácticos. Es decir, es un tipo de conocimiento que Dios poseía lógicamente… antes de estar dispuesto a crear el mundo o de tomar cualquier decisión sobre qué tipo de mundo, si lo hubiera, crearía. En este conocimiento, Dios comprendió el valor de verdad de todos los contrafactuales, o proposiciones condicionales en el estado de ánimo subjuntivo….. Para ilustrar, la [siguiente proposición es un contrafáctico]:

“Si la Corte Suprema hubiera declarado a Al Gore el ganador de las elecciones presidenciales del 2000, los Estados Unidos no habrían invadido Afganistán e Irak.” Y según el conocimiento medio, Dios sabe cuáles de estas proposiciones son verdaderas y cuáles son falsas antes de decidir hacer este mundo o cualquier otro mundo”[2].

Que Dios posee conocimiento contrafactual no es en absoluto controversial. Tanto los medievales como los reformados han confesado que los llamados contrafactuales están entre los muchos posibles que se encuentran dentro del ámbito del conocimiento natural de Dios. Lo que es controversial acerca de la afirmación del conocimiento intermedio es que no basa este conocimiento en el conocimiento que Dios tiene de sí mismo (ni en lo que Él puede hacer ni en lo que Él hará), sino en lo que la criatura potencial haría por sí misma. El punto de vista del conocimiento medio propone que Dios sabe lo que toda criatura, si fuera creada, haría libremente en cualquier circunstancia, no conociéndose a sí mismo como la causa principal de toda posibilidad, sino conociendo a la criatura potencial como la causa completa de sus propias acciones, independientemente de la causalidad divina. Lo que es controversial, entonces, es la suposición de que el así llamado conocimiento medio de Dios no está basado en Dios mismo, sino que depende de algo más que de Dios, de la criatura, que se presume que es independiente y autónoma de Dios.[3]

La medula del molinismo: la criatura es independiente y autónoma del Creador

La singularidad de este punto de vista puede verse en su relación con la doctrina de la elección. La variedad popular del arminianismo propone el siguiente orden lógico: Dios decide crear un mundo particular y luego mira por el corredor del tiempo y prevé quién pondrá su fe en Cristo y quién no, y luego basa su decreto de elección en la fe prevista en esas personas. El molinismo, sin embargo, aborda el asunto con más sofisticación. Propone que Dios es, según el llamado conocimiento intermedio, consciente de todos los mundos posibles en los que, en determinadas circunstancias, una persona confiaría libremente en Cristo y en otros mundos posibles en los que, en otras circunstancias, rechazaría libremente a Cristo. Por consiguiente, Dios no basa Su elección de esa persona en base a su fe prevista, sino que determina que ellos creerán decretando soberanamente uno de los mundos posibles, junto con todas las circunstancias concomitantes, en las cuales Él prevé que ellos creerán. De este modo se preserva la libertad humana, en la medida en que Dios no es la causa de su fe sino que es autónoma; de la misma manera, se preserva la soberanía de Dios, en la medida en que Él no tenía ninguna necesidad de decretar ese mundo y no otro de la miríada de mundos posibles en los que ellos no habrían creído.

Conclusión

En resumen. Hemos intentado responder a la pregunta: ¿Qué es el molinismo y a qué se refiere el “conocimiento medio”? La principal preocupación de sus defensores es reconciliar la soberanía del albedrío divino y la libertad del albedrío humano. El problema, como ellos lo ven, es éste: si todo lo que Dios decreta necesariamente llega a suceder, entonces la libertad genuina y la contingencia de los agentes libres parecen ser imposibles. Su solución propuesta es insertar un tercer momento lógico entre el conocimiento natural de Dios y el conocimiento visionario, en el cual Dios supuestamente sabe lo que cada criatura haría libremente en cualquier circunstancia. Se argumenta que, al ordenar libremente un mundo particular con un conjunto particular de circunstancias en las que Dios prevé lo que la criatura haría libremente, se preservan tanto la soberanía del albedrío divino como la libertad del albedrío humano. Pero, ¿qué tan bíblico es el conocimiento medio? En la segunda parte de esta serie, ofreceremos una breve evaluación de la llamada doctrina del conocimiento medio desde una perspectiva autoconsciente y confesionalmente reformada.

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Sobre el autor:

Charles J. Rennie es graduado del Instituto de Estudios Bautistas Reformados (IRBS) y del Seminario Westminster de California (2008), de la Universidad de St. Andrews (2017), y actualmente es candidato a doctorado en la Universidad de Durham. Es pastor en la Iglesia Bautista Reformada Sycamore en East Moline, IL. También es miembro de la junta directiva del Seminario Teológico de la IRBS.


Publicado primero el 30 de Setiembre del 2019, primero en: http://www.reformation21.org/blog/2019/09/is-middle-knowledge-biblical-a.php

Notas:

[1] cf. Aquino, ST I, a.15, q.2, “En cuanto conoce perfectamente su propia esencia, la conoce según todos los modos en que puede ser conocida. Ahora puede ser conocida no sólo como es en sí misma, sino como puede ser participada por criaturas de acuerdo a algún grado de semejanza”. Charnock, Existencia y Atributos, “Dios conoce por su propia esencia; es decir, ve la naturaleza de las cosas en las ideas de su propia mente, y los acontecimientos de las cosas en los grados de su propia voluntad; los conoce no viendo las cosas, sino mirándose a sí mismo; su propia esencia es el espejo y el libro, en el que contempla todas las cosas….”. (1:452). Ver Henri Renard, La Filosofía del Ser, “Desde toda la eternidad Dios contemplando Su esencia, que es la actualidad de toda perfección, ve la posibilidad de imitaciones limitadas de esa perfección suprema. Así, desde una eternidad concibe las esencias posibles; por consiguiente, se dice que estas esencias son eternas, inmutables y necesarias. La realización formal de los posibles, entonces, está en el intelecto divino. El fundamento, sin embargo, para esta cognición es la esencia de Dios como imitable, porque la esencia de Dios es la fuente de toda realidad, de todos los posibles, de todos los seres” (112). Ver John McCormick, Metafísica Escolástica, “Si algo más allá de Dios es posible, es porque puede imitar de manera finita alguna perfección infinita de Dios. La esencia de Dios tan imitable de una manera finita en las cosas creadas es, por lo tanto, el fundamento último de los posibles y la razón final por la cual las cosas son posibles en absoluto….. La esencia de Dios es, por lo tanto, el modelo y prototipo de toda realidad” (1:55).

[2] Kirk R. MacGregor, Luis de Molina: La vida y la teología del fundador del conocimiento medio, 79.

[3] El molinista podría protestar contra esta conclusión, señalando que el propio Molina hablaba de la causalidad divina tanto en la creación de criaturas capaces de la causalidad libertaria como en la libre realización de un orden específico y, por lo tanto, del resultado de las cosas. Incluso sostenía que “Dios no adquiere ningún conocimiento de las cosas, sino que en cambio conoce y comprende todo lo que sabe en su propia esencia y en el libre determinismo de su propia voluntad….”. Pero Molina inmediatamente continúa limitando la medida en que Dios comprende todo lo que sabe, excluyendo la noción de que Él sabe todas las cosas al conocerse a sí mismo como su causa: “…sin embargo no es porque Él sabe que algo va a ser lo que esa cosa va a ser. Al contrario, es porque la cosa vendrá a ser de sus causas que Él sabe que va a ser” (Molina, Sobre la Divina Preconciencia: Parte IV de la Concordia, trans. Alfred J. Freddoso, disputa 52.19).

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