Han pasado más de doce años desde que comencé a estudiar griego bíblico. Me encontraba cursando el primer año de estudios universitarios de ingeniería, tenia 19 años. No tenía suficiente dinero para comprar un libro de Griego, pero usaba un software bíblico llamado ‘e-sword’, que proveía recursos gratuitos. En el mismo estaba el libro electrónico ‘Aprendamos Griego del Nuevo Testamento’, por Clarence Hale. Recuerdo haber dedicado entre cinco a seis horas al día, cada día ese verano a aprender Griego. Al final del mismo, había casi terminado mi primer curso de Griego. Aún recuerdo como casi brotaron lágrimas de mis ojos de emoción la primera vez que pude leer el texto Juan 1 de manera devocional en griego. Poco sabia en ese entonces que la pronunciación erasmica no era la mejor, o que el libro de Clarence Hale no era el mejor para aprender Griego de manera autodidacta, o cuán difícil decían que era hacerlo. Gracias a Dios no lo sabía, sino nunca lo hubiera intentando.

Han pasado más de doce años desde entonces, y he llevado cursos de idiomas bíblicos teológicos (Griego, Hebreo y Latín) en seminarios de Perú, Inglaterra y Estados Unidos, y estoy aún muy lejos de dominarlos. La Predicación de la Palabra es el mas grande privilegio y responsabilidad que un hombre puede tener. En aquel entonces estaba comenzando a predicar regularmente, y algo que resonaba en mi mente en aquellos años de juventud era la advertencia de Santiago 3:1 “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.”

¿Recibiremos mayor condenación los Maestros?

¿Por qué dice el texto que aquellos que enseñan la Palabra recibirán mayor condenación? Porque lo que enseñe de manera equivocada no solamente me traerá condenación a mí, sino también a todos los que me oyeren. A menudo me preguntaba; si hace cinco años creía algunas cosas con seguridad en las cuales hoy me doy cuenta que son erradas, ¿Quizá en cinco años me dé cuenta que algunas cosas que hoy creo estuvieron erradas? Este pensamiento me hacía temblar y me llevaba al Señor en oración. Pero también a estar seguro tanto como pudiera, con todo el esfuerzo que pudiera, que aquello que enseñaba iba de acuerdo a la Palabra y no lo que yo creo que enseña la Palabra. No solo mis esfuerzos están manchados de pecado, sino también mi intelecto, ¡Todo mi ser! Cuan torpe soy Señor y cuan falto de discernimiento. Quizá la lección más grande en estos años ha sido comprender la misericordia del Señor mostrada en Su disciplina para conmigo. Quizá lo que más he aprendido ha sido a darme cuenta de cuan poco se de nada. Hace cinco años creía cosas que ahora no creo, y si la gracia del Señor se derrama sobre mí, en cinco años de ahora ya no creeré algunas cosas que hoy creo. Eso seria una bendición.

Si algo enseña la doctrina de la Universalidad del Pecado, también conocida como ‘Depravación Total’, es que el pecado, esa desviación asquerosa que lleva a complacerse a uno mismo antes que a Dios o al prójimo, ha afectado cada esfera de mi persona. Esto es, el pecado a corrompido mis sentimientos, voluntad e intelecto. Mientras más medito en esta verdad, más me lleva a comprender la gracia de Dios revelada en el evangelio de Cristo Jesús. Pero también más me lleva a desconfiar de mí mismo, de mis motivaciones, incluso aquellas que me parecen buenas. ¿Por qué hago lo que hago? ¿Es genuinamente para agradar a Dios o traerme gloria a mí mismo? ¿Busco el aplauso de los demás? ¿Por qué publico esa foto en el Facebook? ¿Qué es lo que quiero mostrar, que es lo que quiero que otros piensen? ¿Por qué publico los libros que leo? ¿Quiero que otros consideren que soy espiritual? ¿O que soy inteligente? Señor muéstrame lo que realmente soy.

Si, tu teología esta manchada de pecado.

No he comenzado a comprender la doctrina del pecado a menos que me dé cuenta que soy yo mismo mientras escribo estas palabras quien está afectado completamente en mi voluntad, emociones e intelecto por el pecado. Por lo cual como diría el puritano Thomas Brooks, “Aun mis mejores obras de justicia están manchas por mi pecado”.

Isaías 64.6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

Debemos cuidarnos de no caer en dos extremos aquí, ambos igualmente letales, como consecuencia del pecado remanente en nuestras vidas. Ambos extremos disminuyen la obra del Espíritu Santo:

  1. El hecho que no podamos saberlo todo no significa que no podamos saber nada.

  2. El hecho que podamos saber algo no significa que podamos saberlo todo.

Sí, yo creo en un evangelio que es absolutamente puro e inmaculado. Pero no, no creo que tu interpretación, ni la de nadie más, de ese evangelio sea pura e inmaculada. Uso evangelio aquí no como un sinónimo de las doctrinas cardinales o fundamentales de la fe cristiana, sino más bien de una manera más comprensiva. Aquella persona que dice que tiene el evangelio “puro” o “la doctrina incontaminada” en su totalidad es blasfemo pues está haciendo su enseñanza e interpretación bíblica como el estándar de enseñanza a la cual todas las demás deben conformarse en todo aspecto. Es una negación práctica de la doctrina de la Depravación Total, es como decir, “El pecado ha afectado el intelecto de todos los demás, menos el mío”. Si algo nos enseña la historia es que han sido los herejes y falsos maestros quienes han enseñado en términos de blanco y negro, absolutamente puro u absolutamente falso, etc. El hecho de que alguien tenga una doctrina ortodoxa, bíblicamente sana, no quiere decir que sea perfecto, sin error en ningún punto, puro e incontaminado. 

No, tu teología no es absolutamente correcta en todos sus puntos. Hay puntos, quizá muchos, que crees ahora en los que estás equivocado, solo que no te das cuenta todavía. Y a menos que te des cuenta de esta verdad, nunca te llegaras a dar cuenta de cuales eran y en el día del Juicio cuando el Señor te llame a cuentas recibirás mayor condenación, no solamente tú, sino también a todos quienes enseñaste en tu Iglesia y a través de las redes sociales. Si crees en la doctrina del Pecado, y no eres consciente que este ha afectado tu conocimiento teológico, entonces no crees en la doctrina del Pecado. Si no eres consciente que cada vez que escribes algo en el Facebook, enseñas, haces un comentario, etc. hay una gran posibilidad que estés pecando, no has comprendido la doctrina del pecado. Uno de los mejores consejos que alguien pudo darme cuando era un jovencito de primer año de seminario fue: “Nadie necesita tu sabiduría, quédatela para ti mismo”. Me hace recordar lo que Spurgeon en una edad madura solía decir a los jóvenes que se estaba preparando para el ministerio: “Me gustaría volver a tener 19 años. En aquel entonces tenia todas las respuestas”. 

Santiago 1.26 Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana.

Conclusión.

Mientras más paso tiempo en las redes sociales más llego a la convicción que hay falsos maestros con doctrina ortodoxa. Mientras más una persona busca publicidad o ser conocida menos semejante a Cristo es. Algunos corren peligro de ser eliminados por su uso de las redes sociales. Algunos grupos o páginas de discusión teológica que en la mayoría de los casos solo tienen el propósito de promover el pecado a través del enorgullecimiento de algunos, la humillación de otros, y el pecado de todos. Si quieres aprender, lee un libro, busca un maestro de verdad no uno a través de las redes sociales, y ora en la Palabra a través del Espíritu. Esta es una de las razones por las cuales más de una vez he orado para desactivar los comentarios en esta página “Teología para vivir”, mi consciencia se aturde: “No quiero que nadie se vaya al infierno por los comentarios que hizo en mi página, pecando y haciendo pecar a otros”.

1 Corintios 9.26–27 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Mientras más lo buscaban más se apartaba a lugares solitarios nuestro Señor. Esto es lo opuesto a pasar un tiempo “A solas con Dios”, publicándolo a través de una imagen en el Facebook o Instagram.

Juan 5.41–42 Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.”

Me asusta pensar que en aquel día final las redes sociales serán el instrumente provisto por el diablo para que aquel pecado que solo era patente o potencial en muchos, se haga real y concreto. Que el Señor nos ayude.

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Daniel Caballero.

Acerca del autor:
Daniel CaballeroDaniel Caballero nació en Lima, Perú. BSc. Universidad Nacional Agraria La Molina. BA, Seminario Teológico Bautista (Lima); Postgrado en Teología, The London Theological Seminary (Londres), ThM-Teologia Histórica., Westminster Theological Seminary (PA-USA). Esta por iniciar estudios doctorales en Inglaterra sobre Historia de la Reforma (siglo XVI) y Post-Reforma (siglo XVII). Especialización en John Owen y Puritanismo ingles. Daniel ha escrito numerosos artículos sobre puritanismo, teología bíblica y cultura. Su campo de especialización es en estudios de la Reforma y Post-Reforma (Puritanismo). Ha vivido por casi cinco años en Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de profundizar estudios Teológicos. Es misionero enviado de Inglaterra para el servicio en desarrollo de educación teológica en Perú. Actualmente vive en Lima, Peru. Tiene experiencia desde muy joven en educación teológica.