09-Contemporaneo (s. XX)

¿Por qué soy Cesacionista? Por Daniel Caballero

Después de pensar por mucho tiempo sobre esta pregunta, creo que podría resumir mi respuesta en un párrafo:

Soy cesacionista porque creo en el poder del Espíritu Santo para obrar de acuerdo con Su Soberanía, como quiera, donde quiera, y con quien quiera, independientemente de la agencia humana. Soy cesacionista también porque no limito o encasillo la obra del Espíritu Santo a la mediación humana, sino que creo que es Soberano para obrar de manera inmediata. Soy cesacionista porque creo que Dios ha establecido medios de gracia “ordinarios” o “frecuentes” para obrar en la edificación de Su Iglesia pero es libre para operar fuera de esos medios cuando desee, y obrar de manera “extra-ordinaria”, o “poco frecuente”. Creo que también que soy cesacionista porque esta ha sido la postura histórica mayoritaria de la Iglesia desde los días del siglo II, pasando por los reformadores y puritanos, hasta inicios del siglo XX. Pero sobretodo, soy cesacionista porque creo que es la postura mas consistente con el mensaje de las Escrituras, la teología como un todo, y de mayores beneficios para la vida y bienestar de la Iglesia.

De cesacionista a continuista.

A diferencia de otros artículos, este no será un ensayo académico, con copiosas notas de pie de página, haciendo referencia a la literatura primaria y secundaria, tratando de evidenciar un manejo del tema de estudio y su interrelación con los diversos campos de la Escritura. Sino que más bien será un articulo introductorio, a manera de testimonio. Los artículos académicos sobre puntos más detallados del cesacionismo que sostengo vendrán más adelante.

La postura que tenía al inicio de mis estudios teológicos a los 16 años podría llamarse “cesacionismo anti-supernaturalista”. Es decir, creía que las sanidades, etc., estuvieron estrictamente restringidas a la era apostólica. Sin embargo, mientras más estudiaba la historia, patrística, etc. mas me inclinaba a una postura continuista (o lo que yo en mi ignorancia creía era continuismo). Lo que me llevo a abrazar el continuismo a inicios de mis veintes fue en parte esta evidencia histórica, así como la mala o pobre defensa de cesacionismo que veía.

Paradójicamente lo que me hizo cambiar del cesacionismo al continuismo fue la pobre defensa del cesacionismo. Como por ejemplo la noción de que en 1 Co. 13:10, “lo perfecto” a lo que Pablo se refería era el canon, cuando claramente la mayoría de la Iglesia, y el contexto, afirman que es una referencia a Cristo, o que no ha habido una actividad “extra-ordinaria” o “fuera de lo usual” de Dios a lo largo de la historia, cuando claramente hay muchos testimonios de la misma. A mis 22 años, mientras me preparaba para ir a Inglaterra a estudiar, era un continuista convencido, abierto, pero cauteloso. Bueno, eso creía. 

De continuismo a cesacionista. 

He sostenido la postura cesacionista y continuista, y en ambas ocasiones lo hice de manera sincera, buscando honrar al Señor, y después de pasar muchas horas de estudio en el tema. La mayor parte de mi adolescencia y mis veintes la pase estudiando, 10 o 12 horas al día era la norma en lugar de la excepción, y el resto de mi tiempo en servicio en la Iglesia. Por lo cual, que Dios me libre de pecar juzgando a un hermano que sostenga una postura diferente a la que sostengo. Tu tampoco deberías hacerlo, sino que debemos buscar la unidad del cuerpo de Cristo. 

Lo que motivo mi cambio del continuismo al cesacionismo fue una combinación de tres puntos según lo veo. El primero fue un mayor conocimiento de la teología bíblica especialmente de la teología del Pacto. El segundo, de la teología histórica, sobre todo la adquisición de una mayor profundidad en la tesis de Bebbington (no te preocupes si nunca has escuchado de la tesis de Bebbington, y la discusión tocante a su libro “Evangelicalism in modern Britain”, publicado en los 80’s. Yo tampoco hasta mediados de mis veintes nunca la había escuchado); y el tercero, una compresión más clara de la extensión de la teología reformada a todas las áreas de la vida de la Iglesia, y la teología – y no solamente a cinco puntos. Ampliare un poco mas cada punto. Una vez más, no intento convencerte de nada, sino solamente introducirte a la discusión sobre el tema de una manera coloquial y contar mi peregrinaje en este tema.

A. Una comprensión más clara de la teología del Pacto. 

Creo que este fue el punto clave. La teología del pacto es primariamente un método de interpretación de la Biblia, cuyo énfasis en este punto es que el obrar del Dios es: A. Cíclico, siguiendo un patrón definido, y repetido tipológicamente a lo largo de las eras de la redención. B. Climática, aunque la obra de Dios es cíclica y sigue una tipología definida la largo del cánon, la consumación es climática en la persona, obra y mensaje de Cristo Jesús. De tal manera que aunque el antitipo (Cristo) esta presente en el tipo, el antitipo siempre es mayor en intensidad, alcance y cumplimiento. C. Progresivo y orgánico. Existe continuidad y discontinuidad en la manera del obrar de Dios y de autorevelarse a si mismo. 

Mientras más grande la revelación de Dios, más grandes las señales que acompañan dicha revelación, señales que al mismo tiempo autentifican el mensaje y al mensajero. Las Escrituras son de esta manera la explicación inerrante del Espíritu Santo a través de los escritores de la Biblia de las obras redentoras de Dios. Por ejemplo, el evento del Éxodo, fue una señal muy grande, que acompañó una revelación de Dios muy grande. Lo que prosigue y antecede al evento del Éxodo sirve como prólogo y epílogo, y explicación de dicho evento. La revelación más grande de Dios es en la persona, mensaje y obra de Cristo Jesús, por lo cual es de esperarse que las señales que acompañaron a dicho evento sean aún más grandes que las del Éxodo. Sin embargo, estas señales que tenían el propósito de autentificar el mensaje de los fundadores de la Iglesia del Nuevo Pacto (esto es los apóstoles y profetas) dejaron de ser ejecutadas por estos fundadores. Esto es: Los dones extra-ordinarios del Espíritu dados a estos fundadores dejaron de estar operativos de la manera como lo eran, debido a que estaban circunscritos a la operación y mensaje de dichos fundadores de manera exclusiva.

Efesios 2.20 Están edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedraangular.

Los profetas y apóstoles son el fundamento. Siguiendo ese verso, si aun hay profetas, entonces también deberíamos afirmar que hay apóstoles, pues fueron ambos quien pusieron el fundamento. Lo que vemos después de esta etapa inicial son señales de Dios ejecutadas de manera independiente de la agencia humana. Esto debido a que el obrar de Dios en conjunción con la agencia humana siempre ha tenido propósitos estrictamente revelatorios a lo largo de las Escrituras. Algo que me molesta de la discusión de los dones del Espíritu es que tiende a basarse en algunos versos aislados de las Epístolas, y no tiene en cuenta el testimonio de las Escrituras como un todo.

En general, comparado con el dispensacionalismo, la teología del pacto afirma una mayor continuidad entre el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto. En parte, esta es una de las razones por la cual la mayoría de continuistas son dispensacionalistas. Y, como consecuencia, por ejemplo, en el caso de la profecía, la vasta mayoría de continuistas afirman una noción de profecía infalible y revelatoria en el Antiguo Testamento, pero una profecía falible y no revelatoria en el Nuevo. Su concepto de profecía en el Antiguo Testamento es diferente a su concepto de profecía en el Nuevo Testamento, en parte como consecuencia de su énfasis en la discontinuidad del Antiguo y el Nuevo Pacto, y en parte como consecuencia de la hermenéutica dispensacional. Por otro lado, la teología del Pacto, ya sea Bautista o Presbiteriana, tiende a afirmar una mayor continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Pacto. Por lo cual el concepto de profecía del Antiguo y Nuevo Pacto es básicamente el mismo: revelatorio e infalible. La diferencia principal entre ambos pactos en la Teologia del Pacto en relación a la profecía es quantitativa en lugar de cualitativa. Siguiendo la lógica de pensamiento de la teología del Pacto, si la profecía del Nuevo Pacto es revelatoria e infalible, al igual que la del Antiguo Pacto, entonces, indubitablemente ha cesado, porque ya no existen profecías infalibles y revelatorias porque el cánon ya esta cerrado. 

Es por esto, que es virtualmente imposible para alguien que afirma la teología del pacto, y que es consistente con este método de interpretación biblica, sostener la vigencia de la profecía en la actualidad, pues esto implicaría tener dos nociones diferentes de profecía, una para el Nuevo y otra para el Antiguo, afirmando así una completa discontinuidad entre los pactos, siendo de esta manera inconsistente con la teología del pacto que dice sostener. Este es solo el caso de la profecía, pero lo mismo se aplica a muchos otros puntos. El punto principal de diferencia entre continuistas y cesacionistas no es solamente la exegesis aislada de textos de la Escritura, sino en la mayoría de casos dos sistemas de interpretación biblica diferentes.

B. Una mayor compresión de la teología histórica, sobre todo la tesis de Beddington. 

Hermanos dejemos algo claro; Spurgeon, Martyn Lloyd-Jones, John Owen, Jonathan Edwards, los Puritanos, Juan Calvino, Martin Lutero, los Reformadores, la mayoría de teólogos medievales, etc, en general el testimonio de gran parte de la Iglesia ha sido cesacionista. Alguien será pronto en decir lo siguiente: “Daniel, no tienes idea de lo que dices Spurgeon creía en que Dios podía hacer milagros!” –  Si. Claro. Yo también. Creo que Dios puede obrar una sanidad en respuesta a la oración de su pueblo, pero no creo que este don radica en una persona, sino en Dios. 

Por otro lado, en el Nuevo Testamento, la palabra “don” o regalo inmerecido, se usa de muchas maneras. Por ejemplo, la salvación es un don de Dios, una esposa es un don de Dios, el estar soltero es un don de Dios, el estar casado es un don de Dios, administrar bien tu casa es un don de Dios, el tener buena salud es un don de Dios, la habilidad para vivir en santidad es un don de Dios, en general todo lo bueno que disfrutamos es un don de Dios. Distinciones entre “talentos” y “dones” son incorrectas y no tienen base histórica, teológica o de teología bíblica. Son conceptos relativamente nuevos derivados de esquemas de santificación wesleyanos-pentecostales. Spurgeon creía en el don de sanidad en el sentido de que Dios puede sanar a alguien, y de que esta sanidad es en si misma un don o un regalo de Dios. Pero él no creía en “sanadores”, a los cuales se les había dado un don el cual podían ejercer. Yo tampoco. Spurgeon era cesacionista. Yo tambien.

La diferencia central entre el continuismo y el cesacionismo no se encuentra primariamente en el resultado (por ejemplo una sanidad), sino en los medios empleados para dicho evento. 

Para un cesacionista estos, todos estos, incluyendo las raras ocasiones a lo largo de la historia de la Iglesia en las que alguien ha hablado en un idioma diferente al suyo y otros lo han entendido, son acciones que después de la era apostólica y el cierre del cánon son ejecutados directamente por Dios, a través del Espíritu, como quiere, donde quiere, y como le plazca, sin necesidad de la intervención humana, a veces como respuesta a la oración de Su pueblo, y a veces de manera totalmente independiente. Por otro lado el continuismo entiende un don “extra ordinario” del Espíritu como algo dado a una persona en particular, es decir, algo que una persona posee y que otra no. Esta es una diferencia radical y de medular importancia. Porque cuando Basilio, y los padres de la Iglesia dicen cosas como estas:

“El Espíritu Santo ilumina a todos [los creyentes]… da sabiduría a los que hacen las leyes, consagra a los sacerdotes, le da el poder a los reyes, santifica a los justos, exalta a los prudentes, obra dones de sanidad, da vida a los muertos, libera a los que están en cadenas [de pecado], y convierte a los extranjeros en hijos.”[1]

El concepto al cual alude es al concepto cesacionista histórico y no al continuista actual. Los padres, etc. hablan claramente del Espíritu – y no una persona en particular – obrando una sanidad, etc. Esto es muy diferente del testimonio apostólico, en el cual se menciona claramente el accionar a través de Pablo, Pedro, etc. ¡Claro que el Espíritu Santo hace una obra de sanidad! ¡Amen! En la mayoría de los casos lo hace a través de los medios establecidos como médicos, etc. y en otras lo hace de manera Soberana. Pero esto es radicalmente distinto a afirmar que los sanadores en estadios que vemos, con sus rituales y otras obscenidades tienen un don de sanidad particular. Hay una confusión grande en esto. A veces pienso que tendemos a leer la historia con nuestros propios lentes, sin hacer una distinción adecuada y realmente comprender lo que la historia dice o lo que el cesacionismo enseña. Debo decir humildemente que este también fue mi problema. Lo que me ayudó un poco en mi interpretación de la historia fue la tesis de Bebbington, la cual explicare brevemente.

La tesis de Bebbington y la formación del continuismo Evangélico (y Católico Romano!).

Hay muchos libros escritos sobre el tema. En la década de los años 80’s, el erudito David Bebbington planteó la tesis de que el Evangelicanismo Moderno, como lo conocemos hoy en día, surgió a mediados del siglo XVIII, con la era de los avivamientos de Whitefield y Edwards, como una respuesta a la influencia de la ilustración – y todo lo que esta abarca, como el racionalismo, liberalismo teológico, etc –  en la Iglesia. Los Evangélicos, en el sentido moderno del termino, de acuerdo a Bebbington, nacieron como consecuencia de esto y poseen cuatro características distintivas: Activismo, Énfasis en la conversión personal, Biblicismo y Cruz-centrismo.[2] La influencia e impacto de la ilustración en el Protestantismo, y la respuesta de la Iglesia Protestante a dichos eventos, tuvo varias consecuencias en el siglo XIX, como el surgimiento del Dispensacionalismo, un énfasis en el Premilenarismo, en contraposición con el post-milenarismo (amilenarista?!), que fue la postura principal en los siglos XVI al XVIII, y más adelante el surgimiento del Pentecostalismo.[3] Aunque no estaría de acuerdo con todo lo presentado por Bebbignton, y considero que a menudo enfatiza demasiado la discontinuidad entre el siglo XIX y el siglo XVII, tiene razón en varios puntos: el siglo XVIII fue un punto de inflexión para la tradición Protestante. Voy a tratar de ser tan simplista como pueda aquí, y resumir lo mejor que pueda en un párrafo la relación de la tesis de Bebbignton con lo que vemos en la actualidad en relación a los dones:

La Reforma y Post-reforma tuvo una postura cesacionista supernaturalista, que permitía y daba lugar a manifestaciones extraordinarias del Espíritu Santo. El racionalismo del siglo XVIII causó que mucha de la Iglesia perdiera su vigor, celo evangelístico y fervor por la predicación. Este racionalismo causo que el cesacionismo supernaturalista diera lugar a un cesacionismo puramente naturalista, es decir, la negación de cualquier evento supernatural, incluidos milagros, etc. Mientras que, por un lado la Iglesia abrazo completamente estas influencias tornándose así en liberales, otra parte busco un avivamiento de la ortodoxia fría. Sin embargo, este avivamiento y patrones de construcción teológica y hermenéutica fueron hechas con herramientas derivadas del racionalismo. De esta manera, la teología del pacto se convirtió por un lado en hipercalvinismo, y como reacción opuesta a este en Wesleyanismo; y más adelante en dispensacionalismo. La negación de cualquier actividad supernatural del Espíritu no tuvo un regreso al cesacionismo supernaturalista de los puritanos, sino a un énfasis en el obrar del Espíritu aparte de cualquier medio establecido, esto es: señales, visiones, y nuevas revelaciones. La seguridad de salvación, que antes tenía un énfasis en el crecimiento del fruto espiritual o perseverancia de los Santos, paso a ser un énfasis en la decisión y un evento de conversión, entre otros. El surgimiento del continuismo pentecostal fue en parte una respuesta a la infección del racionalismo dentro de la Iglesia.

Ok, es mucho más amplio y detallado que esto, pero les da la idea. Pregúntese, ¿Por qué el continuismo, de la manera como se entiende en la actualidad, surgió a finales del siglo XIX y no en el siglo XVII o en el siglo XIII? ¿Realmente cree que John Owen, Jonathan Edwards, Juan Calvino, Herman Witsius, etc. nunca leyeron 1 Corintios 12-14? ¿Alguna vez te has preguntado eso? Yo si lo hice. Me llamo la atención, genuinamente, y en humildad, cuestionar mi continuismo a la luz de la historia. ¿Por qué todos estos grandes hombres de Dios, que enfatizaban el Espíritu Santo, fueron usados en los más grandes avivamientos, predicaban a multitudes, vivían con la expectativa del obrar del Espíritu, iniciaron los movimientos misioneros más grandes jamás conocidos en la historia y estudiaron la Palabra intensamente; por que, casi todos ellos fueron cesacionistas? Si bien esto no necesariamente me convenció, creo que solo una persona arrogante no prestaría atención a aquellos que le han precedido en la fe. 

C. Una comprensión más clara de las ramificaciones de la teología reformada a toda la vida.

Hace unos años un hermano que decía tener don de sanidad me pregunto: “Hermano, entonces, ¿usted no cree que el Espíritu Santo realiza sanidades?”, a lo cual le respondí: “Si, claro que si hermano. Solo que no creo que lo haga a través de usted”. Detrás de esto se encuentran dos concepciones diferentes – no de lo que el Espíritu Santo puede en Su Soberanía hacer – sino de la manera o los medios dispuestos por Dios para que lo haga. Por ejemplo, la teología reformada clásicamente ha entendido que la edificación del Pueblo de Dios se da en conjunción de la Fe y la Palabra. Donde no hay una exposición rigurosa de la Palabra, no hay Fe. Pero donde no hay Fe (Espíritu), tampoco puede haber un obrar de la Palabra. Ambas van de la mano y son inseparables. Muchos de mis hermanos Pentecostales, a veces me da la impresión de que afirman más el valor de experiencias subjetivas, o sentimientos o lo que “Dios puso en mi corazón”, o cualquiera otro, excepto los medios provistos por Dios para el crecimiento de su Iglesia y el conocimiento de Su voluntad. Fe y Palabra esta en el corazón mismo de la teología reformada.  

En resumen: 

– En circunstancias y eventos que son “ordinarios” o “frecuentes”, Dios obra a través de los medios que el ha dispuesto, esto incluye la agencia humana, la predicación de la Palabra, el estudio, la oración, etc. 

– En circunstancias que son “extraordinarias”, Dios obra aparte de la agencia humana, y enteramente de acuerdo a Su Soberana voluntad. Esto es en resumen la posición cesacionista. 

Por otro lado, la posición continuista tiende a no hacer una distinción entre ambas. Por ejemplo, en el caso de la edificación regular o normal del Pueblo tiende a no hacer uso de los medios de gracia para el crecimiento como la cena del Señor (la cual es en primer lugar un recordatorio a Dios de su Pacto y en segundo lugar a nosotros aparte de ser un medio al ir acompañado de fe por el cual Dios produce crecimiento), la disciplina bíblica, el principio regulador de la adoración, la predicación ungida de la Palabra, etc. Estos eventos Dios los realiza a través de la agencia humana. Mientras que en aquellos eventos de naturaleza extra ordinaria o no regular, en lugar de orar y descansar en la Soberanía de Dios, y su obrar inmediato – o sin intermediarios – tiende a adjudicarlo a la agencia humana. Este punto es una de las distinciones mas importantes entre la teología reformada y la pentecostal. 

Mi calvinismo, o la noción de que la Soberanía de Dios, activa y pasiva, se extiende a todas las áreas de la vida, la Iglesia, el mundo, y todo lo que vemos, indubitablemente me lleva a una postura cesacionista. Es justamente el hecho por el que creo que Dios es Soberano que me ocupo lo mas que puedo en hacer aquellas cosas que Dios ha prescrito que sean hechas para la edificación de Su pueblo, sabiendo de que Dios obra cosas extraordinarias – como la conversión de los no creyentes – a través de medios ordinarios como la predicación de la Palabra de Dios. Es justamente esta noción de la Soberanía de Dios la que me lleva a creer que Dios puede obrar una sanidad donde quiera, como quiera, y con quien quiera, como le plazca, sin necesidad de la intervención de un milagrero o alguien con el “don de sanidad”, porque la sanidad misma hecha por Dios es el don o regalo. Esto es cesacionismo. 

Conclusión

El cesacionismo reformado cree que algo casi supernatural y milagroso ocurre a través de la administración de los medios de gracia, esto es la predicación de la palabra, etc. Esto es algo que muchos continuistas parecen no creer. ¡Pocas cosas son mas sagradas, espirituales y casi milagrosas que la celebración de la cena del Señor! ¡Dios se reúne con Su pueblo en Cristo! ¡Que maravilla! ¡Ni mil milagros o sanidades sobrepasan lo masivo y supernatural del poder de Dios actuando en la conversión de alguien! Como cesacionista, realmente creo que algo supernatural, mas poderoso que la creación de todo el universo mismo tiene lugar en el momento de la conversión de alguien a través de la Predicación de la Palabra. Sinceramente creo que a veces el énfasis en experiencias del Espíritu tiene lugar debido a una mala teología de Predicación y la Palabra de Dios. Me es difícil concebir como alguien puede afirmar la Suficiencia de las Escrituras, y ser al mismo tiempo Continuista. 

En el obrar regular de Dios. El Espíritu Santo no obra en desconexión de la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios no obra aparte del Espíritu. Si existe una continuidad entre los actos apostólicos y los actuales, ¿donde vemos gente que se levanta de los muertos? ¿Por que algunos tipos de milagros ocurren y otros no? 

El énfasis en el continuismo ha sido la precondición necesaria para que un liderazgo abusivo, controlador y manipulador surja en algunas Iglesia Carismáticas, debido a que la fuente de su autoridad surge de una base diferente de la Escritura, en este caso, las revelaciones proféticas y apostólicas. No estoy diciendo que todas las Iglesias Continuistas tienen liderazgo abusivo. Muchas iglesias continuistas son iglesias sanas, mientras que muchas cesacionistas son enfermas. Sino que, históricamente sus debilidades han sido diferentes, por ejemplo, es muy difícil que dentro del cesacionismo surgan autoproclamados profetas y apóstoles y revelaciones extra bíblicas, por su énfasis en las Escrituras, por otro lado, es mas probable que se caiga en una ortodoxia muerta si se descuida la obra del Espiritu. Sin embargo, en Latinoamérica, el continuismo ha preparado el terreno, creando la condición necesaria para el surgimiento de milagreros profetas. Una vez que alguien clama autoridad y revelación directa de Dios, sumado a una casi total y completa ignorancia de las Escrituras, se vuelve un Papa en si mismo. El es la autoridad en si mismo y su palabra, en la practica, reemplaza a la Palabra de Dios. Esto, tristemente, no es la excepción, sino la norma en muchas partes en Latinoamérica. ¡Cuanto daño ha hecho esta noción en el siglo XX! Si el continuismo no hubiera surgido hace un siglo no tuviéramos el día de hoy a Cash Luna, Maldonado, Enlace TV, Evangelio de la Prosperidad, y todo lo demás. 

Hermanos cesacionistas, no actuemos como si no creyéramos en el Espíritu Santo y su obra poderosa, después de todo lo mas grandes “teólogos del Espíritu”, Juan Calvino y John Owen, fueron cesacionistas.  

Hermanos continuistas, respeto mucho su posición, pues yo mismo la sostuve. Sin embargo, no hay un mayor milagro sobrenatural que el Espíritu Santo realizando la conversión de alguien por la Palabra.

Espero que estas meditaciones, simples y breves de mi peregrinaje teológico en este tema sean de ayuda. Mas adelante y con mayor calma, y precisión, abordare mas puntos sobre este tema. Que el Señor les bendiga. Paz del Señor, 

Para un articulo similar, ver aqui.

Daniel Caballero.

Daniel Caballero

Acerca del autor:
Daniel Caballero nació en Lima, Perú. BSc. Universidad Nacional Agraria La Molina. BA, Seminario Teológico Bautista (Lima); Postgrado en Teología, The London Theological Seminary (Londres), ThM-Teologia Histórica., Westminster Theological Seminary (PA-USA). Esta por iniciar estudios doctorales en Inglaterra sobre Historia de la Reforma (siglo XVI) y Post-Reforma (siglo XVII). Especialización en John Owen y Puritanismo ingles. Daniel ha escrito numerosos artículos sobre puritanismo, teología bíblica y cultura. Su campo de especialización es en estudios de la Reforma y Post-Reforma (Puritanismo). Ha vivido por casi siete años en Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de profundizar estudios Teológicos. Es misionero enviado de Inglaterra para el servicio en desarrollo de educación teológica. Actualmente vive en Cork, Irlanda. Tiene experiencia desde muy joven en educación teológica. Esta casado con Ellie.

Notas:


[1]Basil, Homily3, translated in Mark DelCogliano, St Basil the Great: On Christian Doctrine and Practice(Yonkers, NY: St Vladimir’s Seminary Press, 2013), 238.

[2]Bebbignton, Evangelicanism in Modern Britain (5-17). Este es un libro que todo creyente educado debería leer. Junto con Richard Muller, en estudios de la relación entre la Reforma y Post-Reforma, Heiko Oberman en relación a Medievo tardío y la Reforma, David Bebbington es indispensable para comprender la relación entre el Modernismo y la Era Contemporanea.

[3]Han habido una plétora, literalmente decenas, quizá cientos de libros escritos en respuesta a Bebbington en los últimos 20 años. Por ejemplo, la serie de 5 volúmenes de IVP escrita por Mark A. Noll, John Wolffe, David Bebbington, Geoffrey Treloar y Brian Stanley, es quizá la mas completa desde un punto de vista evangélica conservadores interactuando con la tesis de Bebbington. Ver aquí: https://www.ivpress.com/history-of-evangelicalism-series. El material es tanto que llenaría paginas de bibliografía sobre el tema. Quizá el mas complete libro en un volumen escrito sobre el tema sea: “The Advent of Evangelicalism” ed. Michael Haykin, que reúne a un grupo de eminentes eruditos discutiendo el tema. Este libro, junto con el de Beddington, son lecturas obligatorias sobre el tema.

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