¿A que nos referimos cuando hablamos del amor de Dios?

No niego el atributo de la Ira de Dios. Tal cosa seria negar la Santidad de Dios mismo. El articulo busca clarificar el uso y abuso de la Ira y el amor de Dios. Este artículo es el ultimo de una serie sobre el Amor de Dios. Puedes ver los demás artículos aquí.

  1. El primero fue un Prolegómeno al tema, delineando el marco de la discusión a través a extremos a evitar: Dios ama a todos por igual, Dios ama solo a los Escogidos, Dios ama de manera Incondicional, Dios ama de manera Condicional. Ver aquí. 
  2. El segundo coloca las bases hermenéuticas sobre la interpretación de textos usados en el debate. No hice exegesis de ningún pasaje, sino más bien un marco general hermenéutico. Ver aquí. 
  3. El tercero, menciona una de las posibles distorsiones en las que se podría incurrir en caso de tener un concepto errado del amor de Dios, esto es Hiper-Calvinismo. (Ver aquí) Seguido de una excursus, que no era parte original de la serie, debido a un evento catastrófico que sufrimos en Perú. Ver aquí.
  4. En este cuarto artículo, presentara la conclusión del tema, así como una clasificación de los atributos de Dios. Ver aquí. 

Nota: Sé que hay muchísimo más que se podría decir. El reto de escribir sobre tamaña doctrina es hacerlo en solo 1000 palabras, y en un lenguaje no académico.

¿Teología de Bolsillo?

Hace poco me encontré con un artículo de una conocida página en Facebook, en la cual un jovencito criticaba a otros por no ‘conocer la Doctrina Reformada’ y no ‘haberla estudiado a profundidad’. Luego procedía a escribir sobre los temas más complejos, con absoluta seguridad y aplomo. Al final del articulo su nombre iba seguido del titulo ‘Teólogo’, para luego mencionar que se encontraba cursando estudios teológicos en un seminario de su localidad. Esto es lamentable. No solo por lo errado del artículo- que clamaba ser la última palabra en este asunto– sino por la arrogancia del joven. Ni siquiera los teólogos más conocidos añadían el adjetivo “Teólogo” a su nombre, sino mas bien “Estudiante de Teología”, y he aquí, un joven en primer año de seminario clamando haber resuelto toda controversia sobre Predestinación, auto denominándose “Teólogo” y autoridad en el tema.

La desgracia en Latinoamérica, es la confusión que están ocasionando jovencitos en las redes sociales. No solo están trayendo condenación hacia sí mismos, sino hacia todo aquel que los lee. ¿Acaso no habrán leído la advertencia en Santiago 3:1?

“Hermanos míos, que no se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibiremos un juicio más severo (mayor condenación).”

Pastores y Maestros, guíen a los jóvenes en sus Iglesias sobre el uso de las redes sociales. Recomiéndeles que paginas seguir y cuales no, basados no porque apoyan su propio punto de vista teológico personal o denominacional, sino por la fiabilidad académica de lo que dicen. Aunque son una minoría, hay algunas pocas páginas confiables. Joven, compra un buen libro y deja de leer basura evangélica de las redes sociales, “Teología de Memes”. Habiendo dicho esto, y teniendo en mente la advertencia de Santiago 3:1, vamos a nuestro tema.

¿Cómo debemos estudiar la doctrina del amor de Dios en las Escrituras?

Quisiera antes mencionar como no deberíamos estudiarla. No debemos tratar de estructurar nuestro concepto del amor de Dios basados en la definición de una palabra o un grupo de palabras, ya sea en Griego, Hebreo o Latín. Sino más bien debemos ver la manera como las palabras son usadas en su contexto particular, y a partir del uso de las mismas construir nuestra reflexión teológica. Es decir que, definir el amor de Dios por sus palabras griegas, ya sea ‘Agapeo’ o ‘Fileo’ en Griego o por sus equivalentes en Hebreo ‘Ahab’ o ‘Hesed’, no solo es superficial, sino que es errado y contradictorio, pues las mismas son usadas de manera intercambiable en las Escrituras, y su uso varía de acuerdo al tiempo y contexto. (i.e. prexilico versus postexilico, etc.). Es decir, que no existe evidencia alguna para decir que cuando en las Escrituras se usa la palabra “Agapeo” se refiere al Amor de Dios, mientras que cuando se usa “Fileo” se refiere al amor de amistad o de ser humano. Es un mito. Creo que nadie en la actualidad que haya leído el Nuevo Testamento en Griego haría tal aseveración cuando es sumamente claro en el mismo que ambas palabras se usan de manera intercambiable.

Compare, por ejemplo: Juan 3.35 “El Padre ama [Agapeo] al Hijo y ha entregado todas las cosas en Su mano. – Con; Juan 5.20 “Pues el Padre ama [Fileo] al Hijo, y le muestra todo lo que El mismo hace”. Etc.

Carson menciona sobre este punto:

“Le queda bastante claro a cualquiera que trabaje en el campo de la lingüística y la semántica es que semejante interpretación del amor [de Dios] no puede ir unida a una forma unívoca del término agapao.”[1]

Más aun, los mejores léxicos casi no hacen diferencia en el uso y significado de los términos. Compare por ejemplo el uso de Agapeo en BAGD, p.1056 (1.a,b,c) [2] con el de Fileo en BAGD, p.5 (1.a.b.c) [3], con virtualmente no diferencia. También, el uso morfológico-sintáctico, de Agapeo en LN 25.43[4] y de Fileo en LN 25.33[5] con los mismos resultados.

¿Cómo categorizar el atributo del Amor de Dios entonces?

La Teología Sistemática ha usado diferentes categorías al momento de clasificar los atributos de Dios, a fin de poder distinguirlos en unidad y diversidad al mismo tiempo. Los mismos se han clasificado como Inmanentes y Trascendentes, Comunicables e Incomunicables, Ontológicos y Económicos, Propios y Metafóricos, etc., y cada categoría nos aporta un aspecto diferente de dicho atributo. El mejor estudio sobre el desarrollo de la clasificación de los atributos de Dios a lo largo de la Historia que he podido leer ha sido realizado por Herman Bavinck.[6] Debemos ser extremadamente cuidadosos al momento de clasificar los atributos de Dios. Dios es infinito, y ninguna categoría es suficiente para contenerlo, y aunque estudiemos un determinado atributo bajo todas las categorías posibles por toda la eternidad no estaremos siquiera estar cerca a comprender la totalidad del mismo. El peligro reside en circunscribir nuestro estudio de los atributos de Dios a una sola categoría solamente, (i.e. Comunicables e Incomunicables), descuidando las demás categorías. Grudem señala sobre este punto “hay la posibilidad de que adoptemos un orden equivocado de atributos o que hagamos tanto énfasis en algunos que no presentemos los demás apropiadamente.”[7] La mayoría de Teologías Sistemáticas solo se enfocan en una categoría por razones de espacio y por ser su propósito introductorio y no exhaustivo.

¿Qué son los Atributos de Dios Ontológicos y Económicos?

Es de suprema importancia observar el atributo del Amor de Dios bajo los lentes de diferentes categorías, a fin de tener una mejor comprensión del mismo debido a que este esta al centro del carácter mismo de Dios. Como Erickson menciona:

 “La cualidad o atributo primordial de Dios es el amor; es la expresión más completa de su relación con el mundo.[8]

Cuando hablamos de los Atributos Ontológicos de Dios, nos referimos a lo que Dios es en sí mismo, en su ser, esencia y carácter, mientras que al referirnos a los Atributos Económicos de Dios no referimos a lo que El hace en relación a Su creación. Al mismo tiempo, conocemos quien Dios es por lo que El hace, de otra manera permanecería oculto de nosotros. Calvino menciona sobre este punto;

“Dios en su esencia misma está escondido y es incomprensible, Su nombre expresa su carácter, solo en la proporción que a Él le ha complacido darse a conocer.”[9]

Aunque, si bien es cierto que lo que Dios hace es una consecuencia de lo que Dios es, no son en sí mismos sinónimos. Déjeme ponerle un ejemplo, yo soy peruano y varón. No puedo cambiar eso. No puedo cambiar el lugar donde nací, ni tampoco mi ADN masculino, es parte de mi Ontología. Sin embargo, tengo cabello corto y soy soltero. El tener el cabello corto y ser soltero son aspectos de mí que pueden variar de acuerdo a mis circunstancias, pero que no me definen como persona. Pero, por ejemplo, el color de mi cabello es una consecuencia de mi ADN. Al mismo tiempo, los atributos ontológicos no están afectados por tiempo y espacio, son atemporales e independientes de la Creación. Mientras que los atributos económicos de Dios, guardan relación directa con Su Creación, por lo mismo que están afectados por tiempo y espacio. El amor de Dios es eterno (ni comienzo ni fin), pero su Ira varia de acuerdo a las circunstancias y tiene un comienzo.

Isaías 57.16 “Porque no estaré en pleito para siempre, Ni estaré siempre enojado”; Salmo 103.9 “No luchará con nosotros para siempre, Ni para siempre guardará Su enojo.” etc.

Su enojo varía de acuerdo a las circunstancias, pero su amor es eterno. Su ira es una consecuencia de su amor, pero no podemos decir que ‘su amor es una consecuencia de su ira’. Eso es blasfemia. Cuando hablamos del amor y de la ira de Dios, el amor de Dios es un atributo ontológico, mientras que Su ira es Económico.

¿Es la ira de Dios el equivalente de Su amor?

Es aquí donde viene el error al hablar sobre el Amor de Dios. Dios es amor, pero Dios No es odio al mismo tiempo. O dicho de otra manera decir: “Dios ama y Dios odia”, es solamente verdadero en relación a la Economía de Dios (manera como se relaciona con Su creación) y no a su Ontología (Lo que Dios es en su Ser). El confundir un atributo económico de Dios con uno ontológico es desastroso pues está en riesgo una comprensión errada de la esencia de Dios mismo. Esto afecta una serie de Doctrinas que se derivan de la misma.

Dios es, ha sido y será amor por toda la eternidad. Aun si Dios no hubiera elegido crear, él hubiera estado en una relación de amor por toda la eternidad: Las tres personas de Trinidad unidas en perfecto amor entre sí mismas. Sin embargo, ¿Hacia quien estaba airado Dios en la eternidad pasada antes de la Creación del mundo? Más aún, si Dios no hubiera elegido crear nada, ¿Habría Dios estado airado en algún momento? Absolutamente no! Hubiera permanecido completamente feliz y satisfecho consigo mismo por siempre. Dios no nos necesitaba y no necesitaba crearnos. La ira de Dios es una consecuencia de Su Justicia, la misma que es una consecuencia de Su amor. Sin creación no hay pecado. La condición necesaria para la ira de Dios es pecado, sin pecado, no hay condición y no hay ira.

El equiparar la Ira de Dios con Su amor es absurdo, no solamente va en contra del carácter de Dios, sino también las Confesiones principales de Fe y lo enseñado por la mayoría de Teólogos Reformados a lo largo de los siglos (Calvino, Turretin, Owen, Bavinck, etc.), Es difícil nombrar el número de doctrinas que se ven afectadas por esta distorsión en el carácter de Dios, algunas de ellas son: Gracia Común, Predestinación, Elección, Expiación, Pecado, Hombre (Imagen de Dios), hasta Escatología! Cuánto daño hace esta confusión sobre Dios mismo!

¿Cómo debemos entender las diferentes expresiones del Amor de Dios?

Y El le contestó: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. “Este es el grande y primer mandamiento. “Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo. Mateo 22.37–39

La ley es un reflejo del carácter de Dios. Cuando Dios nos manda a amarle a Él por sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo (vecino, próximo, etc.) igual que nos amamos a nosotros es un reflejo de lo que Dios mismo hace: Dios se ama a si mismo supremamente, y ama a Su prójimo (Trinitariamente), como a sí mismo. En su tratado en contra de los Maniqueos y Donatistas, Agustín lo menciona de manera sublime

“Te amas adecuadamente a ti mismo cuando amas a Dios más que a ti mismo. Luego, lo que aspiras como meta para ti mismo, debe ser también para con tu prójimo, para que puedas amar a Dios con un amor perfecto. No lo amas como a ti mismo, a menos que trates de llevarlo a ese bien que tú mismo quieres perseguir.”[10]

Existen grados de intensidad en el amor de Dios, de acuerdo al objeto del mismo. Uso la palabra amor para referirme al concepto: Afecto, Ternura, Compasión, Misericordia, etc., son consecuencias y fluyen del amor de Dios.

A. Dios se ama supremamente a sí mismo.

La Biblia es clara al afirmar que Dios busca Su gloria por encima de todas las cosas. Dios se ama a si mismo por sobre todas las cosas. Sin embargo, Dios es un Dios trino, y por lo cual Dios ama a Su prójimo como a sí mismo. Es decir, el Padre ama al Hijo supremamente y por sobre todas las cosas y el Hijo ama al Padre y busca Su gloria por sobre todas las cosas (Juan 3.35, 5.20, etc.), y el Espíritu Santo es el vínculo de amor Trinitario. Decir que el Padre ama a Sus escogidos más de lo que El ama al Hijo es idolatría, el creador amando más a Su creación que a sí mismo.

B. Dios ama a aquellos que están en el Hijo.

Debido a que el Padre ama al Hijo, el Padre ama a aquellos que aman y honrar a Su Hijo. El Padre ama de una manera especial y tierna a aquellos que están en Cristo, no debido a lo que son, sino debido a que están en el Hijo, de tal manera que cuando el Padre los ve, no los ve como como pecadores, sino que los ve como si viera a Cristo mismo. La Doctrina de nuestra Unión con Cristo es la base para Justificación, Santificación, etc. Y la misma brota en amor de corazón de Dios mismo. Dios ama a Su pueblo de manera especial y única.

C. Dios ama a aquellos que llevan su imagen.

En tercer lugar, el amor de Dios es por toda la humanidad, pero no de la misma manera e intensidad con la que se ama a sí mismo o ama aquellos que están en el Hijo. Dios ama a toda la humanidad porque es Su esencia amar. No puede no hacerlo. Incluso su Justicia por el pecado es una consecuencia de Su amor y santidad. Dios ama a la humanidad porque, aunque manchado por el pecado, aun ve el reflejo de sí mismo, Su imagen, en ella.

D. Dios ama a Su creación.

En cuarto lugar, Dios ama a Su creación, pero no de la misma manera con la que ama a la humanidad portadora de Su imagen. Decir que Dios ama a una vaca de la misma manera que ama a un niño es errado. Su compasión es una consecuencia de Su amor. En última instancia, la Creación misma será redimida, restaurada en ‘cielos y tierra nueva’ (Rom. 8.19-23).

Jonás 4.10–11 Entonces el Señor le dijo: “Tú te apiadaste de la planta por la que no trabajaste ni hiciste crecer, que nació en una noche y en una noche pereció, ¿y no he de apiadarme Yo de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de 120,000 personas que no saben distinguir entre su derecha y su izquierda, y también muchos animales?”

Conclusión.

Este estudio es muy breve y básico con respecto a la Doctrina del Amor de Dios. No he dicho nada nuevo, sino aquello que ha sido afirmado por la mayoría de Teólogos de la Iglesia a lo largo de los siglos[11], y ya sea por el descuido nuestro, o de algún fogoso predicador, hemos pervertido. Dios nos ama porque El es amor. El puritano Thomas Brooks estaba en lo correcto cuando dijo: “No hay amor ni gracia en nosotros que podría causar que un rayo de su amor brillara sobre nosotros.” [12]

Que Dios nos ayude a serle fieles,

Daniel Caballero.

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Acerca del autor:
Daniel CaballeroDaniel Caballero nació en Lima, Perú. BSc. Universidad Nacional Agraria La Molina. BA, Seminario Teológico Bautista (Lima); Postgrado en Teología, The London Theological Seminary (Londres), ThM-Teologia Histórica., Westminster Theological Seminary (PA-USA). Esta por iniciar estudios doctorales en Inglaterra sobre Historia de la Reforma (siglo XVI) y Post-Reforma (siglo XVII). Especialización en John Owen y Puritanismo ingles. Daniel ha escrito numerosos artículos sobre puritanismo, teología bíblica y cultura. Su campo de especialización es en estudios de la Reforma y Post-Reforma (Puritanismo). Ha vivido por casi siete años en Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de profundizar estudios Teológicos. Es misionero enviado de Inglaterra para el servicio en desarrollo de educación teológica en Perú. Actualmente vive en Lima, Peru. Tiene experiencia desde muy joven en educación teológica.

Notas:

[1] D. A. Carson, La difícil doctrina del amor de Dios, trans. Elena Flores Sanz, 1a Edición. (Barcelona: Publicaciones Andamio, 2001), 30.

[2] William Arndt, Frederick W. Danker, y Walter Bauer, A Greek-English lexicon of the New Testament and other early Christian literature (Chicago: University of Chicago Press, 2000), 5.

[3] Ibid., 1056.

[4] Johannes P. Louw y Eugene Albert Nida, Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (New York: United Bible Societies, 1996), 293.

[5] Ibid., 292.

[6] Herman Bavinck, John Bolt, y John Vriend, Reformed Dogmatics: God and Creation, vol. 2 (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2004), 95-148.

[7] Wayne Grudem, Teología Sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica (Miami, FL: Editorial Vida, 2007), 159.

[8] Millard J. Erickson, Teología sistemática, ed. Jonatán Haley, trans. Beatriz Fernández, Segunda Edición., Colección Teológica Contemporánea (Viladecavalls, Barcelona: Editorial Clie, 2008), 303.

[9] John Calvin y James Anderson, Commentary on the Book of Psalms, vol. 1 (Bellingham, WA: Logos Bible Software, 2010), 120.

[10] Augustine of Hippo, «On the Morals of the Catholic Church», en St. Augustin: The Writings against the Manichaeans and against the Donatists, ed. Philip Schaff, trans. Richard Stothert, vol. 4, A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, First Series (Buffalo, NY: Christian Literature Company, 1887), 55.

[11] Vea por ejemplo el tratado ‘Sobre el Amor de Dios’ de Bernardo de Clairvaux, para una excelente discusión pre-reforma sobre los grados del amor de Dios y nuestros.

[12] Thomas Brooks, The Complete Works of Thomas Brooks, ed. Alexander Balloch Grosart, vol. 2 (Edinburgh; London; Dublin: James Nichol; James Nisbet and Co.; G. Herbert, 1866), 376-377.